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Analisis | Las uvas de la ira (menos las uvas)

ANÁLISIS: Jessica Jones S02E04: AKA God Help the Hobo (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Se va sumando gente al baile, pero la trama no encuentra su rumbo.

Ok, ya descubrimos el gran problema de la segunda temporada de “Jessica Jones”: si bien, en cada capítulo se tratan un montón de temas interesantes, la trama principal (y sus villanos) no tiene el peso suficiente para bancarse trece horas de TV al hilo. Acá nos está faltando un Kilgrave, un antagonista hecho y derecho. Ya sabemos que Jess es su propia enemiga, pero poner a otros loquitos con poderes y científicos megalómanos como contrapartida para llenar el espacio, le hace un mal tremendo a una narración que, de por sí, ya flaquea.

El tercer episodio nos había dado esperanzas, pero “AKA God Help the Hobo” vuelve a caer en el tedio y muchas vueltas de tuerca, y poco avanza para la historia que andamos necesitando. El capítulo encuentra a Jones en una de sus sesiones de manejo de la ira, obligatorias. No olvidemos que tras el ataque a Pryce Cheng está en libertad condicional, y tiene que hacer buena letra para no terminar tras las rejas. Claro que Jessica no es la persona ideal para compartir sus sentimientos, pero la escena -como muchos momentos de la serie creada por Melissa Rosenberg-, desliza comentarios (para nada discretos) sobre la violencia de género, el estrés post-traumático, el abuso y todas esas porquerías.

Dale, que lo de Oscar (J.R. Ramirez) ya nos lo veíamos venir, y un poquito nos molesta la previsibilidad de los acontecimientos. También los impulsos de Jess, siempre a destiempo para arruinar un lindo momento, recordándonos constantemente su autosabotaje, ya sea para las relaciones amorosas, o las relaciones en general.

Dejando estos momentos un tanto bochornosos de lado, al igual que el circo mediático que rodea a Thrish y a Griffin; la dupla “detectivesca” sigue adelante con las pocas pistas que tiene para tratar de descubrir la verdadera identidad de la falsa doctora Hansen (Janet McTeer), y su relación con los malosos de IGH. El rastro, tras su violentísimo primer encuentro, lleva a Walker y Jones hasta una tienda de pelucas, curiosamente de las pocas que hay en Nueva York que trabaja con pelo humano (¿?). Otro callejón sin salida que sólo aporta el pequeño dato de que la señora en cuestión perdió toda su cabellera, posiblemente tras un tratamiento con quimioterapia.

La opción que les queda es volver a probar suerte con Maximillian Tatum, claro que esto implica un poquito más de violencia, sobre todo cuando Jessica se entera de la reunión que tuvo Trish y el video que filmó Malcolm. Nadie sale lastimado, más allá de algún que otro ego, y las chicas consiguen lo que quieren, una acotada lista de pacientes a los que IGH les pagó las cuentas: la mismísima Jones, el finado Coleman y una tal Inez Green, que se convierte en su nueva persona de interés.

Un poco de trabajo detectivesco y listo. Parece que Inez vive oculta en la calle, una aguja en un pajar que la dupla encuentra casi de inmediato, pero resulta que no es el individuo que andaban realmente buscando. Green no era paciente, sino una enfermera de IGH que terminó siendo atacada de manera brutal para la señora de la peluca que, además, mató a otra de las asistentes, Luanne, en el proceso.

Jessica no puede evitar sentir algún tipo de conexión con esta otra mujer, al menos, en la descripción que les da Inez sobre la ira (y el odio) que la impulsa. Claro que Jones intenta despegarse del mote de asesina que todos creen que es, y es ahí donde entra en conflicto consigo misma. Estos son los mejores momentos de la serie, pero los pocos en un mar de situaciones que aportan poco y nada.  

En el medio se generan más conflictos sin sentido, como Trish haciendo todo mal y utilizando el inhalador de Simpson para adquirir “poderes sobrehumanos”… y mal genio. Uno se pregunta, ¿con qué motivo?, si lo que más quiere es despegarse de las etiquetas, olvidarse de su pasado de abusos, adicciones y Patsy, y que la tomen en serio como comunicadora. ¿Qué la impulsa a meterse estas nuevas drogas en el cuerpo sin medir las consecuencias? Como muchos giros narrativos de la temporada, no tenemos la menor idea.    

La trama de Jeri Hogarth sigue sumando extrañeza y, como si fuera poco, ahora agrega eutanasia a la ecuación. Cómo dijimos, los temas que se tratan son súper interesantes y coyunturales, pero hay que saberlos llevar con cierta organización y gracia, y no desparramarlos al azar a lo largo de la narración. Igual, ya percibimos por dónde vendrá la mano en cuanto a Jeri, su enfermedad y los “milagros” de IGH. ¿Apostamos?     

Finalmente, y siguiendo en la línea del sinsentido, nos volvemos a cruzar con Cheng, su hombría amenazada, sus intensas ganas de acabar con el pequeño negocio de Jessica, y un tiro que le sale por la culata cunado su ladrón se cruza con nuestra prófuga asesina. Todavía no entendemos la saña de la señora, pero el rastro de cadáveres que va dejando, finalmente, recae sobre Jones, acusada de semejante delito por puro descarte y porque, al parecer, en la ciudad de Nueva York no hay otras personas con poderes que podrían terminar siendo los verdaderos responsables.

Todos estos lugares comunes, agarrados de los pelos, son los que deslucen aquella gran primera temporada de “Jessica Jones”, ahora recargada de incongruencias, personajes que no encuentran el rumbo (te estamos mirando Trish) y, por suerte, otros que salvan el momento, como el querido Malcolm Ducasse (Eka Darville). Igual, seguimos cruzando los dedos, para que este trencito no descarrile del todo.