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El juego del miedo

ANÁLISIS: Verdad o Reto (Truth or Dare, 2018)

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Por: Jessica Blady

Por cada cinco películas de terror conseguimos una buena, claro que esta no entran en la excepción.

Jason Blum y su Blumhouse Productions siguen sumando terror de bajo presupuesto al candelero, aunque está vez esté alejadísimo de la calidad de otras películas como su más reciente hit “¡Huye! (Get Out, 2017). “Verdad o Reto” (Truth or Dare, 2018) se encuentra en la otra punta del espectro y va en contra de todo lo que nos regaló la gran obra de Jordan Peele: acá hay demasiados lugares comunes, argumentos trillados, abuso de estereotipos y una trama que ya conocemos hasta el hartazgo.

La historia sobrenatural dirigida por Jeff Wadlow, responsable de “Kick-Ass 2” (2013), repite clichés un tanto pasados de moda para contar las peripecias de un grupo de amigos que deciden celebrar un último ‘spring break’ antes de seguir sus caminos universitarios. Olivia (Lucy Hale), la más seria del conjunto tiene planes más altruistas, pero su mejor amiga, Markie (Violett Beane), la convence para unirse a la aventura.

Los chicos –sumemos a Lucas (Tyler Posey), novio de Markie; y la parejita conformada por Penelope (Sophia Ali) y Tyson (Nolan Gerard Funk)- cruzan la frontera hacia México para gozar de las playas, la joda y muchas Margaritas. Durante su última noche se tropiezan con Ronnie (Sam Lerner), el famoso estudiante cargoso de la escuela, y con un simpático muchacho llamado Carter (Landon Liboiron) que los invita a seguir la fiesta en un lugar apartado.

El sitio en cuestión resulta ser una iglesia abandonada, pero a pesar de lo tétrico del asunto se ponen a jugar a Verdad o Reto (verdad o consecuencia, por nuestros pagos) sin saber lo que están desencadenando. Carter desaparece, pero antes se disculpa y les advierte que van a tener que seguir jugando, decir la verdad y aceptar los retos si no quieren pagar las consecuencias macabras que trae aparejado. Claro que para los amigos esto parece un chiste de mal gusto y vuelven a casa bastante despreocupados.

Ya se podrán imaginar que el juego sigue su curso, obligándolos a decir verdades horrendas que desatan el conflicto entre amigos, o peor aún, acceder a realizar las cosas más extrañas (y a veces peligrosas) que los ponen en evidencia. Pronto descubren que, aunque quieran, no pueden escapar de esta jugada, y harán lo que sea para encontrar a Carter y descubrir que presencia sobrenatural se esconde detrás de este juego macabro.

No hay nada original en “Verdad o Reto”, y ni siquiera logra asustar al más desprevenido. La historia tiene ese olorcito a “Destino Final” (Final Destination) imposible de dejar pasar, donde las muertes se suceden en las circunstancias más extrañas, aunque no tan estrafalarias como la franquicia de New Line Cinema. La policía nunca hace nada y los adolescentes involucrados siguen investigando (y sufriendo) por su cuenta.

La diferencia con esos bodrios de principios de siglo, si quieren, pasa por el uso y abuso de las herramientas digitales más modernas: mucha red social, Internet, chivos computadorísticos, fotitos y videos, pero igual los protagonistas siguen siendo  unos papanatas. Un grupete de chicos lindos (todos muy lindos, y flacos, obvio) estereotipados donde hay un gay de rasgos orientales que vendría a englobar casi toda la diversidad de la película. Los mexicanos y sus costumbres salen perdiendo (¿por qué siempre tiene que haber una monja mala onda?), al igual que el espectador, que debe sufrir esta constante tomada de pelo.

El único propósito de “Verdad o Reto” es recuperar su escueta inversión y multiplicarla un par de veces. No hay ninguna intención artística por parte de los involucrados, mucho menos narrativa, ni elemento que no caigan en aburridos convencionalismos. Sus protagonistas no transmiten nada, a pesar de tener un montón de conflictos personales; sólo algunos parecen tener familia o algún tipo de desarrollo que, al final, no corta ni pincha a lo largo de la trama.

Olivia es la buena, aunque está enamorada del novio de su mejor amiga; Markie es la rubia fiestera, Penelope la borracha, Lucas un pan de dios, Tyson el futuro doctor que busca sacar provecho de cualquier situación y Ronnie el Don Juan alzado que es mucho ruido y pocas nueces. Es claro que el público al que va dirigida la película es netamente “adolescente”, en lo posible sin neuronas, que disfruten de la joda, el sexo insinuado y las muertes más soporíferas del género.  Al menos “Destino Final” entretiene con su ‘extravagancia’ mortífera.  

La historia de fondo, o sea, la gran explicación para este juego macabro poseído tampoco se salva de la mediocridad. Una justificación agarrada de los pelos que, disculpen el SPOILER, se resuelve con hechizos en español que, claro, ninguno de los protagonistas puede pronunciar de forma entendible para nuestros oídos. ¿Cómo habrán hecho los espíritus para captarlos?

“Verdad o Reto” es tan genérica que ni vale el esfuerzo de acercarse a una sala de cine para consumirla de forma irónica. Claro, no hay nada satírico alrededor de su argumento, y uno de sus grandes problemas es que se toma todo demasiado en serio y, además, pretende que nosotros sigamos por ese camino. Vamos a seguir esperando el próximo hallazgo de Jason Blum, pero ésta más vale pasarla por alto.

LO MEJOR:

- La recaudación podría ir a parar a la próxima producción de Jordan Peele.

- Te hace apreciar las grandes películas de terror.

 

LO PEOR:

- Su falta de esfuerzo.

- Tanto lugar común le hace mal al género.

- ¿A quién se le ocurrió esa sonrisita jokeresca?