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Analisis | Una ratoncita dura de cazar

ANÁLISIS | Moss (Playstation VR)

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Por: Florencia Orsetti

Una de las grandes sorpresas del año, Moss es una aventura obligada para quienes tengan un visor VR

Una aventura puede ser épica sin importar el tamaño de su heroína. Lo decimos en el sentido más literal, porque Quill, la ratoncita, es diminuta, pero su corazón y su valía son enormes. Moss es una aventura de acción y plataformas que nos enseña el potencial narrativo de la Realidad Virtual. Una nueva tecnología puede reinventar, de la mejor forma, a la fórmula más clásica.

Moss se presenta como un cuento de fantasía en el que somos su lector. Quill es la elegida para devolverle a los ratoncitos su hogar perdido. Nosotros, como el nuevo lector recién resucitado gracias a un cristal de poder, la acompañaremos en la difícil tarea y haremos frente a un mal gigantesco.

El punto de vista es clave en Moss. La Realidad Virtual (RV) es una tecnología tan nueva que tampoco está estandarizada. Los títulos como Moss se benefician especialmente de la exclusividad, en este caso con Playstation VR, ya que, como sabrán quienes juegan con regularidad en RV, los juegos que están disponibles en más de una plataforma, como Oculus y Vive, no terminan por explotar al máximo las características de ninguno de los visores porque son todos diferentes. El caso de Moss es el opuesto.

Moss se vale de cámaras fijas y la libertad en el escenario nos la otorgan en términos de profundidad. El control para los jugadores es doble: en primera persona somos El Lector, un ente incorpóreo que toma la forma de un haz de luz que puede manipular el ambiente; en tercera persona, controlamos a Quill y saltamos, atacamos y trepamos, como en cualquier plataformas de acción. Ser El Lector implica hacer uso del movimiento inalámbrico del Dualshock 4. La interacción con el ambiente, de esta forma, se siente totalmente orgánica, gracias también la inmersión que ya de por sí da el rango de visión del casco y a la distribución de los escenarios.

El escenario tiene profundidad en 3D. No solo es un entorno en 360°, sino que podemos acercar nuestra cabeza a los rincones, pararnos y sentarnos para ver todo el detalle y tener una mejor perspectiva del mundo que recorre Quill. Como El Lector, movemos plataformas, abrimos puertas y hasta paralizamos a los enemigos, es decir, ayudamos a la simpática ratoncita a sortear los obstáculos que la exceden en tamaño.

A Quill la controlamos como a un personaje corriente de un plataformas 3D clásico. Puede saltar, treparse a los bordes, accionar mecanismos y batirse a duelo con enemigos a espadazo limpio. Hay que entender que Moss es, ante todo, un plataformas de puzles. En este sentido, el sistema de combate es muy sencillo. Los enemigos vienen a cumplir el rol de un elemento más con el que lidiar para resolver el puzle en cuestión. Los desafíos se van complejizando a medida que completamos niveles y se basan casi siempre en una buena combinación de acciones entre Quill y El Lector. Pareciera que jugamos en cooperativo con nosotros mismos.

La cámara fija evita problemas de calibración y mareos. El equipo de Polyarc entendió a la perfección cómo hacernos sentir parte de un mundo que es a la vez tan estático como inmenso. Hay mucho mimo en la recreación del entorno y una sensibilidad artística que nos maravilla. El entorno puede entenderse como un plano 2.5D al que observamos casi como una maqueta y que revela nuevos recovecos, en los que muchas veces hay secretos y coleccionables esperándonos.

La estructura narrativa de Moss es sencilla. Es una aventura lineal, dividida en capítulos, y la historia nos la cuentan con cinemáticas a modo de libro ilustrado. Es un relato clásico, de villanos, fantasía y héroes, cuya potencia radica en el fuerte vínculo que se crea entre el jugador y la pequeña Quill. Es un triunfo que Quill hable en lengua de señas y no solo porque eso lo convierte en un videojuego muy inclusivo. Existe, además, una magia indescriptible en no poder comprender a nuestra ratoncita. Me gusta creer que se genera una distancia entre Quill y El Lector y, por ende, entre ella y nosotros. Así sentimos como que pertenecemos a distintos mundos. Ella tan pequeñita y nosotros tan inmensos. No podemos hablarnos, pero nos entendemos perfectamente. Me agradece cada vez que muevo un bloque a su favor o al menos creo que me agradece, su carita contenta solo puede decirme eso, a pesar de que no comprendo las palabras que conjura con sus dedos.

La propuesta de juego funciona de maravillas. Los únicos momentos molestos llegan cerca del final de la aventura, cuando el reto plataformero requiere una precisión de relojero, tal vez injustamente, para calcular los saltos. Es un desafío que no está basado en nuestros reflejos, sino en esperar el tiempo que le lleva a Quill trepar las plataformas, segundos desesperantes cuando tenemos detrás de nosotros a un monstruo que escupe fuego.


Moss es una aventura que nos da esperanzas sobre el potencial lúdico de la Realidad Virtual. Es una pequeña gran historia que no pasa indiferente simplemente porque nos hace sentir como parte de su mundo. El jugador implicado, como un ente diegético, no podría sentirse como una pieza fundamental de ese mundo sin un visor ante sus ojos. Estamos ahí dentro, no solo porque nos rodea una recreación 360° de un maravilloso bosque, sino porque cuando Quill habla, lo hace directamente con nosotros.

LO MEJOR: 

  • Quill es un amor
  • Es, sin exagerar, uno de los mejores juegos de Realidad Virtual más inmersivos que existen
  • Se genera una dinámica muy fluida entre el control inalámbrico y el tradicional con botones del Dualshock
  • El mundo del juego es precioso y la definición visual es de las mejores que hay en RV

LO PEOR:

  • A veces es algo tosco el control de Quill
  • El final es un poco abrupto