Publicado el

Analisis | Pánico escénico

ANÁLISIS: La Reina del Miedo (2018)

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Valeria Bertuccelli debuta como directora con este dignísimo drama con toques de absurdo.

En lo que va de 2018, todavía no tuvimos ninguno de esos “estrenos fuertes” nacionales. “La Reina del Miedo” (2018) podría cambiar este panorama, de la mano del debut tras las cámaras de Valeria Bertuccelli. La actriz codirige (junto a Fabiana Tiscornia) y protagoniza este drama centrado en Robertina, exitosísima intérprete que está a pocas semanas de estrenar un unipersonal y sus ansiedades la empiezan a devorar peligrosamente.

Tina es atolondrada, hiperquinética y tiene tatuada la palabra procrastinación a lo largo y ancho de toda su frente. La gente que la conoce le tiene la debida paciencia, pero está llegando a un punto donde estas actitudes comienzan a afectar su vida, su trabajo y a las personas que la rodean.

La ansiedad se manifiesta en angustia, pánico, todo tipo de fobias y paranoia, síntomas que se elevan a la enésima potencia cuando los problemas de salud de un querido amigo (Diego Velázquez) se agravan y ahí, sin previo aviso y de manera espontánea, pone todo en suspenso y viaja rumbo a Dinamarca para acompañarlo, tal vez, en sus últimos días.

Ni así, logra poner sus asuntos en orden, no está acá ni está allá. En Buenos Aires, sus productores la reclaman, a días del estreno de una obra de la que nadie sabe muy bien de qué se trata. Hay asuntos domésticos sin resolver, y un marido que está de viaje… o que la abandonó, ni ella lo sabe realmente. Y Tina sigue retrasando, sus actividades, sus ensayos, sus decisiones.

“La Reina del Miedo” arranca como una historia (casi) de suspenso, tras un corte de luz en casa de la actriz, que le pone los pelos de punta. Pronto descubrimos que estos “miedos” y esta necesidad de atención pasan por otro lado, pero tampoco es simple histeria femenina. Robertina es capaz de alterar a cualquiera, incluso al espectador cinematográfico, pero Bertuccelli la humaniza a lo largo de cada una de sus escenas y nos permite ir retirando las capas hasta descubrir la fragilidad y las inseguridades que esconde.    

No por nada, la protagonista se trajo un premio actoral tras su paso por el último Festival de Cine de Sundunce. Como Tina, es el centro de la historia alrededor del cual giran todos, muchas veces, un tanto desconcertados; y otras tantas, entendiendo sus problemas, incluso, mejor que ella misma.  

Bertuccelli y Tiscornia logran climas fabulosos, pasando del suspenso al absurdo casi sin escalas. Sí, en “La Reina del Miedo” hay momentos dramáticos, risas incómodas y algunas bizarreadas, y todo logra convivir de forma natural en el mismo universo que rodea a la protagonista. Robertina vive situaciones súper mundanas con jardineros o la chica que trabaja en su casa; se sincera cuando está relajada, o llega al extremo de la irracionalidad cuando los miedos la desbordan.

Cada una de estas sensaciones se refleja en la pantalla, apuntaladas por una gran banda sonora (la de Vicentico, obvio) y una puesta en escena donde la casa de Robertina juega un papel más que importante. Eso, cuando los PNT no interfieren con la trama, uno de los desaciertos y tropiezos del principio de la película, al incluir a la “compañía de seguridad” dentro de la narración con la única excusa para nombrarla descaradamente.

Entendemos que estas ayudas económicas son importantes para la realización cinematográfica, pero Marcelo Tinelli (como productor) no es nada sutil a la hora de encontrar “auspiciantes”. Un detalle que podría ser menor, pero molesta y nos aleja en primera instancia. Por suerte, al rato Bertuccelli inunda cada recuadro y nos olvidamos de estas atrocidades.

No hay ninguna otra actuación que realmente sobresalga más allá de la protagonista. Hay interpretaciones correctas como la de Velázquez, algunas un tanto exageradas y estereotipadas, pero todo suma para recrear la psique proyectada de Robertina. Tal vez, estamos más acostumbrados a ver a Bertuccelli en el típico papel hilarante de minita alterada en comedias pasatistas. Acá se agarra de esos mismos elementos y los resignifica, pero además se muestra más vulnerable e inestable, y agrega trastornos mentales reales y dolorosos que, muchas veces, esta sociedad confunde con simple histeria.

La película no profundiza específicamente en estos temas, pero nos deja diferenciarlos junto a Robertina. No es casual que Bertuccelli (también guionista) haya elegido a una actriz exitosa como personaje principal que, además, carga con el peso de la creación artística, imposible de concebir en semejante estado psicológico. ¿O sí?

Habrá que ver si las experiencias le ayudan o no, si es capaz de exteriorizar todos sus miedos y ansiedades, y transformarlos en algo productivo y positivo; o si va a terminar avasallada por esa angustia que no termina de asimilar del todo.    

“La Reina del Miedo” es inconsistente desde su narrativa, abusa de algunos recursos y muchas veces se pierde en detalles banales que nos llevan por callejones sin salida. Su punto más fuerte es Bertuccelli como protagonista absoluta que, al igual que la obra que se representa en pantalla, la pone al frente y al centro de su propia criatura.   

 

LO MEJOR:

- Valeria Bertuccelli es un tesoro nacional.

- Una gran puesta en escena.

- La banda sonora de Vicentico.

 

LO PEOR:

- Que la trama muchas veces desvaría, como su protagonista.

- Esos chivos son muy molestos, muchachos.