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Analisis | En Instagram / En la vida real

ANÁLISIS: Ingrid Goes West (2017)

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Por: Jessica Blady

Tags: Aubrey Plaza
El cine independiente nos deja joyitas que se pasan por alto en las salas de cine.

Matt Spicer viene paseando su ópera prima desde el Festival Internacional de Cine de Sundance 2017, y logró juntar algunos premios por el camino, gracias a esta incomodísima comedia dramática que le calza como anillo al dedo a los comportamientos sociales y la fama “instantánea” de los tiempos que corren.

“Ingrid Goes West” (2017) se hace eco de las redes sociales, la autodifusión y, más que nada, de aquellos que viven la vida a través de la cámara de su teléfono celular. ¿Les suena? Una historia centrada en Ingrid Thorburn (Aubrey Plaza), una minita bastante solitaria que no parece poder conectar con nadie, más allá de su cuenta en Instagram.

Tras la muerte de su mamá, el rechazo de una de estas estrellas de IG, un colapso nervioso y una breve estadía en el psiquiátrico, Ingrid decide tomar cada dólar de su herencia y mudarse a la costa Oeste por el simple hecho de que Taylor Sloane (Elizabeth Olsen), otra instagramera, contestó amablemente a una de sus publicaciones.

Tomando esto como una invitación (¿?) y una amistad en puerta, Thorburn llega hasta Venice Beach para contactar a su nueva BFF; mientras tanto recorre sus restaurantes favoritos, se cambia el look para parecerse a su nueva ídola, y hasta repasa cada uno de los libros que recomienda desde la aplicación. El primer encuentro es un tanto torpe, pero Ingrid resuelve meterse de lleno en su vida, secuestrando a su perrito Rothko, y convirtiéndose en la heroína del rescate. Así, Taylor y su esposo Ezra (Wyatt Russell), le dan la bienvenida a su hogar, y a esa existencia un tanto frívola, un tanto new age que comparten, entre la sobreexposición de ella y la tecnofobia de él.   

Los días siguientes son todo amistad para estas dos chicas que ni se conocen, pero llegan a intercambiar secretos y planes a futuro, de la misma forma que en un chat en línea. Mientras Ingrid intenta sostener la mentira y vuelve loco a su casero –Dan Pinto (O'Shea Jackson Jr.), un fanático enfermito de Batman que sueña con escribir su propia película del murciélago-, Nicky (Billy Magnussen), el problemático hermano de Taylor, llega de visita poniendo en riesgo la relación que tanto le costó construir con la estrellita mediática.

De ahí, todo va cuesta abajo, y los desequilibrios de Ingrid comienzan a apoderarse de ella. Lo único que tiene en la vida es su amistad con Taylor, y piensa ir hasta las últimas consecuencias para mantenerla lo más intacta posible.    

Sí, todo esto suena un tanto paranoico y exagerado, pero Spicer y su coguionista David Branson Smith dan en la tecla cuando se trata de analizar este fenómeno de las redes sociales, los individuos convertidos en producto, y lo que ocurre de un lado y del otro de la pantalla entre “estrellitas” y seguidores. No vamos a defender la actitud de Ingrid, pero los realizadores tampoco ponen a Taylor en el papel de víctima.

En “Ingrid Goes West” nadie se muestra realmente como es. Todos cargan con sus inseguridades y se escudan detrás de una máscara (a veces más real que metafórica), aunque algunos tienen mejores herramientas para manejarlas, y otros, simplemente, descarrilan como Thorburn. Spicer echa mano del humor más ácido y la genialidad de Plaza y Olsen para exponer un síntoma de nuestro tiempo donde todo es apariencias y dependencias telefónicas, la vida expuesta a través de una serie de selfies y retratos de comida como forma de ¿arte? ¿autopromoción?; pero donde nadie se para a medir las consecuencias de dicha exposición.

Los realizadores no profundizan, pero ponen sobre la mesa un conjunto de enfermedades mentales que bien podrían asociarse con estos fenómenos mediáticos, y entre locuras y banalidades nos muestran que en la vida de Ingrid, en la de Taylor y todos esos personajes que las rodean hay mucho más drama del que quieren reflejar en sus Stories.

“Ingrid Goes West” es una película que, ante todo, nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos y, claro, a tener dos veces más cuidado a la hora de interactuar con desconocidos en cualquiera de las redes sociales. Igual, dale like a esta nota, porque lo necesitamos más que el oxígeno (¿?).