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Analisis | El buen doctor

ANÁLISIS: Jessica Jones S02E06: AKA Facetime (Spoilers)

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Se vienen grandes revelaciones y muchos momentos apasionados.

Iba a pasar, tarde o temprano. Uno de esos capítulos donde no pasa absolutamente nada trascendental hasta los últimos minutos, donde el cliffhanger hace de las suyas. Llegamos casi a la mitad de la temporada, y muchas de las cosas que veníamos anticipando se hicieron realidad, sobre todo, lo que tiene que ver con Trish Walker, aunque no podemos asegurar estar completamente contentos con los resultados.

Nos habíamos quedado en el acuario, pero como no hay suficiente presupuesto, se tienen que imaginar todo ese caos, la inundación y los pececitos desparramados. Sin ninguna pista concreta, Jess vuelve a su departamento con la esperanza de rescatar las pocas fotos que pudo tomar del doctor Karl y de su compañera asesina. [Tomen nota de ese tip por si se les moja el teléfono celular, eh.]

La soledad, la familia y el amor siguen siendo de los temas más relevantes dentro de esta entrega de “Jessica Jones”, tratados desde distintos ángulos según el personaje. Ya sabemos que (a simple vista) Jess no tiene la capacidad suficiente para expresar sus sentimientos (en cambio sí le sobra aptitud a la hora de reprimirlos), pero todo el caso de IGH removió demasiado el pasado para seguir siendo tan arisca ante aquellos que quieren acercarse.

La falta de alcohol la lleva derechito a los brazos (y al suelo) de Oscar, un encuentro cercano -el primero de varios que hay que aguantar durante el episodio- cantado desde ese primer momento donde ella le movió la heladera (¿?). Todos notaron los tonos violetas de la pintura, ¿no? Por ahora vamos a suponer que se trata de una elección estética y que nada, NADA tiene que ver con el regreso de Kilgrave… o algún tipo de relación con el simpático administrador del edificio.    

Tras sacarse las ganas, y comportarse tan apática y distante como siempre (no sea cuestión de demostrar alguna emoción), Jones vuelve tras la pista del anillo de Karl, descubriendo que se trata de un recuerdo de universidad y no una alianza de matrimonio.

Mientras tanto, otra de esas cosas que se veían venir a varias cuadras de distancia: Trish la justiciera. Estimulada (muy estimulada) por el inhalador de Simpson, la chica sale a recorrer los rincones más “peligrosos” de la ciudad en busca de una causa justa para defender, o simplemente, para ahogar sus penas. Sea cual sea el caso, toda la secuencia da un poco de pena. No hay nada interesante en esta nueva actitud de Walker, es más, están destrozando uno de los mejores personajes de la serie sólo para demostrar los efectos devastadores de las drogas y, más que nada, de esa adicción a la adrenalina y el poder que se desprende de estas habilidades adquiridas.   

Por su parte, Malcolm se sigue ganando el sueldo, y debe volver a la universidad de la cual se fue (lo echaron) para averiguar un poco más sobre el bendito doctor. El pasado también persigue a Ducasse, y un viejo amor que quedó atrás junto con su adicción a las drogas, pero tras un engaño por aquí, y otro engaño por allá, ahora sabemos que la persona que buscan es Karl Malus, egresado 1978. Claro que el señor no figura en la guía telefónica, y las habilidades detectivescas de Jessica lo ligan con un benefactor que puso a su propio hijo en las manos sanadoras del galeno.

Todos parecen tener una imagen positiva de Malus y sus experimentos, a excepción de Jessica que ve sus propios poderes como una aberración. Tras ver los videos de las cámaras de seguridad a la salida del acuario, todavía queda más convencida de que el científico está utilizando a su presa como arma, de una forma muy parecida a como Kilgrave se aprovechó de ella. ¿ El círculo se va cerrando? Esperen todavía falta la revelación más importante.

A diferencia de Jones, estos “daños colaterales” resultan bienvenidos en el caso de Hogarth que sigue buscando la manera de acercarse a Inez para que confiese todo lo que sabe sobre IGH y las investigaciones que allí se llevaban a cabo. Un poco por lástima, tal vez, o con otros planes en mente, Green le termina revelando que en el lugar se indagaba sobre técnicas para acelerar el proceso de curación de ciertos pacientes. Pero además, existía otro individuo “especial”, un nene, capaz de curar con sus propias manos en algunas ocasiones.   

La trama de Jeri siempre resulta agarrada de los pelos e incómoda. Entendemos que se quiera celebrar su lesbianismo y desinhibiciones, pero siempre parece forzado y fuera de lugar y, en definitiva, las mujeres que se acercan terminan sacando más provecho sobre ella, de lo que ella, con todo su poder, pueda lograr. ¿Hay una moraleja? Todavía está por verse sin las intenciones de Inez son genuinas, u otra vuelta de tuerca.  

Y volvemos con Trich, porque si vamos a romper al personaje, lo vamos a hacer completamente. “Abstinente”, se tiene que bancar los efectos secundarios que le quedan tras utilizar el inhalador, pero por suerte llega Malcolm al rescate, más que dispuesto satisfacer todas sus necesidades. ¿En serio no ve las señales siendo él un ex adicto? La explicación de los ojitos llorosos por el desamor se cae a pedazos, eso, o sólo nos queda pensar que todos los que la rodean son bastante tarados. La cuestión es que Walker no deja de abusar de la sustancia y, tarde o temprano, va a tener que afrontar consecuencias más graves.  

Después de seis episodios buscando pistas y culpables, Jessica llega a la supuesta casa de Malus, la misma donde habíamos visto a la asesina destrozar el piano. El doctor sabe que Jones viene en camino, pero en vez de una trampa o algún tipo de represalia la protagonista se desayuna con la verdad (SPOILER ALERT): la señora en cuestión en su mamá, y así todo su origen se borra de un plumazo.   

Las pistas estuvieron siempre ahí, escondidas a la vista de todos, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver, y ni siquiera Jessica la pudo reconocer cuando la tuvo por primera vez frente a frente. ¿Por qué? Esperamos esta respuesta y algunas más, que llenen el bache de estos 17 años durante los cuales Jones siguió llorando a su familia. El plot twist sorprende, pero ahora viene el momento de justificar semejante decisión narrativa.