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Analisis | A la caza del asesino

ANÁLISIS: Killing Eve S01E01/E02: Nice Face /I'll Deal With Him Later

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Por: Jessica Blady

Agentes secretos, asesinos despiadados, minitas obsesionadas, todo esto nos ofrece esta gran serie

Phoebe Waller-Bridge -“Crashing”, “Fleabag”- sigue sumando grandes proyectos a su currículum, esta vez, en calidad de creadora (productora y guionista). La actriz inglesa nos trae un thriller de suspenso con muy altas dosis de humor negro, adaptado de la saga de novelas “Villanelle” de Luke Jennings. Esta primera temporada producida por BBC America consta de ocho episodios, pero no se desanimen que al ratito de su estreno confirmaron una segunda entrega. ¿Las razones? En estos dos primeros capítulos queda clarísimo que es una de las mejores cosas que nos va a dar la TV de 2018.

Sandra Oh (alejadísima de “Grey's Anatomy”) es Eve Polastri, oficial de seguridad del MI5, un tanto cansada de estar sentada en un escritorio sin mucha acción a la vista. En sus ratos libres, la norteamericana con base en Londres, fue rejuntando información sobre varios crímenes sin resolver, bastante confiada de que los ataques los perpetró el mismo asesino: una mujer sin identificar. Tras el asesinato de un político (corrupto) ruso en la ciudad de Viena, Eve debe proteger a la única testigo, un suceso que va a cambiar su vida y su trabajo, sin mencionar que podría ponerla en la mira de la homicida en cuestión.  

Polastri rompe un poquito (bastante) las reglas y termina de patitas en la calle junto a su compañero

Bill Pargrave (David Haig), pero su malsana obsesión con este caso, y los casos anteriores, llaman la atención de Carolyn Martens (Fiona Shaw), jefa de la sección rusa del MI6, que la recluta, justamente, para encontrar a esta escurridiza asesina.

Ahora, Eve puede tener su pequeño grupo de trabajo -Bill, su ex secretaria Elena (Kirby Howell-Baptiste) y un experto en computadora llamado Kenny (Sean Delaney)- para operar de forma “clandestina” desde una oficinita de Londres y utilizar esa inteligencia desperdiciada para atrapar a Villanelle (Jodie Comer), homicida a sueldo que no parece seguir ningún modus operandi, ni dejar pista alguna de su procedencia, más allá de un reguero de cadáveres que no parecen tener mucho en común.

Del otro lado tenemos a Villanelle, joven, atlética, totalmente metódica y sociópata, que disfruta matando por dinero, sin cuestionar absolutamente nada. La chica recibe los encargos de su “jefe”  Konstantin (Kim Bodnia), jamás se pregunta sobre sus víctimas, y no parece tener muchas preocupaciones… ni consciencia, ni remordimientos. Desde que nos la presentan (sí, la escena con la nena y el helado), entendemos que es incapaz de conectarse socialmente, o lo finge cuando es absolutamente necesario.

Villanelle vive en París, pero viaja constantemente a allí donde se encuentre su próxima víctima, dotando a “Killing Eve” de ese escenario cosmopolita que requiere cualquier historia de espionaje.  Harry Bradbeer, asiduo de “Fleabag”, es el director encargado de pasearnos por París, Londres, Viena y la Toscana, entre otros lugares; además, de la aburrida vida matrimonial de Eve junto a su esposo Niko (Owen McDonnell), y el aún más estrambótico día a día de la asesina, que va a encontrar una nueva inspiración cuando le toque perseguir a su perseguidora.

Sí, de esto la va la serie: la obsesión de estas dos mujeres, una por la otra, en medio de una violencia no apta para estómagos delicados bueh, tampoco es para tanto), que se equilibra con un humor bastante oscuro. Nos reímos porque no nos queda otra, y porque ni siquiera James Bond es tan divertido.

Ojo, no es una comedia (¿?), pero también se aleja de los convencionalismos (y la solemnidad) de las clásicas historias de espionaje, poniendo el acento en sus dos geniales protagonistas, que se fascinan y se horrorizan por la otra, en partes iguales. Podemos decir que “Killing Eve” remite un poquito a lo mejor de esas primeras temporadas de “Dexter”, donde el thriller y el asesinato chocaban con lo cotidiano creando conflictos y, al mismo tiempo, la complicidad del espectador con algunos personajes e incidentes moralmente reprochables.

Todavía está por verse de qué lado de la vereda nos paramos ya que no tenemos todos los hechos a la mano, pero mientras lo averiguamos, seguimos en carrera para descubrir que otros trucos se guarda “Killing Eve” bajo la manga.