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Analisis | Duchess Nukem

ANÁLISIS: Ion Maiden (Early Access)

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Por: Maximiliano Baldo

¿Puede cierta tecnología del pasado ser un éxito hoy? 3D Realms lo pone a prueba con Ion Maiden

Ocurre a los pocos segundos de iniciada la partida. Tan pronto como exploramos el área de inicio en el primer nivel nos topamos con una camioneta.

Es en ese preciso momento que el juego me vendió su producto, porque lo que mis ojos estaban viendo era un bodoque de polígonos con una textura sorprendentemente convincente, una caja deforme con una capa de pintura encima… pero lo que mi nostalgia me dijo, palmada en la espalda de por medio, fue “no, Maxi. Eso es, simplemente, un segmento del mapa que el motor Build te hace pensar que es un vehículo. ¿Te acordás? Lo hacía todo el tiempo.”

Sonreí. Había vuelto al pasado.

Siento que esa será, más o menos, la sensación que Ion Maiden, el nuevo juego de 3D Realms, generará en la mitad de su público. Más precisamente, en la mitad compuesta por todos aquellos que vivimos el Gaming de los ’90 en carne propia. Había sido un salto técnico asombroso, pasar de los mapas “chatos” de Doom a los escenarios más trabajados y dinámicos de Duke Nukem 3D, pero aquella magia estaba en el motor desarrollado para mejorar la experiencia del jugador y darle situaciones únicas; herramientas que luego se usaron para crear otro puñado de clásicos del FPS: Blood, Shadow Warrior y, en menor medida, Redneck Rampage.

El anuncio de que 3D Realms volvía a la carga con un juego al estilo clásico, tomando el viejo motor Build y mejorándolo para hacerle frente a los tiempos actuales, era al menos intrigante. ¿Podía recapturar la magia de antaño? ¿Puede competir con la filosofía de desarrollo de juegos del presente? ¿Hay lugar, de hecho, para un juego así? Es casi irrisorio descubrir que Ion Madness ocupa unos miserables 32Mb. ¿Acaso eso es suficiente para traer de vuelta el gameplay clásico de tiempos pasados y hacerlos funcionar en la industria actual?

Sí. Sí, es suficiente. Y no se imaginan cómo.

Fiel a los diseños de la época a la que alude, la historia de Shelly “Bombshell” Harrison, nuestra protagonista, está plasmada en una pantalla con texto estático; y es todo lo cliché que podamos desear: el villano de turno (Dr. Hadus Heskel) lanza un ataque en Neo DC y Shelly, antes experta en explosivos para la Global Defense Force, se manda para despachar a sus esbirros a los tiros. Es que este tipo de experiencias previas a Half-Life valoraba mucho más la acción que la narrativa, así que en su jugabilidad veremos sus puntos fuertes.

Y puntos fuertes tiene. Quizá el primer vistazo al mundo de Ion Maiden resulte chocante incluso para los que vivimos aquellos años mágicos; no tanto por lo burdo de sus polígonos (a pesar del delicado y concienzudo uso de texturas) sino por volver de golpe a aquellos gráficos en sprites, estando acostumbrados a cosas más modernas. Pero la memoria es un músculo poderoso y en cuestión de minutos volveremos a sentir esa adrenalina de antaño fluir por viejos canales olvidados, aquel estado primitivo de correr, disparar, esquivar, saltar.

Shelly casi vuela por los escenarios. Su estado básico es el de estar siempre corriendo, y la inclusión de un botón para “caminar” es un simpático detallito que muy probablemente jamás usaremos, ya que movernos con fluidez entre las ráfagas enemigas es vital para la supervivencia. Claro que no se puede ser First Person Shooter sin algo con qué disparar, y esta muestra de preview nos da algunos “chiches” para ir probando. La pistola insignia de Shelly, el Loverboy, ya es una belleza que nos puede sacar de muchos apuros; pero a eso se le suma una escopeta de tambor (muy similar a la del Shadow Warrior original), una eficiente Uzi y unas prácticas “Bowling Bombs” que son exactamente lo que están pensando: granadas que haremos rodar por el suelo y que cambiarán de rumbo automáticamente para darle un cálido abrazo al enemigo más cercano; ideal para enfrentar a grupos de malosos.

Poco a poco apreciaremos cada vez más el trabajo de arte. Los sprites de enemigos y armas son de alta calidad; muy agradables a la vista en el caso de las últimas, bien distinguibles unos de otros en el caso de los primeros. Esta versión de preview nos enfrenta a un digno manojo de inadaptados y alguna que otra pequeña (y gran) aberración cibernética, todos ellos deseosos de dar cuenta de nuestra vida; la cual sigue la temática de los clásicos y no se regenera con el tiempo sino que requiere de medikits para regresar a Shelly a buena salud. La posibilidad de encontrar botiquines portátiles es un muy bienvenido detalle que ya el propio Duke nos había dado.

Luego está el diseño de los mapas en sí; enormes laberintos estructurales que incitan a perdernos a fin de dar con el camino correcto o, mejor aún, con alguno de los múltiples secretos ocultos en sus paredes. Aquí no hay indicadores en pantalla para marcar el próximo objetivo, sino que tendremos que guiarnos por instinto y por pequeñas pero sutiles pistas en el diseño de cada escenario, muchas veces debiendo ir y volver por las mismas habitaciones, antes con puertas cerradas, ahora abiertas tras accionar algún interruptor o encontrar la tarjeta de color adecuada. Sí, volvimos a las tarjetas de colores, y la verdad es que nada se ha perdido por eso. Lo que sí se ha ganado es una nueva estructura en la división de niveles, ya no como mapas individuales sino como una seguidilla de escenarios que se concatenan de forma similar a los pasillos del Black Mesa de Half-Life.

Ion Maiden consigue recapturar aquellos hermosos momentos de tiempos pasados, todo gracias a un mejorado motor Build que no sólo se adapta perfectamente a los tiempos actuales, también añade funciones y herramientas para darle al juego más dinamismo… y a los usuarios también, porque parece ser que la versión final del juego vendrá con el editor incluido, como bien lo había hecho el viejo y querido Duke Nukem, para que los jugadores, mediante el sistema de Steam Workshop, desarrollen y compartan sus propios niveles.

Hubo una época en la que desarrollar niveles para juegos; particularmente Doom y Duke Nukem 3D, era una pasión que mantuvo a esos títulos con vida durante mucho tiempo. ¿Puede 3D Realms traer de regreso esa época, pero con las facilidades de Steam? Tan sólo por eso valdría la pena esperar hacia mediados de la segunda mitad de 2018, cuando la versión final de Ion Maiden verá la luz del día. Mientras tanto, esta muestra de preview que finaliza con una simpática pantalla, reminiscente a la mejor era del Shareware (excepto que la preview es paga), tiene contenido suficiente para darnos un atracón de nostalgia difícil de ignorar.

¿Qué sentirán, entonces, los jugadores más modernos, aquellos que todavía no han experimentado un juego de Build, al poner sus manos en esta nueva iniciativa? No esperen una historia que rompa los estándares de la narrativa contemporánea, pero si lo que buscan es pura acción noventosa, pocas cosas se comparan con todo lo que Shelly “Bombshell” Harrison tiene para ofrecernos.

Hail to the Queen, baby…

 

 

LO MEJOR:

  • Pura acción noventosa desenfrenada
  • El nuevo motor Build se siente super fluido
  • Shelly tiene carisma

LO PEOR:

  • Ni siquiera esperen una historia decente
  • La preview nos deja con ganas de muchísimo más