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Brothers in arms

ANÁLISIS: El Reencuentro (Last Flag Flying, 2017)

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Por: Jessica Blady

Richard Linklater vuelve a nuestras salas con una peculiar visión de la amistad masculina.

 

La anterior película de Richard Linklater, “Everybody Wants Some!!” (2016), ni pasó por nuestras salas. Por suerte, aunque un tanto atrasada, si tenemos “El Reencuentro” (Last Flag Flying, 2017), adaptación de la novela homónima de Darryl Ponicsan, también coescritor de esta dramedia.

Estamos en el año 2003, Larry 'Doc' Shepherd (Steve Carell) llega hasta el bar de Sal Nealon (Bryan Cranston) con la esperanza de reencontrarse con su viejo camarada de Vietnam. Este cruce parece un tanto azaroso, pero Doc tiene intensiones bastante claras. Tras una noche de copas y anécdotas de los viejos tiempos, Larry lleva a Sal hasta la iglesia del ahora reverendo Richard Mueller (Laurence Fishburne), otro de los marines que formó parte de aquel pelotón.

Además del servicio, los tres compañeros tienen una historia más personal en común que terminó con la baja deshonrosa de Shepherd y dos años en prisión. Pero no es venganza lo busca, sino un poco de ayuda: recientemente viudo, Larry acaba de perder a su hijo en combate en Irak, y admite que los rastreó para que lo acompañen a retirar el cuerpo de junior y consecuente funeral que será llevado a cabo en el cementerio de Arlington, Virginia.

Sal, un poco cargando la culpa del pasado y despreocupado de la vida, no duda en acceder a su pedido, a diferencia de Mueller que asegura haber dejado todos sus vicios y malos hábitos atrás, después de haber encontrado a Dios y el cariño de su esposa. Finalmente consiente y emprenden el viaje, uno más complicado de lo que parece a simple vista.

Tras enterarse de lo ocurrido realmente en Irak, y tras haber visto el cadáver de su hijo, Larry decide llevarse el féretro de vuelta a casa en New Hampshire y enterrarlo junto a su esposa como cualquier civil y no con los honores militares, para lo cual va a necesitar el auxilio de sus viejos amigos de las fuerzas armadas.

“El Reencuentro”, como muchas de las películas de Linklater, se siente familiar y naturalista desde sus temas y la forma de encararlos, aunque algunos personajes estén un poquito exagerados (hola Nealon). El realizador se centra en el drama particular de Shepherd, pero lo extiende hacia sus compañeros, que aprovechan el viaje para expiar sus propias culpas y arrepentimientos.    

La historia se sumerge de lleno en la camaradería del ejército, pero nunca deja de criticar las razones de los conflictos armados, separándola del accionar del gobierno. Se habla del honor y el patriotismo exacerbado, del heroísmo propagandístico, y de ese sentimiento más genuino que impulsa a los jovencitos a alistarse y morir por causas, muchas veces (casi siempre), erróneas.   

Al fin y al cabo,  “El Reencuentro” es acerca de la pérdida: de un hijo, del tiempo, de las oportunidades, de la inocencia… Shepherd está en el centro del relato, y a pesar de que el personaje de Carell es el más introvertido y calladito del conjunto, parece beneficiarse de las charlas, confrontaciones y confesiones esporádicas de sus compañeros. Todo matizado con anécdotas, alcohol y chistes subiditos de tono que refuerzan esta unión bien masculina que no siempre deja lugar a la expresión de los verdaderos sentimientos.

Nealon es el típico mujeriego que nunca sentó cabeza. No tiene ningún tipo de lazo afectivo, ni compromiso, pero es el primero que se planta para ayudar a Larry, más que nada, por cargar con esa culpa del pasado. A Cranston lo queremos, pero acá se le escapa un poco el registro y, por momentos, se convierte en el personaje más insoportable, más cercano a un arquetipo que a los queribles protagonistas de Linklater.  

Mueller, por su parte, justifica todo con la fe y la religión, creyendo que de esa manera puede borrar para siempre sus pecados. Se lo ve avejentado, cansado y dolorido, pero no sólo por esas viejas heridas de guerra que sigue arrastrando por más de treinta años. Todos sostienen su verdad, y aunque no concuerden con el otro, mantienen la camaradería (no así el respeto) que heredaron de su paso por la selva vietnamita.

“El Reencuentro” exuda testosterona, pero no la que estamos acostumbrados a ver cuándo se trata de este tipo de historias “militares”. Linklater no convierte a sus personajes en sentimentaloides ajenos a su época, sino todo lo contrario; logra humanizarlos, justamente, y a pesar de su machismo y sus bromas sobre penes (muy graciosas, ya que estamos).

Muestra un mundo diferente donde los lazos que se estrechan en la batalla trascienden el tiempo y las diferencias, pero siempre de forma creíble y natural, donde lo importante no son las anécdotas de heroísmo y esas cuestiones, sino la vida que afrontaron una vez que dejaron todo eso atrás.

Linklater sabe cómo hacernos reír y emocionarnos cuando la historia lo necesita. Tal vez, se extiende demasiado en escenas superfluas o un tanto repetitivas, pero igual entrega una gran película que explora las emociones de estos hombres ya maduros que, obviamente, no saben muy bien como exteriorizarlas. Juega con algunos estereotipos, los cambios sociales, paralelismos políticos que también pueden relacionarse con los tiempos que corren; pero sigue hablando de las personas, seres humanos de carne y hueso, con sus virtudes y defectos que, seguramente, existen a montones a lo largo y ancho de los Estados Unidos y el resto mundo porque sus padecimientos son reales y se sienten así gracias a la pericia del realizador.  

LO MEJOR:

- El “naturalismo” de Linklater.

- ¿Por qué sus personajes son tan queribles, siempre?

- El examen y la crítica que hace con humor y emoción.

 

LO PEOR:

- Cranston desborda u toquecito.

- Podría haber sido un poco más corta.