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Analisis | Un gran poder…

ANÁLISIS: Jessica Jones S02E02: AKA Freak Accident (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Seguimos la maratón de Jessica, pero esto está más lento que caminata de geriátrico.

Habiendo pasado el estreno de la nueva temporada, ya podemos meternos de lleno en la historia, ahora sí, con algunos spoilers por el camino. La primera entrega de “Jessica Jones” sufrió bastante por culpa de una trama demasiado extendida y personajes superfluos, algo que ya se empieza a notar a partir de este segundo episodio.

Venimos de dos capítulos de una hora de duración, y la información sigue siendo escasa. Los protagonistas están mucho más acotados, pero empiezan a caer en esos lugares comunes que tanto odiamos, aunque se salvan del bochorno gracias a sus intérpretes.

Después de la extraña muerte de Robert “Whizzer” Coleman (Jay Klaitz) y las primeras pistas que apuntan al doctor Miklos Kozlov e IGH, Jessica decide abrir esa puerta hacia el pasado y la muerte de su familia que, de alguna manera, logran que comience a recordar aquellos días perdidos en su memoria, que incluyen los experimentos a los que fue sometida.   

Así, resuelve hacerle una visita al galeno para obtener respuestas más inmediatas, pero Kozlov acaba de abandonar este mundo, curiosamente, por culpa de un accidente aún más extraño. Ya no quedan dudas, ni coincidencias entre estos fallecimientos, y un nombre empieza a emerger por sobre todo, conectando de alguna manera las piezas. Will Simpson (Wil Traval) sigue vivito y coleando, seguramente bajo los efectos de las drogas de IGH. Su objetivo final parece ser Trish Walker (Rachael Taylor), a la cual sigue incansablemente como si fuera su sombra.

Por ahora, Trish resulta ser la conexión entre estas muertes, no sólo porque Simpson le pisa los talones, sino porque anda investigando por su propia cuenta, en parte, para no involucrar a su amiga, y otro tanto para levantar el rating de su alicaído programa y evitar caer en notas sensacionalistas. Los nuevos héroes de la ciudad son la noticia del momento, y Walker lo sabe. Su meta es descubrir que pasó hace 17 años durante esos veinte días que Jones no recuerda, y para ello necesita acceder a los archivos del Metro-General Hospital.

Para lograrlo debe contactar, primero a su madre, y después a Maximilian “Max” Tatum (James McCaffrey), director de cine con influencias en la comisión directiva que, además, es el responsable de sus abandonada carrera como actriz (y como Patsy), y de los abusos que sufrió cuando era apenas una adolescente.

Walker toma el riesgo -aunque remueva sus propios fantasmas del pasado- y decide chantajear a Tatum con la ayuda de Malcolm para lograr su objetivo. Sabemos que, en el fondo, lo que quiere es ayudar a su amiga, un camino de dos vías, ya que Jessica hace todo lo posible para cuidarla, aunque no sea estrictamente necesario.

Esta es la relación más importante para Jones y para Walker, más allá de cierta apatía y de las palabras que nunca se dicen. Esta hermandad y sororidad marca el ritmo de cada temporada, sino recuerden lo que pasó con Killgrave.

Mientras ellas se preocupan y protegen la una a la otra, hay alguien (o algo) que le está poniendo fin a los cabos sueltos. No cabe duda de que el “monstruo” del que habla Coleman, es otro de los experimentos de Kozlov…, o de alguien más poderoso que termina dando las órdenes.

 “Un gran poder viene acompañado de un gran trastorno psíquico”, asegura el ‘velocista’, un tanto parafraseando al tío de nuestro arácnido favorito, y otro tanto dando a entender que las pruebas que realizó IGH no salieron tan bien como esperaban. Al parecer, los conejillos de Indias adquirieron algunas habilidades especiales, pero a costa de sufrir las consecuencias y algunos trastornos inesperados. Jessica entiende que es una de estas ratas de laboratorio, y decide convertirse en ese monstruo que debe detener a los otros.

Por este lado, todo bien, y una trama que se va encauzando aunque se tome su tiempo (demasiado tiempo). Molestan los clichés (toda la secuencia del set de filmación con Trish perdiendo la cartera y esas boludeces), y algunos baches narrativos que se suelen rellenar con escenitas superfluas (¿estamos todos de acuerdo que va a pasar algo entre Jess y su nuevo vecino?), o arcos como el de Jeri (Carrie-Anne Moss) que, después de dos temporadas, todavía no logra encajar de manera correcta.

El gran problema de Marvel es querer encajar todo en un mismo universo y mantener la coherencia. Es obvio que no se puede y entonces nos preguntamos, por ejemplo, por qué no aparece Foggy Nelson (Elden Henson) trabajando a la par de Hogarth. Ni vamos a molestarnos por el resto de los Defenders, más allá de alguna mención o referencia. “Jessica Jones” funciona mejor de forma independiente, pero no puede dejar todos estos pequeños detalles afuera.  

Igual, esto no cambia la esencia del show, pero subtramas como la de Hogarth se sienten impuestas. Ya había ocurrido lo mismo durante la temporada pasada y su “triángulo amoroso”; ahora reemplazado por la enfermedad y el descontrol, además de su relación con Pryce Cheng para joderle un poco más la vida a Jessica. Esperemos que el personaje logre su redención, o le pongan fin a su sufrimiento y al nuestro.