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Editoriales | Pueblitos mononos

En Construcción: StoneHearth

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Por: Maximiliano Baldo

Gráficos coloridos, música relajante, personajes adorables... y una sorprendente jugabilidad

Allá por el mes de Abril de un lejano 2013, el equipo de Radiant Entertainment iniciaba una campaña de Kickstarter para su proyecto: un juego de estrategia con construcción de pueblos, fabricación de ítems y combates épicos. O sea, un símil Dwarf Fortress.

Tendrán que perdonar, queridos lectores, que caiga siempre en la referencia al juego de los enanos ASCII, pero ocurre que allí reside el núcleo de las mecánicas de muchos grandes juegos que ya han pasado por esta sección, como el anterior RimWorld. Ni siquiera debería excusarme, pues es evidente que hay un marcado público para este género; en especial porque Radiant Entertainment alcanzó la nada despreciable suma de U$751.920 para llevar a cabo su sueño; y ellos “apenas” había pedido U$120.000. Más de 22.000 interesados aportaron a la causa y, a pesar de que los desarrolladores apuntaban a un par de años hasta completar el proyecto, todavía hoy continúan desarrollando las desventuras de nuestros peregrinos voxelados en esta cosa tan maravillosa, conocida como StoneHearth.

¿Por qué, entonces, vale la pena hablar de este juego? Bueno, partamos de la base de que, hoy por hoy, es una experiencia altamente disfrutable.

StoneHearth es, entonces, un émulo de Dwarf Fortress. Eso implica que la jugabilidad reside en enviar a un puñado de pobres infelices a un rincón remoto del mundo, donde tendrán que obtener materia prima para fabricar nuevas herramientas e ingeniárselas para sobrevivir a todo lo que el juego les tire a la cara. La diferencia está en cómo traduce el juego ese desafío ante el jugador, y por ese lado el producto de Radiant es muchísimo más amigable que las odiseas de los enanos ASCII.

Este juego causa una primera impresión desde su apartado gráfico. La dirección de arte de StoneHearth es hermosa; una especie de compromiso entre el cubismo extremo de Minecraft y el estilo Chibi nipón, logrando diseños de personajes, objetos y escenarios que se sienten suaves, amigables. Funciona perfecto con la elección de vóxeles como medio para representar a dichos elementos dentro del juego, donde incluso nuestros eventuales enemigos tienen un toque de ternura engañosa que es difícil de ignorar.

Todo bien con el apartado audiovisual (las melodías de fondo también son amenas). ¿Cómo está la jugabilidad, entonces? Ya dijimos que StoneHearth sigue la filosofía de Dwarf Fortress y eso queda demostrado desde el inicio de cada nueva partida. Lo primero que haremos será realizar una serie de elecciones a lo largo de una seguidilla de pantallas, comenzando por el tipo de reino que crearemos (la Ascendencia, de jugabilidad más clásica, y los Hijos de Rayya, una comunidad de mercaderes del desierto), el terreno de juego (bosques y desiertos al momento de escribir este texto) y el área de dicho terreno en el que plantaremos nuestra bandera para dar inicio a la aventura.

Sea lo que sea que elijamos, los primeros pasos en cada nueva partida son los mismos: una vez escogido el punto en el mapa donde construiremos nuestro imperio habrá que obtener recursos de nuestros alrededores para guardarlos en zonas de almacenaje. A partir de ese momento, sin embargo, la jugabilidad cambia ligeramente dependiendo qué combinación de reino y terreno hemos elegido para la aventura actual.

El juego hace énfasis en la especialización de sus individuos, conocidos aquí como “hearthlings”. Todos ellos comienzan como simples pero esforzados trabajadores capaces de talar árboles, minar y recolectar materia prima, pero sólo mediante el uso de herramientas especiales podemos cambiar sus roles a labores específicas. Aquel ciudadano que recibe un azadón pasa a trabajar de granjero para el cultivo y eventual recolección de alimento fresco, mientras que un serrucho lo convertirá en un eximio carpintero. Una vez que tenemos al especialista indicado con su propia mesa de trabajo, todo pedido de construcción pasa por las manos de aquel que puede realizar la labor, ganando experiencia con cada nueva fabricación, expandiendo su catálogo de objetos a medida que mejoramos su habilidad. En etapas más avanzadas, el conocimiento de nuestros trabajadores será suficiente para pasar a un empleo de mayor categoría, dejando su oficio actual a otro hearthling.

Uno de los elementos más interesantes propuestos por StoneHearth es la construcción de viviendas. Aquellos que hemos jugado el juego desde su primera iteración somos testigos del enorme avance que se ha logrado en esta área. En teoría, podemos diseñar un edificio a nuestra medida, tras lo cual nuestros obreros acudirán con la madera y piedra necesarias para su edificación. Ver a estos mononos personajes conglomerarse en un punto del mapa para erguir un edificio nunca deja de ser fascinante. Bloque a bloque se irán formando paredes, pisos y techos, mientras que nuestros especialistas van preparando las puertas, ventanas y otros muebles que formarán parte del mobiliario. El juego ofrece algunos diseños de edificios pre-fabricados, pero nosotros podemos modificarlos a gusto e incluso diseñar nuestras propias viviendas desde cero.

La técnica de construcción ha evolucionado notablemente a lo largo de las diferentes versiones del juego. En un principio todo era caótico; los obreros dejaban edificaciones a medias y muchas veces incluso quedaban atascados con un bloque en las manos, sin saber qué hacer. El tiempo y un notable enfoque en estas mecánicas hicieron que, hoy en día, nuestros ciudadanos sean hábiles constructores que rara vez pierden la dirección.

El combate es otro elemento típico del género y StoneHearth tiene su propia forma de lidiar con el mismo. Si acaso elegimos un área con potenciales peligros (podemos optar por un juego libre de amenazas, para divertirnos sólo construyendo) tendremos que estar atentos a eventuales visitas de seres indeseables. Contamos con un botón de pánico que hace que nuestros hearthlings abandones todo lo que estaban haciendo para pasar a Modo Defensa, que los reúne en el centro de nuestro pueblo (allí donde plantamos nuestra bandera) y los hace defenderse de cualquiera que venga a invadir. Esta opción es viable sólo en los primeros encontronazos, ya que con el correr del tiempo nuestros invasores vienen en mayores números y con mayor ferocidad. Hay que buscar otra solución.

La solución en sí es promover a uno o dos de nuestros ciudadanos más aptos al rango de Soldado, lo que hará que abandonen toda aspiración a construir para enfocarse de lleno a la vigilancia y protección de nuestro pueblo en expansión. Estos valientes serán nuestra fuerza de choque ante el enemigo y de nosotros depende cuidarlos a ellos tanto como ellos cuidarán de nosotros, proveyéndolos de curaciones y mejores armas y armaduras. Al igual que con otros empleos, los Soldados ganan experiencia que, con el tiempo, podrá traducirse en un ascenso de rango a Caballero (gran resistencia y poder de ataque) o Arquero (ideal para ataques a distancia).

Como punto final me parece justo hablar de Radiant Entertainment en su rol de desarrollador. Si bien habían prometido una fecha de lanzamiento que ya pasó hace rato y durante casi un año no hubo noticias de su parte, los que aportamos a la causa no nos quejamos en absoluto de la velocidad en la que se está desarrollando el juego. Puede que esto tenga que ver, una vez más, con la filosofía de Dwarf Fortress y su eterno estado Early Access. Los juegos de esta índole suelen tener largos, larguísimos períodos de desarrollo. Sin embargo, hay algo especial con Radiant, y es que una vez que regresaron del silencio han mantenido un fuerte canal de comunicación con su comunidad de jugadores, en especial cuando se trata de mostrar cómo se está avanzando en el juego.

Todas las semanas suben un nuevo video a su canal de YouTube con un resumen de lo que se estuvo haciendo en los últimos días, y también son muy frecuentes sus transmisiones de desarrollo en vivo, mediante Twitch. Uno puede ver que le están poniendo todo el empeño a mejorar un producto al que le tienen un aprecio innegable, y eso genera una sensación de confianza en el jugador.

StoneHearth es, actualmente, una gran experiencia que se encuentra en plena expansión. Cuenta en la actualidad con suficiente contenido para entretenernos por docenas de horas y todo parece indicar que apenas estamos viendo la punta del iceberg. Si bien no le llega a los talones ni a Dwarf Fortress ni a RimWorld en cuanto a complejidad, su diseño agradable y su relativa simpleza lo vuelve una opción fantástica para cualquiera que desee adentrarse a este género tan especial.

Pero no se dejen engañar por esos diseños mononos, que en su núcleo es más profundo y desafiante de lo que aparenta.