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Analisis | MUCHO MÁS QUE COCTELERÍA CYBERPUNK

ANÁLISIS: The Red Strings Club

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Aventura
Deconstructeam se trae una nueva aventura de conspiraciones y rebeldías. Menos dura que Gods Will Be Watching, claro

Hay una leyenda china que habla sobre el hilo rojo del destino, ese cordón invisible que ata a las personas que están destinadas a cruzarse o ayudarse en algún momento de su vida. El cuento tradicional es una historia de amor, pero The Red Strings Club va por otro lado. No quiero decir que en la aventura de Deconstructeam no haya lugar para el romance, pero la referencia más grande a la leyenda que le da nombre al juego nos llega en los primeros minutos, cuando vemos a Brandeis caer de un rascacielos. En ese momento no sabemos quién es, pero no tardamos mucho tiempo en darnos cuenta de que la trama está pensada para converger en ese punto. ¿Cuándo y cómo fue que selló su destino para que todo termine en una muerte tan heroica? Bueno, “heroica” dependiendo desde qué punto se la mire. Porque eso es The Red Strings Club, una fábula cyberpunk en la que la enseñanza la elige el jugador.

Deconstructeam es el joven estudio español que hace unos años nos voló la peluca con Gods Will Be Watching. Si hay algo que se les da bien, eso es disfrazar sus videojuegos de algo que no son. Me imagino que no fui la única en arrancar Gods Will Be Watching pensando que sería una aventura gráfica normalita. Con The Red Strings Club sucede algo parecido cuando los primeros compases nos introducen a dos minijuegos bastante engorrosos en términos de controles. Los trailers pueden darnos la idea de que estamos frente a un simulador de cocteles y alfarería. Lo cierto es que sí, hacemos cocteles y modelamos implantes humanos, pero el peso fuerte del título está en los diálogos. The Red Strings Club es prácticamente una aventura conversacional en la que forjamos nuestro camino hacia ese final predestinado.

La historia de corte cyberpunk está excelentemente escrita y si alguna vez me quejé de que los videojuegos pueden ser demasiado básicos al hablar de temas como el transhumanismo, las mega corporaciones y las inteligencias artificiales, le mando kudos extra a The Red Strings Club por abordarlos desde un ángulo humano y entretenido, porque también es muy importante saber escribir una historia tan profunda como llevadera, con diálogos atractivos, que quiebran la cuarta pared de formas muy inteligentes.

En un futuro que no parece tan distante, Supercontinent LTD planea lanzar un plan que apaga las emociones negativas de las personas. La línea que separa la utopía de la distopía puede ser muy delgada en casos como este, porque el plan de Supercontinent no estaría del todo mal di diese la opción de elegir. Felicidad obligatoria significa tecnología como opio del pueblo y pérdida del libre albedrio. Al menos así ven las cosas el cantinero Donovan y el susodicho Brandeis, hacker freelancer.

La mecánica central consiste en entablar conversaciones en el bar de Donovan mientras les preparamos tragos a quienes nos visitan. El tipo es muy diestro en la coctelería y puede generar emociones en sus interlocutores con sus bebidas. Así comienza el minijuego de simulador de bar en el que elegimos si servir una bebida que incentive la paranoia o la empatía, por ejemplo. Los controles para armar los tragos son un poco rebuscados y esta quizás sea la única pega que tiene esta apasionante aventura.

Donovan trafica información, por eso es muy importante poner a nuestros invitados en el humor correcto para que respondan lo que buscamos. Un trago bien servido es un paso adelante para desenmascarar a Supercontinent LTD. Y cuando un cliente deja el bar, es el turno de charlar con Akara, un androide de IA muy avanzada que puede interpretar emociones. En estos momentos, el juego nos desafía con un test de 10 preguntas para comprobar qué tan bien leemos a nuestros clientes. Lo curioso es que la última pregunta no se puede fallar porque siempre pide nuestra opinión y ahí es cuando comenzamos a entender que lo que nos cuenta The Red Strings Club tiene muchos matices. No es una historia de villanos y héroes, sino una que aborda problemáticas sociales, muchas de ellas vigentes, que van desde la hipocresía moral, la discriminación y hasta la sexualidad. Y su inteligencia está en cómo elige abordarlas.


Al final del viaje, todo culmina en la anunciada escena de Brandeis cayendo al vacío. Y no hay forma de cambiar eso. Pero sí podemos elegir cómo llegar hasta allí y lo mejor de todo es que lo hacemos sin miedo de ser juzgados, sin penalizaciones absurdas a lo Telltale Games, que crea falsas sensaciones de victoria o derrota con esos carteles de “este personaje recordará esto”. No hay buenos o malos finales en The Red Strings Club, hay caminos diferentes, forjados por nuestras creencias y opiniones, como la última respuesta del test de Akara, que queda abierta a nuestro criterio total. El hilo rojo desemboca siempre en el mismo final, pero nosotros elegimos qué nos deja The Red Strings Club. ¿Indiferentes? Seguro que no. 

LO MEJOR: 

  • Está tan bien escrito como deberían estarlo todas las aventuras narrativas
  • Estéticamente es la gloria, desde la banda sonora a la paleta de colores violácea de neón puro
  • Tiene un final determinado, pero el camino no es linea y le reconoce las elecciones al jugador rompiendo la cuarta pared 

LO PEOR: 

  • Los controles de los minijuegos no terminan de cuadrar