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Analisis | Menos vísceras, más corazón

ANÁLISIS | Santa Clarita Diet (Segunda temporada)

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Por: Florencia Orsetti

Una temporada mucho más redonda que la primera

Santa Clarita Diet regresó hace un par de semanas a las pantallas de Netflix para servirnos un plato mucho más consistente que la primera vez: Drew Barrymore y Timothy Olyphant tienen todavía más química, el drama familiar por fin nos toca un poco más de cerca y el humor negro funciona mejor que nunca. Esta segunda temporada ajusta varias tuercas y nos presenta la mejor versión de la comedia zombi hasta la fecha.

En la primera temporada, habíamos visto cómo la vida de una familia de vendedores de inmuebles pega un giro brusco cuando la madre termina infectada y convertida en zombi por razones desconocidas. Sheila (Barrymore) no es el clásico no-muerto descerebrado, sino una humana con los sentidos más despiertos y unas ansias enormes de comer carne humana. Con el correr de los capítulos, ella y quienes la rodean intentaban adaptarse a la nueva vida.

La nueva temporada arranca justo dónde quedó, con Joel (Olyphant) en el loquero, Sheila encadenada en el sótano y el dúo dinámico de jóvenes, Abby (Liv Hewson) y Eric (Skyler Gisondo), buscando una cura para la enfermedad zombi. El cambio más notorio que vemos en esta temporada es que ahora la familia entera abraza definitivamente la condición de la madre y todos permiten que la zombificación invada su vida cotidiana. De esta forma, muchos de los dilemas y problemas planteados se sienten más cercanos a nuestra realidad. No se echan de menos los chistes repentinos que hacen uso y abuso del gore, pero no son tantos como en la primera temporada, en la que muchas veces los sentíamos descolgados.

Debo confesar que, si bien disfruté mucho el debut de la serie el año pasado, tardé varios episodios en tomarle el gusto. Admito que me reí a carcajadas, especialmente con las ocurrencias del personaje de Olyphant, pero también sentí que a la serie le había quedado pendiente esforzarse un poquito más para terminar de definir su identidad. La premisa es buena desde el vamos, pero no me cerraba del todo el encadenamiento de chistes gore sin mucha sustancia al que recurrían muchos episodios. La segunda temporada tiene menos vísceras, pero refuerza el drama y los propósitos de los personajes.

Los gags y los diálogos afilados ahora están mejor ubicados dentro de la trama. Es mucho más llevadero, también, ver como todos los personajes persiguen el mismo objetivo, se siente que hay un trasfondo mucho más rico en todo este drama zombi. Timothy Olyphant se sigue comiendo la serie y todavía no terminamos de caer lo bien que se le da la comedia a esta actor que siempre hizo de villano. Barrymore sigue impecable también, solo que esta vez los guionistas la ayudan a brillar, con un personaje más picante y audaz.

Hay un mayor interés en aportarle una mitología a la serie. Esta segunda parte ahonda en los orígenes de la infección y se dan situaciones muy divertidas cuando Eric y Abby conocen a otra zombi. La cuestión ya dejó de girar en torno a darle de comer a la madre, por suerte, y surgen nuevos conflictos que se resuelven con carisma y humor. A cada personaje, a su vez, se le da su propia subtrama lo que hace que sea mucho más fácil conectar con ellos.

Santa Clarita Diet no es la primera sitcom que lleva el tema zombi a la vida diaria de personas como cualquiera de nosotros. Hay series que creo que lo hacen mejor incluso (iZombie, ¡mírenla ya!), pero ahora, con esta segunda temporada, creo que Netflix consiguió darnos una de las comedias negras más cálidas que existen. Sigue siendo cruda y sangrienta, pero también tiene más corazón y eso hace que nos llegue más.


La comedia negra de Victor Fresco apuesta por situaciones más relevantes para la trama sin perder esa avidez por los sesos y las vísceras que la hacen tan perfecta para los amantes del gore. Joel y Sheila ahora están hechos el uno para el otro, en parte porque Drew y Timothy la rompen incluso más que en la primera temporada, pero también porque sus personajes están mejor escritos. Junto con el resto del elenco, todos conforman una familia muy querible, como las de las mejores sitcom… aunque con más salpicaduras de sangre, claro.