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Analisis | Ciudad Paradiso

ANÁLISIS: Burnout Paradise Remastered

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Por: Guillermo Leoz

El rey de los juegos de carrera arcade vuelve después de 10 años

Remasterización a veces suena como una mala palabra. Es considerada por muchas personas como sinónimo de falta de ideas, de reciclar productos viejos pero exitosos, de no querer jugársela con franquicias originales o de ser una estrategia efectista para engrosar el catálogo de cierta consola.

No siempre son necesarias, no siempre tienen un trabajo considerable puesto encima y para el público de PC pueden resultar insignificantes a veces. Pero distinto es cuando un juego está preso de las limitaciones de plataformas obsoletas y que ya no dominan el mercado. La generación de PlayStation 3 y Xbox 360 fue cuna de grandes juegos pero que no podían explotar todo su potencial con esas infraestructuras limitadas.

Burnout Paradise es el caso de una remasterización que se sentía necesaria, obligatoria casi. Diez años cumplió ya un juego que revolucionó el género de carreras arcade y que fue un pilar de la generación pasada. Sin embargo había quedado atrapado en esas “viejas” consolas y en una versión de PC que no tuve el mejor soporte ni la mejor conectividad.

A esto le podemos sumar el hecho de que este mismo género no avanzó de manera considerable en una década. De hecho, quizás haya involucionado. Los Need For Speed no paran de hacer agua y de ser una decepción tras otras; The Crew no funcionó como se esperaba; muchas franquicias desaparecieron y Forza Horizon 3 puede que sea el mejor exponente de esta nueva generación pero así todo no ha sido capaz de emular el estilo disparatado de Burnout.

Ningún juego ha podido alcanzar ese nivel de adrenalina, locura y velocidad que caracteriza a la saga Burnout. Quizás en gran parte porque el resto no se anima a destrozar autos licenciados o simplemente porque nunca pudieron recrear esas mismas sensaciones. Paradise es el último juego de esta franquicia hasta el momento y representó el pináculo de los juegos arcade de carrera y de mundo abierto. Todo eso está presente e intacto en esta remasterización.

Paradise City es ese arenero de diversión del que no querremos salir nunca. Manejar por esta ciudad destrozando carteles, saltando rampas y agarrando atajos se sigue sintiendo increíble. Incuso diez años después, no me canso de hacerlo. Es que Burnout Paradise brilla no cuando estás haciendo un evento, sino cuando simplemente estás dando vueltas por ahí, siendo libre de hacer lo que quieras, siendo un niño jugando con sus autitos.

Muchas veces terminaremos un evento, pero lo primero que nos surge no es ir a otro de manera automática. En cambio casi que por inercia vamos a querer seguir manejando por el mundo abierto, con total libertad, sin un rumbo definido. Quizás nunca terminemos la campaña, quizás nunca destrabemos todos los autos, pero eso no va importar ni impedir que la pasemos genial.

Pero si quisiéramos meternos en esos eventos, vamos a encontrar algunas particularidades y unas decisiones que pocos juegos replicaron. La principal tenía que ver con el hecho de que todas las carreras podían terminar en 8 puntos específicos en el mapa. Podíamos comenzar desde lugares distintos, pero siempre acabaríamos en las mismas locaciones. Esto hacía que termináramos conociendo a la perfección el mapa.

¿Pero para qué nos sirve eso si en general todos los juegos de carrera nos indican por dónde ir? Bueno, este es otro punto en el que Burnout Paradise patea el tablero y sacude la fórmula. Porque en cada evento, no hay paredes invisibles, flechas gigantes o un GPS que nos indique cuál es el camino correcto. No, acá tenemos total libertad de elegir nosotros por donde ir. Eso genera carreras mucho más orgánicas y cambiantes; nos brinda un grado de improvisación que no suele haber en el género. Sólo había unos pequeños indicadores en forma de carteles de calles que titilaban cuando debíamos doblar ahí, pero que no eran obligatorios de seguir.

Sin embargo y a pesar de esa característica que vuelve pintoresco a Paradise, diez años después la variedad de eventos es lo que más se resiente en esta remasterización. Tenemos carreras de punto A hacia punto B; eventos donde tendremos que derribar a una cierta cantidad de rivales, otros en los que sobrevivir hasta llegar a nuestro destino y otros en los que hacer una cantidad puntos con piruetas, drifts o distintas acciones que demuestren nuestro “estilo”. No es nada del otro mundo, nada que no se haya visto a esta altura mil veces y de hecho ahora siento que se quedan cortos.

Otro aspecto que no envejeció del todo bien es la ciudad en sí, el mundo abierto. No por cómo esté estructurado, sino a nivel arquitéctónico, grado de detalles y también en un sentido estético. Si bien continúa siendo super divertido atravesar Paradise City a cientos y cientos de kilómetros por ahora, no es una locación demasiado atractiva a los ojos; sobre todo cuando la comparamos con los mundos abiertos de otros juegos que han salido en los últimos años. Es algo totalmente lógico y esperable, pero que de todas maneras es necesario remarcar.

Lo que sí continúa intacta es la banda de sonido, que por suerte no tocaron en absoluto y está perfectamente conservada. La música de Burnout Paradise es un instrumento fundamental para el disfrute del juego. Nada sería lo mismo si de fondo no estuviera sonando Guns N’ Roses, Faith No More o Alice In Chains. Pero sobre todo nada tendría sentido si no pudiéramos escuchar “Girlfriend” de Avril Lavigne, canción que no podía faltar. DJ Atomika también dice presente nuevamente para ser el maestro de ceremonia ideal de esta aventura; su estilo bastante canchero encaja perfectamente con el estilo del juego.

Como era de esperarse todo el contenido descargable está disponible desde entrada en el juego. Todos los DLC que alguna vez sacaron viene ya incluidos: motos, autos legendarios y de película, los de juguete, los de policía e incluso la nueva locación Big Surf Island. Esto es una bendición, pero trae acarreada una contra que en lo personal me molestó bastante. El problema es que todos los autos de contenido descargable están disponibles para usar desde el minuto cero. Por lo tanto si lo quisiéramos, a partir del primer evento ya podríamos usar los autos más veloces y más completos. Esto en lo personal siento que anuló todo sentido de progresión y de necesidad de destrabar coches. Si bien no es el eje de este Burnout, sí es una decisión extraña que no sentí del todo adecuada.

A nivel técnico esta remasterización hace lo justo y necesario. ¿A qué me refiero con esto? A que no es un lavado de cara completo ni un trabajo que lo ponga a la altura de cómo se ven muchos juegos hoy por hoy. Los autos se ven mucho más definidos, más nítidos e implementaron algunos artilugios para que la iluminación haga parecer al juego mucho más lindo de lo que realmente es. Los atardeceres cuando iluminan el asfalto nos hacen creer que es un título que salió hace unas semanas y no hace diez años. Sin embargo algunos efectos de humo, las sombras y el mundo abierto en general, no recibieron tanto cariño como uno esperaría y ahí es donde el juego más se resiente a nivel visual.

Más allá de eso, esta remasterización logra lo más importante: mantener el juego a 60 cuadros por segundo. Esto es algo vital para la experiencia Burnout. Si no tuviéramos un “frame rate” sólido y alto, nada tendría sentido. No sólo los cuadros por segundo brillan, sino que también lograron llevar al juego a una resolución de 4k en Xbox One X y en PS4 Pro (lo mismo sucederá en la versión de PC una vez que salga al mercado). En ese aspecto la remasterización cumple con creces.

Dejando de lado el aspecto técnico, el verdadero elefante en la sala es cuánto sale este juego: 40 dólares. Si bien soy partidario de que cada persona justifica el precio de una compra de acuerdo a su criterio y que no se pueden establecer parámetros fijos ni de duración ni de cantidad de contenido, con las remasterizaciones el debate se hace un poco más complejo. Estos son juegos que, por lo general, uno ya jugó o que ya tienen varios años. Las expectativas, las exigencias y la valoración cambian considerablemente.

Si uno compara lo hecho con este Burnout Paradise con otras remasterizaciones/remakes, lamentablemente se queda corta. No hay contenido nuevo y no hay un trabajo a nivel técnico de gran magnitud. La remake de Shadow Of The Colossus es una recreación total del juego original, se ve increíble y se corrigen varios errores; ese juego sale lo mismo que este Burnout que no parece tener, por obvios motivos, ni la mitad de trabajo puesto encima. Además si jugaron hace no mucho tiempo la versión de PC, no van a sentir un avance muy significativo.

Sin embargo lo que ofrece Burnout Paradise Remastered es la posibilidad de volver a sentir la adrenalina y la velocidad que tanto disfrutamos hace una década; y eso no tiene precio. Sobre todo cuando ahora lo podemos hacer en PS4 y Xbox One con amigos y amigas jugando online, disfrutando codo a codo de romper carteles por todos lados o batir records personales constantemente. Paradise estaba exiliado en dos consolas que ya no tiene demasiado soporte ni una base saludable de jugadores; eso ahora cambia por completo y estará en cada jugador justificar el gasto o no. En lo personal, estoy extremadamente contento y agradecido de poder volver a Paradise City, donde el pasto es verde y los autos son hermosos.

LO MEJOR:

  • Jugabilidad intacta
  • Adrenalina y velocidad únicas
  • Soundtrack fantástico

LO PEOR:

  • Todo destrabado de entrada, anula la progresión
  • Efectos de humo y sombras decepcionantes