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Analisis | Desapareció una noche

ANÁLISIS: Perdida (2018)

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Por: Jessica Blady

Suspenso made in Argentina.

Un día, Florencia Etcheves decidió alejarse de los noticieros y dedicarse de tiempo completo a su ferviente activismo por los derechos de las mujeres (hablamos de la principal impulsora de la campaña #NiUnaMenos), y su nuevo rol como escritora. Así surgió la saga policial protagonizada por la pareja de detectives Francisco Juárez y Manuela Pelari, conformada por “La Virgen en tus Ojos” (2012), “La Hija del Campeón” (2014) y “Cornelia” (2016). Nunca un relato de ficción y sus temas se sintieron tan actuales como en esta última, que entre el misterio y lo criminal deja vislumbrar una trama sobre la violencia contra la mujer y la trata de blancas.

Arrancamos en el año 2003 donde cinco adolescentes viajan con su profesora a la Patagonia, un poco como travesía de estudios, y otro tanto como de egresadas. Las chicas se alojan en una hostería cerca del volcán Tunik, pero después de una noche de boliche, Cornelia Villalba desaparece sin dejar rastro. La erupción del volcán obliga a cancelar la búsqueda después de un tiempo, dando por muerta a la jovencita que, seguramente, se perdió o fue atacada por algún animal salvaje.

Catorce años después, Manuela Pelari (Luisana Lopilato) no tiene ningún inconveniente en romper las reglas cuando se trata de las víctimas de abuso. Como oficial de la división de tratas, “Pipa” se compromete demasiado con sus casos, no se lleva nada bien con sus compañeros a causa de sus métodos poco ortodoxos, pero siempre cae bien parada ya que cuenta con el apoyo (y padrinazgo) de Ramón (Rafael Spregelburd), su superior, casi como un padre que la guió por el camino de la ley.

Se cumple un nuevo aniversario de la “muerte” de Cornelia, un hecho que remueve el pasado de Manuela, ya que se trataba de su mejor amiga. Sí, Pipa era una de esas cinco adolescentes que viajaron a la Patagonia, y decidió convertirse en agente de policía, en parte, para exorcizar sus propios demonios y evitar que se repita lo de la chica.  

Tras asistir a una misa de homenaje, y después de la insistencia de la madre de Villalba para cerrar definitivamente el caso, Pelari no puede evitar volver s ser arrastrada a aquella historia e intenta descubrir la verdad a partir de algunas pistas extrañas (una foto y un aviso funerario en el diario). Sin el visto bueno de su jefe, y con la ayuda de Aina (Oriana Sabatini), una amiga con muchas habilidades detectivescas, la oficial va a terminar metida en una trama bastante oscura que va desde el Sur de nuestro país hasta las Islas Canarias, un mafioso conocido como “El Egipcio” y una misteriosa mujer española apodada la Sirena (Amaia Salamanca).

“Perdida” (2018), dirigida por Alejandro Montiel -responsable de “Abzurdah” (2015)-, se despega un poco del relato original de Etcheves y se rige por los mismos convencionalismos del género de suspenso que podemos apreciar en cualquier película extranjera, sobre todo del cine norteamericano, aunque juega con cierta atmósfera de los policiales escandinavos.

Las primeras escenas, filmadas en la Patagonia, son impactantes y prometen un clima muy particular, pero pronto el estilo visual se concentra en la acción y la trama empieza a caer en los lugares más comunes, dejándonos una narración que ya vimos una y mil veces, y que sólo se destaca por estar “filmada en la Argentina”.  Lo bueno, son los temas coyunturales de los que se hace eco, el submundo de la trata de blancas a escala internacional, la violencia de género y un fuerte personaje principal femenino que se para del lado de las víctimas y jamás demuestra su condición de “sexo débil”.

Lamentablemente, ninguna actuación se destaca (mucho menos aquellas que deberían conmovernos) y cuesta bastante identificare con esta Luisana Lopilato en pose de chica ruda patea traseros y despreocupada por su apariencia,  que lidia con el caso y sus propios fantasmas.

La película de Montiel va y viene en el tiempo, desde el presente al pasado donde ocurrieron los hechos, y otros cortes temporales que les dan contexto a estos personajes demasiado arquetípicos. Queda claro que el realizador y los productores –estamos hablando de una coproducción con España- quieren captar a un público más grande que sobrepase nuestras fronteras, y de alguna manera borraron la idiosincrasia local para que la historia resulte más accesible. En pocas palabras, estamos ante un relato “neutro” que podría ocurrir en cualquier ciudad del mundo.

Tal vez es culpa de otras producciones que caen demasiado en estereotipos, pero nos acostumbramos a un “cine local” ampliamente reconocible desde su lenguaje y personalidad, de los cuales “Perdida” carece un poco. Igual, estos son detalles de estilo y percepción que poco tienen que ver con la trama. Por ese lado, el director y los guionistas (Jorge Maestro, Mili Roque Pitt y el mismo Montiel) logran construir el suspenso y una historia que se va desarrollando poco a poco, develando diferentes giros, algunos más acertados que otros.

En resumen, “Perdida” es una buena película policial pergeñada para un mercado comercial y un público masivo acostumbrado a la violencia y las tramas truculentas que acompañan al género, aunque no se la juega al 100% con los temas más profundos que enarbola. La elección de los actores no es mala, sólo que se quedan cortos a la hora de crear esa empatía necesaria, justamente, porque se los percibe un tanto “artificiales”, algo que puede resultar muy bien en el papel, pero no en la pantalla grande.

 

LO MEJOR:

- Una historia accesible pensada para el público masivo.

- Algunos climas que genera.

- La crudeza de la trata.

 

LO PEOR:

- Las actuaciones no terminan de convencer.

- La falta de personalidad del relato.