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Analisis | Mi vecina la asesina

ANÁLISIS: Jessica Jones S02E05: AKA The Octopus (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Jessica Jones llegó a la etapa "un hechicero lo hizo".

Ok, vamos de nuevo. A favor: Krysten Ritter; una historia superheroica que intenta trascender el género y le apuesta a una trama feminista cargada de temas coyunturales; y… ¿ya dijimos Krysten Ritter? En contra: una historia de superhéroes que, lamentablemente, se olvida de los elementos más básicos; la falta de un villano de peso y demasiadas subtramas que sólo sirven para estirar la narración hasta llenar estos trece episodios. No, ni vamos a mencionar la nulidad de los efectos especiales, que parecen reservados sólo para éxitos más importantes de la gran N como “Stranger Things” o “Daredevil”.

“Jessica Jones” necesita encontrar el equilibrio. Tiene mucho para decir (y lo dice bien), pero la sobrepasa el formato (tal vez, demasiados capítulos) y le falta acomodar su contenido. Al menos en estos primeros cinco capítulos de la segunda temporada, donde todavía estamos tratando de averiguar cómo corno se llama el personaje malvado interpretado por Janet McTeer.

Arrancamos donde nos quedamos, con Jessica acusada del crimen de Nick, el ladronzuelo de Cheng, todavía obsesionado por encontrar cualquier trapito sucio y acabar con su competencia detectivesca. Claro que Jones no tuvo nada que ver, y mientras la asesina se deshace de todas las evidencias que la relacionan con IGH, y gran parte de su pasado, ella debe soportar las sospechas de la policía y los consejos de Hogarth, que vuelve a ser su abogada por pura conveniencia. Hablemos de panquequerismo y personajes mal llevados.

Todos saben que Jess es inocente, pero para quedar en libertad debe compartir toda la información (o parte de ella) que tiene hasta el momento sobre la sospechosa, su relación con Industrial Garments & Handling, y el resto de las víctimas; claro que obvia el pequeño detalle de Inez Green, la cual está siendo bien vigilada/protegida por Malcolm.

Jessica tiene que aprender a confiar y delegar, y desde la cárcel no le quedan muchas opciones. Así, Ducasse se convierte en su verdadera mano derecha y su nuevo socio de negocios; como ya dijimos, un personaje que evolucionó un montón desde el adicto insoportable de la temporada anterior, y hasta se ganó nuestro respeto y cariño. Lo bueno de Malcolm es que, llegado el momento, no tiene miedo de plantarse frente a su jefa y decirle las cosas en la cara. Nos causa ternura esa necesidad de querer salir del pozo, mantenerse ocupado y aprender el oficio para no volver a cometer los mismos errores. De repente, se volvió el más sensato del equipo, dejando a Jones con la inmensa tarea de también aprender a abrirse ante los otros.     

Mientras celebramos el crecimiento de Eka Darville dentro de la serie, queremos meter la cabeza en un agujero cada vez que Trish aparece en pantalla. No se entiende qué quieren hacer con un personaje tan fuerte, más allá de convertirla en una adicta a los poderes sobrehumanos. Nunca sabemos qué clase de “empoderamiento” le dan las drogas de Simpson, pero tampoco concebimos que nadie (o sea, Jessica) se dé cuenta de este cambio de actitud tan repentina.   

No nos importa tanto toda esa paparruchada de los tabloides, la boda y el final del compromiso. Está claro que Patsy no creció para ser la típica esposa, y ahora quiere brillar por su cuenta, en lo posible, convertida en el tipo de periodista que idolatra en Griffin. El problema es que se está convirtiendo en otra cosa, una Karen Page cualquiera, que estorba en la trama y agrega más problemas donde nadie los necesita. ¿Qué le depara el futuro inmediato? ¿Salir por las calles a repartir piñas y hacer justicia como su amiga? Cuenten un poco con ello.

Creo que ni vale la pena mencionar la secuencia del piano. Un momento que reafirma la inestabilidad de la villana de turno, sí, pero seamos sinceros, quien no se sacó alguna vez con un bebé que no para de llorar. Acá, la única diferencia son los superpoderes, y el hecho de que la señora se quedó sin instrumento para calmar sus tardes. En serio, basta de estos momentos superfluos.   

Ahora tenemos un nuevo nombre y una nueva pista para tratar de acercarnos al meollo del asunto. Gracias a Inez sabemos que Luanne murió a manos de la loquita, y no asesinada por David Kawecki, un conserje de pocas luces, acusado por un crimen que terminó siendo escenificado, justamente, para borrar los lazos con IGH. Resuelta a conseguir una salida para este callejón, Jessica se hace pasar por doctora psiquiátrica y se infiltra en el pabellón de máxima seguridad donde retienen al acusado. Mmuy al estilo de “Mindhunter” logra desenredar un nuevo cabo, un tal doctor Karl, amante de los pulpos y de su extraño ADN.

No importa cuántos años hayan pasado, para sorpresa (y suerte) de Jones, el buen científico sigue yendo religiosamente al acuario a observar a los octópodos. Ahí se lo encuentra gracias a un dibujito y una corazonada, reconociéndolo casi inmediatamente de aquella época que pasó por la sala de emergencia. Sí, todo es muy azaroso… y conveniente para la trama. Tan conveniente que Karl anda de amorío con la sospechosa y, además, logra reconocer entre la multitud a la detective, antes de que se desate el caos y, por supuesto, los pierda de vista.

Lamentablemente, esta no es la única ‘coincidencia narrativa’ de “AKA The Octopus”. Ya veíamos venir a kilómetros de distancia las intenciones de Hogarth que, ahora, tiene todos los detalles sobre IGH a la mano para tratar de encontrar, por su cuenta, una solución más efectiva para su enfermedad, en vez de la salida “fácil” que ya estaba planeando.

Una vez más, estas son las decisiones argumentales que le restan puntos a la serie. Coincidencias, previsibilidad, personajes que van en contra de todo lo que creen… piedritas en el camino que deslucen las verdaderas intenciones de una historia que tiene muchísimo más para ofrecer.