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Analisis | Hasta luego cocodrilo

ANÁLISIS: Atlanta S02E01: Alligator Man

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Donald Glover está de vuelta en la ciudad de los duraznitos.

“Atlanta” –la comedia dramática de FX creada y protagonizada por Donald Glover- es uno de esos shows que no es para cualquier paladar seriéfilo. Primero, por ser demasiado ‘localista’, y segundo, por sus subtramas (y estilo) surrealista.

Sí, Donald y su hermano Stephen navegan por la complicada existencia de Earnest 'Earn' Marks (Glover) y su entorno, un muchachito sin rumbo específico que, tras abandonar los estudios, debe encontrar la manera de subsistir y mantener a su pequeña hija Lotti. Su idea: convertirse en el manager de su primo, Alfred ‘Paper Boi’ Miles (Brian Tyree Henry), rapero en ascenso que no distingue muy bien los límites entre persona y personaje.   

Nada es fácil en la vida de estos compinches (¿o será que ellos se la complican?), que se mueven entre pequeñas oportunidades artísticas, mucho ocio y esa vida callejera/criminal que parecen no poder evitar. El final de la primera temporada nos dejó cierto gustito optimista y esperanzador para el futuro de Earn, pero “Robbin' Season” –titulada así por la temporada de robos que se dispara antes de las festividades de fin de año-, plantea un panorama más oscuro… y bizarro, donde la familia y las decisiones juegan un papel importante.

Earnest vuelve a estar en la calle, Paper Boi con arresto domiciliario y, en medio de la violencia y la locura que empieza a aflorar en la ciudad sureña, conocemos a Willy (Katt Williams), otro de los primos envuelto en una disputa doméstica. Ahí es donde entran los paralelismos no deseados y el “humor” le deja lugar al drama y una situación más realista que, obviamente, en seguida vuelve a cambiar de rango con lagartos gigantes incluidos.    

El director Hiro Murai vuelve a ponerse detrás de las cámaras para “Alligator Man”, y no se anda con chiquitas a la hora de arrancar esta segunda temporada. De entrada, la acción se centra en un grupo de personajes (en apariencia) totalmente ajenos a los protagonistas; una secuencia que nos invita a pensar que relación existirá entre estos tipos y Earn, hasta que nos damos cuenta que es uno de esos tantos artilugios narrativos que utiliza el show para reafirmar una idea: en este caso,  la “Robbin' Season”, y el siempre presente contexto sociocultural de Atlanta.

El “chiste” pronto se transforma en incomodidad y volvemos a ponernos en situación, recordando que no hay nada glamoroso en esta parte de la ciudad (y la sociedad) que transitan los protagonistas. Es obvio que esta sitcom multipremiada no se guía por los convencionalismos del género, es más, les huye y los resignifica, en este comienzo más que nunca.

El hiato de dos años entre temporadas tiene su peso, aunque no lo veamos en la historia (todavía). Hablamos de percepción, de público y la importancia de la diversidad y la representación en estos días, donde queda más que claro (gracias a éxitos como “Pantera Negra”) que los espectadores necesitan que le devuelvan ese reflejo desde las pantallas. “Atlanta” no es una serie con la que todos pueden conectar e identificarse ya que se mueve dentro de su un mundo y una cultura específica. Esto no significa que, entre tanta extrañeza y momentos bizarros, no haya actitudes universales y crudas verdades (racismo, brutalidad policiaca, estereotipos gastados) entre líneas.  

El trío protagonista (Glover, Henry y Lakeith Stanfield como el siempre “excéntrico” Darius), sus disyuntivas y sus personalidades tan características, siguen siendo el pilar de esta comedia dramática que, en su segunda temporada, parece agarrar un sendero más maduro. Claro, esto es lo que se desprende de estos primeros treinta minutos, que pueden desmadrarse a medida que avanza la historia.

Dudas, lealtades en juego y futuros inciertos para los personajes (y la trama) de una de las series más jugadas de los últimos tiempos.