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Analisis | Recuerdos del pasado

ANÁLISIS: Jessica Jones S02E07: AKA I Want Your Cray Cray (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Nos vamos al pasado para conocer en profundidad parte de los orígenes de Jessica.

Una de esas cosas que más nos gusta de “Jessica Jones”, además de Krysten Ritter, es esa estética narrativa que toma prestada del clásico policial negro… cuando se acuerda de mantenerla. Es una lástima que no exista esta consistencia a lo largo de la temporada, una ¿falla? que, tal vez, se desprende de tener diferentes directoras para cada uno de los episodios, que deciden elegir su propio estilo y manera de contar la historia.

No es del todo relevante, pero suma, como en el caso de “AKA I Want Your Cray Cray”, que cambia de narrador para llevarnos al pasado y descubrir que pasó con Jones y su familia después del accidente que lo cambiaría todo.

Jennifer Getzinger (“Mad Nen”) es la encargada de ponerse detrás de las cámaras para este capítulo que nos traslada 17 años atrás y nos muestra, paralelamente, el destino de Alisa Jones (Janet McTeer) –menos mal que ya le podemos poner un nombre- y el de su hija, tras pasar por las manos del doctor Karl Malus y las técnicas “milagrosas” de IGH.

Ahí están la enfermera Luanne, Inez, la doctora Hansen y una Alisa totalmente desfigurada que no puede controlar su ira, ni los poderes que “recibió” durante el tratamiento que le salvaron la vida. Este es el terrorífico momento que Jessica recuerda después de la hipnosis y esa puerta que logró abrir en su memoria atrofiada: el “monstruo con cara en carne viva” resultó ser su mamá, que no pudo evitar atacarla.

Cinco años después, Alisa sigue recuperándose. Ahora con una nueva cara (claro, había que justificar el hecho de que Jess no la reconociera en persona), debido a los diferentes menjunjes de ADN a los que fue sometida. Malus y su equipo siguen trabajando para ayudarla a controlar sus habilidades, las cuales puede mantener a raya… hasta que algo la pone de la cabeza. Enterarse de la muerte de su hijo y de su marido no la tranquilizan mucho que digamos, pero sí el hecho de que su hija logró sobrevivir, aparentemente no presenta síntomas agresivos como ella (al menos que sepan los doctores), y que fue adoptada por una familia que se preocupa.

Mientras tanto, la joven Jessica trata de salir adelante, al mismo tiempo que Trish pretende triunfar en el mundo de la música, ya alejada de la mala influencia de su madre Dorothy. Esta es la época en picada para Walker, llena de frivolidad y excesos, de peleas con su hermanastra y de adicciones que pronto van a tocar fondo en cualquier momento. Son como el agua y el aceite, pero hay cariño y preocupación entre ellas. Son los tiempos en que Jess todavía ponía empeño en sus estudios, antes de “independizarse” de Trish y utilizar sus habilidades para recorrer un camino menos digno.

Vamos a obviar el hecho de que Ritter y Taylor no pueden hacerse pasar por adolescentes, pero es interesante ver los pequeños cambios en la vida de nuestra protagonista e ir presenciando como llega a convertirse en la Jessica Jones que conocemos, al menos, la Jessica antes de Kilgrave.

El mal carácter siempre estuvo presente, como su afición por la bebida, pero esta es una época más feliz donde se permite cierto disfrute y hasta un primer romance con Stirling Adams (Mat Vairo), bartender que la acepta como es, y más allá de sus poderes especiales. Podemos afirmar que son sus años “formativos”, los que le enseñan a tomar las riendas de su vida, y en parte, la de Trish, para evitar perderla como al resto de su familia.     

Por su parte, Alisa no se calma nada y necesita saber qué pasó con Jessica, volver a verla, porque en el fondo una madre es una madre, aunque se trate de un monstruo asesino sin control. Malus tiene buenas intenciones, a pesar de jugar constantemente al científico loco, y sabe que la señora Jones es un peligro que, todavía, no está preparada para salir al mudo, mucho menos para rencontrarse con su hija, que la cree muerta desde hace más de cinco años.

Claro que el amor es más fuerte, y ahí se produce la famosa huida de Alisa, en medio de vidrios rotos y cuellos retorcidos que acabaron con la pobre Luanne y casi con la vida de la joven Inez (ay, ay, ay esos efectos). Suelta por las calles de Nueva York, la señora Jones se contacta con Dorothy y logra encontrar a la nena, feliz de la vida, disfrutando un poquito de sus poderes… hasta que mamá le suma más oscuridad a su existencia.     

Ese primer atisbo de humanidad se esfuma cuando asesina a Stirling, empujando a Jessica todavía más a la soledad y la desconfianza que la caracterizan. Así, Alisa entiende que no está preparada y vuelve sumisa a los brazos de Malus e IGH, esperando que algún día pueda controlar sus impulsos asesinos.

Acá estamos, doce años después, tras la revelación y la perplejidad de Jessica. Alisa asume completamente su condición de “experimento fallido” y busca un poquito de redención y perdón por parte de su hija, aunque sabemos que todavía no tiene el control, sobre todo, si sumamos todos los muertos que fue dejando por el camino.

Este es uno de esos puntos de inflexión para la serie y para la mismísima Jessica que, en parte nos ayuda a profundizar en sus orígenes, y otro tanto en la formación de su carácter y el personaje que conocemos en la actualidad. Por un lado, se agradece que la “revelación” haya llegado a la mitad de la temporada y que no la sigan dilatando, pero por el otro nos preguntamos: ¿qué nos van a contar desde ahora?