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Analisis | Lo bueno, si breve...

ANÁLISIS: Minit

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Por: Maximiliano Baldo

Juegos de rol y aventura hay muchos, pero, ¿cuántos nos dan sesenta segundos de vida? Conocé Minit

Devolver Digital tiene la costumbre de apuntar a lo original, a lo inesperado, a aquellos proyectos con alma y corazón Indie que muchas otras distribuidoras quizá no considerarían como meritorios; y su última adición, Minit, es uno de estos ejemplos tan particulares.

No hay mucho que decir acerca de Minit, de sus mecánicas básicas o de su historia y gráficos minimalistas. Se trata de la aventura de un curioso personaje que, tras encontrar una espada a orillas de la playa, debe regresarla a la fábrica de espadas, donde descubrirá a un maloso que intenta conquistar al mundo. A medida que resolvemos algún que otro acertijo y un puñado de misiones, que se cuentan con los dedos de una mano, obtendremos nuevas habilidades para acceder a zonas a las que antes no podíamos. Ah, y todo el juego, de principio a fin, dura poco menos de dos horas, jugándolo a todo galope.

¿Por qué es Minit, entonces, digno de toda nuestra atención? Ah, es que olvidé mencionar un pequeño detalle: sólo tenemos un minuto de vida.

Desde el inicio de la partida hasta recoger la espada en la playa podremos recorrer el mundo a nuestras anchas, o al menos el pequeño fragmento del mundo disponible ante nosotros sin la necesidad de algún arma cortante que pueda dar cuenta de esas barreras de vegetación que impiden el paso a zonas adyacentes. Es un buen momento para apreciar la estética severamente minimalista del juego, cuya paleta de colores se reduce a blancos y negros absolutos y sprites diminutos.

Básico, quizá; pero en ese minimalismo el juego consigue una sobriedad que será muy necesaria una vez que la espada de la playa esté en nuestro poder, ya que aquella hoja está maldita y nuestra vida pasará a ser breve e intensa, lo que disminuirá nuestra necesidad de observar y apreciar los alrededores en pos de movernos con rapidez, pantalla tras pantalla. Siendo ese el caso, estos gráficos minimalistas son más una bendición.

La maldición de la espada es estricta: sesenta segundos de vida y volveremos a aparecer en nuestro hogar, con la gracia de que todo ítem que agarramos en nuestra vida previa permanecerá en nuestro inventario, así como varios eventos que impulsaremos en el mapa se mantendrán intactos. Esa es la clave para superar la maldición: movernos con rapidez, lograr algún pequeño objetivo (obtener un ítem, causar una reacción, etc) y sucumbir para volver a empezar, pero ahora habiendo avanzado un poquito más.

Por fortuna el juego cuenta con comandos simplísimos: apenas las flechas direccionales y un botón de acción que sirve principalmente para atacar. La necesidad de un sistema de control tan minimalista como el juego al que pertenece es fundamental para mantener al jugador enfocado, y Minit no necesita más de lo que ofrece para alcanzar nuestros objetivos.

Claro que, cuanto más lejos está el objeto a obtener o el evento a causar, menor será el tiempo disponible desde que salimos de nuestra casa hasta que llegamos a destino. Por eso Minit hace uso de un sistema de checkpoints en el que un par de habitaciones en distintas partes del mundo sirven como nuevo hogar, haciendo que comencemos desde estas nuevas ubicaciones al terminarse nuestro tiempo. Eventualmente descubriremos una red subterránea secreta que agilizará aún más nuestro movimiento por el mapa, haciéndonos viajar de un checkpoint a otro de manera casi inmediata.

Nuestro recorrido hasta el final del juego estará colmado de puzles a resolver. Dada la vertiginosa naturaleza de sus micro-sesiones, estos puzles serán mayormente laberintos del terreno: dónde ir y cómo navegar los mapas con la mayor velocidad posible, a fin de ahorrar preciosos segundos de vida; pero también enfrentaremos misiones más concretas, como eliminar cierto número de cangrejos o encontrar a todos los huéspedes de un hotel. Superar cada pequeña instancia nos ayuda de alguna forma, ya sea obteniendo nuevos poderes o abriendo nuevas rutas a explorar.

Todos nuestros esfuerzos y múltiples muertes nos acercarán, poco a poco, hasta las entrañas de la infame fábrica de espadas, la última área del juego y hogar del eventual jefe final que se oculta tras una serie de puzles destinados a dar cuenta de la maquinaria de la línea de producción. Una vez enfrentado y superado a este último enemigo, y habiendo realizado una última acción con nuestra espada, la maldición se deshace y vemos los créditos finales, dando fin a una aventura tan breve como intensa.

No es, sin embargo, el fin del desafío. Una vez que ganamos la primera partida tendremos la opción de iniciar otra en Modo Avanzado, una especie de “Second Quest” que dificulta muchísimo las cosas: no sólo contamos únicamente con 40 segundos en cada vida, también muchos elementos del mapa han sido alterados para complicarnos todo aún más, haciendo que tengamos que raspar cada segundo de vida para conseguir avanzar. Si terminaron la primera aventura y sintieron que el juego necesitaba ser más largo, por favor pasen a sufrir con esta segunda misión, muchísimo más compleja y desafiante.

Minit podría haber sido un producto muy inferior; una aventura básica, breve; pero el concepto de reducir nuestro tiempo de juego a un mínimo hace que todo tenga sentido, que el desafío esté siempre presente, que el jugador deba moverse de forma constante un minuto a la vez. Si bien no hay tiempo para ahondar en detalles; en especial en una historia general competente; si lo hay para darnos un puñado de simpáticos personajes cuyas personalidades se resumen en breves líneas de diálogo, motivaciones y deseos.

Es en ese minimalismo forzado a causa de tiempo en que Minit obtiene sus mejores logros; y pese a que el juego en sí puede superarse con relativa rapidez, su segunda aventura y la invitación a completar la primera al 100% son agregados más que bienvenidos para mantener el interés en el jugador. ¿Tenés cinco minutos? Pasá y jugá Minit, que serán segundos bien invertidos.

 

 

LO MEJOR:

  • Concepto y controles sencillos
  • Administrar el tiempo es un puzzle en sí mismo
  • Segunda aventura con dificultad elevada

LO PEOR:

  • Puede resultar muy corto (la primera aventura)
  • No hay tiempo para ahondar en una historia decente