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Analisis | No Carl no, no Carl

ANÁLISIS: The Walking Dead S08E09: Honor (SPOILERS)

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Por: Jessica Blady

¿Todavía no cerraron este antro?

SPOILERS! SPOILERS! SPOILERS!

Ok, tengo menos palabra que político después de la campaña. Juré (¿?) que ya no le iba a dedicarle mi preciado tiempo a los zombies de “The Walking Dead”, pero este regreso del midseason bien vale un último esfuerzo, en parte, para despedir con “Honor” a uno de los mejores personajes de las pasadas temporadas; al menos uno que se fue desarrollando dentro de un esquema racional, algo que no podemos afirmar de la mayoría de los protagonistas.

Entre muchas confusiones, “How It's Gotta Be”, el episodio anterior estrenado en diciembre, nos había dejado con una certeza: los (ir)responsables del show perdieron completamente la chaveta y decidieron deshacerse de uno de esos pocos pilares que mantenían la historia en pie (y esto es mucho decir). Carl Grimes (Chandler Riggs) tenía las horas contadas, una agonía que se extendió a este regreso de mitad de temporada.

A lo largo de ocho años, el pequeño Carl pasó de ser ese “nene molesto” a una verdadera brújula moral para su papá Rick (Andrew Lincoln), los sobrevivientes de Atlanta, y para muchos de los habitantes de Alexandria. El pibe aguantó las balas (literalmente), tuvo que hacerse cargo de la muerte de su mamá, la locura de su papá y otras tantas cosas, sólo para terminar sus días siendo mordido azarosamente por un caminante.   

Los guionistas decidieron apartarse del material original (en el cómic Carl sigue bien vivo) para crear un golpe de efecto, una sacudida que pudiera acomodar la desprolijidad que viene sufriendo el show desde la temporada anterior y, más que nada, una repercusión en la psique del sheriff, totalmente cegado por la venganza contra Negan (Jeffrey Dean Morgan).

La guerra que estalló a principios de esta entrega no parece ir a ninguna parte. El enfrentamiento se convirtió en una seguidilla de triunfos y derrotas que vuelven a casilla cero, así que la solución parece ser encontrar una ¿tregua?, una escapatoria a esa visión de un futuro cercano donde sobrevivientes y Saviors puedan convivir en paz y salir adelante en un mundo caótico donde los únicos villanos son los muertos que caminan.

El sueño de Carl es hermoso, una estúpida utopía imposible de imaginar en este universo donde los humanos son más peligrosos y destructivos que los zombies. Pero es el futuro que quiere imaginar para su papá, su hermana y sus seres queridos antes de acabar con su propia vida.

Riggs nos da todo lo que tiene e igual no logra conmovernos completamente porque los realizadores (te estamos mirando a vos Greg Nicotero) extienden el momento más allá del tedio y el golpe bajo. Todo el peso de la secuencia recae sobre el adolescente, que se va sin echar culpas ni remordimientos. Él iba a ser ese nene que sobrevivió a la brutalidad del apocalipsis, esa alma inquebrantable… pero esto ocurrió sólo en parte. Carl tuvo momentos oscurísimos, aunque se convirtió en uno de los pocos personajes que terminó encontrando un camino justificado.

Lo que no podemos justificar es la decisión de los realizadores de borrarlo de un plumazo con la simple excusa de que su muerte (y esa visión ideal) influya en las medidas tomadas por su padre, en la guerra contra Negan y los Saviors, o cualquier acción violenta que, por ahora, parece inevitable. ¿En qué estaban pensando? Ya no nos interesa porque tampoco nos gusta la manipulación resumida en ese “old man Rick” que ni siquiera resultó un sueño, mucho menos un flashforward donde Carl gozaba de perfecta salud.

Manotazos de ahogado para salvar una historia insalvable que, al igual que el joven Grimes, merece un tiro en la cabeza para acabar con su sufrimiento… y el nuestro.

“Honor”, un episodio larguísimo y tedioso, se mueve entre el final de Carl y la partida de los sobrevivientes de, la ahora, destruida Alexandria hacia Hilltop; y el “rescate” del rey Ezekiel (Khary Payton) a manos de los Saviors, otro de esos momentos sin sentido dentro de la serie.

Ya no entendemos que quieren hacer con Morgan (Lennie James), un personaje que pasó por casi todas las etapas, desde el pacifismo zen a esta nueva versión archi mega vengativa y violenta.

Entendemos que las “circunstancias” (y la muerte de Benjamin) lo pusieron en esa posición, pero nunca hubo una transición adecuada; algo parecido a lo ocurrido con Carol en temporadas anteriores. Así, “The Walking Dead” se convierte en un pastiche de emociones desbordadas y situaciones sin sentido donde la historia dejó de avanzar hace rato, dando vueltas sobre sí misma en una espiral de violencia y remordimientos.

Ya no nos interesa analizar esta serie, claro que tampoco podemos disfrutarla como puro entretenimiento. Nunca fue concebida de esta manera por sus creadores, sino como una exploración de la naturaleza humana en las peores circunstancias, temas que quedaron tapados por el barro de sus propias equivocaciones narrativas y personajes faltos de desarrollo. Con Carl se va nuestra última esperanza… y las ganas de seguir dedicándole nuestro tiempo.   

 

* Ahí va un corazoncito de regalo.