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Analisis | Winners don't use drugs

ANÁLISIS: 6 Globos (6 Balloons, 2018)

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Por: Jessica Blady

Netflix le sigue dando oportunidad a esas pelis independientes que nunca van a llegar a las salas.

Netflix le sigue apostando a las producciones independientes que sólo encuentran “distribución” y alcance internacional de la mano del sistema de streaming. En este caso, “6 Globos” (6 Balloons, 2018), un drama hecho y derecho escrito y dirigido por la debutante Marja-Lewis Ryan.

La gran Abbi Jacobson (sí, la misma de “Broad City”) abandona por un rato la comedia para meterse de lleno en esta historia que la tiene de protagonista. Abbi es Katie, una treintañera que debe lidiar con su familia y los problemas cotidianos, como cualquiera de nosotros. Es 4 de julio, y los festejos del verano yanqui se cruzan con una fiesta sorpresa que la chica prepara para el cumpleaños de su novio. Entre amigos, una madre molesta (Jane Kaczmarek) y los preparativos de último momento, Katie decide ir a buscar a su hermano Seth  Dave Franco, y a su pequeña sobrina Ella, entre otras diligencias.

La cosa queda clara desde el principio: Seth, adicto a la heroína, volvió a caer en sus antiguos vicios. Katie ni lo piensa y lo lleva derechito a desintoxicarse, pero los centros de rehabilitación más cercanos no lo aceptan, obligándola a postergar sus asuntos y a tomar decisiones que no lo benefician.

Ryan se enfoca en este día y en estas horas previas a los festejos. Nos pasea de un lado al otro de la ciudad (California) y de los conflictos internos de Katie que, constantemente, se mueven entre sus prioridades y las de su hermano, en apariencia, imposibles de separar en este punto. Ayudarlo implica postergar sus asuntos, proteger a la pequeña Ella, y hasta avalar sus adicciones cuando el síndrome de abstinencia se hace insoportable. Claro que no faltan los reproches y las peleas pero, al fin y al cabo, es su único hermano, y como sus padres ya se rindieron, sólo queda ella para intentar socorrerlo.  

“6 Globos” no es el viaje de Seth, sino el de Katie, que intenta salir a flote cuando los problemas y las inseguridades se le vienen encima. Una historia que comienza casual, incluso un tanto improvisada, entre críticas y compras con mamá Gloria, hasta las charlas coloquiales con sus amigas, y pronto va adquiriendo un tono más oscuro y una densidad propia de un tema tan pesado como las adicciones y la incapacidad de alejarse de ellas.

Pero la realizadora no deja que sus personajes se hundan en la desesperación y, de tanto en tanto, desliza un poco de humor y relajo. Nada resulta exagerado (a excepción de algunos modismos de Franco) ni fuera de lugar, más bien factible en la vida de esta mujer que, se nota, viene lidiando con las mismas disyuntivas desde hace rato.

Ryan pasa del naturalismo absoluto, a una cámara extraña y vertiginosa que se cuela por los recovecos de la ciudad (una protagonista más del relato), y lo mezcla todo con un poquito de surrealismo y esa metáfora que va envolviendo a Katie al pasar de las horas. Jacobson realmente se destaca, aunque su moneda corriente no sea el drama, y logra que nos identifiquemos con su predicamento y su manera de afrontar las cosas.

Franco está bien, pero queda en segundo plano; y aunque Seth es un padre amoroso, no hace un gran esfuerzo para aceptar sus responsabilidades o, siquiera, parecer responsable ante los ojos de los otros. Para añadir un poco de drama (sin caer en el golpe bajo), Ryan inserta esporádicamente el punto de vista de la pequeña Ella, metida en el medio de cada situación sin entender lo que pasa realmente a su alrededor, pero intuyendo que no todo es color de rosa, incluso con sus escuetos añitos de vida.

“6 Globos” es una ópera prima muy digna, una película chiquita y sincera, por momentos desprolija, pero con ideas muy claras sobre la autoestima, las responsabilidades y una droga aún más poderosa que la heroína: el amor incondicional por la familia.

LO MEJOR:

- Jacobson realmente se luce.

- Una crudeza que le queda muy bien.

- La sinceridad y naturalidad del relato.

 

LO PEOR:

- La narración es un tanto desprolija.  

- Una primera parte que parece improvisada.