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Analisis | Las cosas que hago por amor

ANÁLISIS: Jessica Jones S02E10: AKA Pork Chop (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Basta Trish, te estás perjudicando.

Sepan disculpar si falta motivación, pero duele y molesta cuando tratan tan mal a personajes (femeninos) tan interesantes y con mucho potencial. La segunda temporada de “Jessica Jones” se esfuerza por seguir tratando temas coyunturales (sobre todo en épocas de #MeToo, Time’s Up y la regulación del uso de las armas en los Estados Unidos), pero carece totalmente de argumento, y lo compensa con mucha cháchara psicológica, acciones redundantes y protagonistas que empiezan a hacer todo lo contrario de lo que se espera de ellos… en el peor de los sentidos. 

¿Se acuerdan de Robyn, la vecina insoportable de la entrega anterior? Como no pensaban traerla de vuelta, convirtieron a Trish Walker en ese personaje tedioso que va sumando razones para que la odiemos capítulo a capítulo. Desde el momento que utilizó el inhalador de Simpson por primera vez (¿o desde que se lo guardó en el bolsillo?), entendimos que todo iba a ir cuesta abajo, pero no se trata solamente de la “adicción a la adrenalina”, o el potencial y la súper fuerza que adquiere con ello; de repente quiere ser como Jessica, la heroína que salva el día y se queda con todos los laureles (¿?). Ojalá se tratara de pura envidia, nada más, pero sus acciones egoístas –desde que decidió comenzar la investigación de IGH- han provocado una reacción en cadena que, posiblemente, termine en un gran derramamiento de sangre (sí, más del que ya hubo).

Antes de meternos de lleno con las estupideces de Trish, volvamos a dónde nos quedamos. Mamá Alisa tras las rejas intentando contener su ira y hacer buena letra, mientras Jessica hace lo posible para mantenerla alejada de The Raft –prisión de máxima seguridad- con la ayuda y los servicios de Hogarth. Esta vez no hay manera de conseguir la absolución, pero sí una estadía más confortable y el consuelo de las constantes visitas de su hija. Todo lo que la acusada debe hacer es llegar a un acuerdo, confesar todo lo ocurrido y entregar a su cómplice y esposo, el doctor Karl Malus. Este es un pequeño detalle que Alisa no piensa cumplir, creando un nuevo conflicto con su Jess y las autoridades (léase el gobierno), que quieren echar mano de las investigaciones del científico.

La señora no piensa revelar la ubicación de su marido, y la única opción que le queda a Jones es tratar de ayudarlo a escapar del país para que su mamá no vaya a parar a un lugar peor que Guantánamo. Claro que las cosas nunca nos tan simples, y como si faltaran problemas, a Alisa le toca el peor guardia del mundo, Dale (Brian Hutchison), un violento que gusta de torturar a los presos, y que va a poner a prueba toda la paciencia de esta asesina irascible.

Sin la influencia (y la confianza) del inhalador, Walker arruina su única posibilidad de trabajo en la cadena ZCN, pero en seguida descubre que atraparon a la sospechosa y que, encima, resulta ser la madre de su mejor amiga, sumando más despecho al que ya venía acumulando. Malcolm tampoco está muy contento de averiguar las nuevas no tan buenas, y bastante manipulado por la rubia, hacen yunta para investigar y actuar por su cuenta.

Creyendo que le hacen un bien a Jess, y que ella no podrá tomar la decisión adecuada cuando llegue el momento, Trish y Malcolm rastrean a Malus, supuestamente, para entregarlo a la justicia. Nada más alejado de esto, ya que Walker está desesperada por replicar la fórmula del inhalador,  o al menos sus efectos, y necesita del científico para conseguir esos poderes que tanto quiere. Claro que Ducasse no ve realmente lo que ocurre (nunca lo ve, al parecer), ni nadie a su alrededor, y paga las consecuencias de una doble traición. Ahora, Karl está a merced de una Trish descontrolada y puede ocurrir cualquier cosa… aunque ya nos lo imaginamos.

Ya nos resulta imposible empatizar con Trish y sus razones -más megalómanas que otra cosa-, y todo este mambo de querer hacer el bien. Como si a la serie no le faltaran personajes inseguros (hola Jessica, te queremos), ahora tenemos que meterla en esa misma bolsa, y desconcierta, ya que jugaba un papel muy diferente en la temporada anterior.

Jones se quedó sin hombros donde llorar, a excepción del de Oscar, y va por la vida cargando demasiado peso, haciendo de la narrativa algo excesivamente denso, incluso para los estándares de este show de Netflix. Ya no hay acción, ni despliegue superheroico, sólo problemas emocionales sobre problemas emocionales; y sin una válvula de escape, la narrativa va a terminar explorando en la cara de alguno; lo más probable, sobre las de los espectadores, que atestiguamos una historia cíclica que, cada dos capítulos, vuelve al mismo punto.   

Ahí está Hogarth pagando, otra vez, por sus errores y su excesiva confianza. Rechazando los consejos de Jessica, comiéndose un sapo enorme, y cayendo en la cuenta de que todavía tiene que lidiar con los síntomas de una enfermedad espantosa. ¿Cuál es la gracia de los guionistas de transformar a todas estas mujeres súper inteligentes en taradas? Si nosotros desde este lado podemos intuir que hay gato encerrado entre Inez y Shane, ¿Por qué no puede hacerlo ella?… y no vale decir que esto es ficción o que es por pura desesperación, ya que la vimos hacer cosas atroces para salvar su reputación.

“Jessica Jones” sigue sufriendo de los mismos errores de la primera temporada. Una historia con demasiados agujeros y momentos de más que sólo sirven para estirar la trama. Justamente, como su encuentro con Dale, un personaje macabro y traído de los pelos, sólo para empujar a la protagonista un poquito más hacia el abismo, y sumar una muerte más a su prontuario. Sí, el tipo se lo merecía, pero estas cosas le hacen más mal que bien a una narración que perdió el control de sí misma y no creemos que se pueda acomodar a lo largo de los tres episodios que nos restan.