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Analisis | El diablo puede llorar

ANÁLISIS | Devilman Crybaby

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Por: Florencia Orsetti

Devilman vuelve a la pantalla como siempre quisimos: violento y atrevido como ningún otro anime moderno

Devilman no la pegó tan fuerte en nuestro país como sí en Japón. El manga de Go Nagai (a quien nosotros conocemos mejor por Mazinger Z) ya tiene 45 años y no es arriesgado afirmar que nunca recibió una adaptación en pantalla digna de sus páginas. Nunca… hasta ahora. Devilman Crybaby es el nuevo anime de Netflix, una serie limitada de 10 episodios que adapta la obra de Go Nagai con todos sus tonos crudos, chanchos y brutales incluidos, aunque también se toma algunas licencias artísticas que le sientan muy bien.

Devilman Crybaby sigue a Akira Fudo, un joven bastante introvertido e inocente que termina siendo poseído por un demonio, aunque no por uno cualquiera, por Amon, una implacable bestia infernal conocida como Señor de la Guerra. En el mundo de Devilman, hay muchísimos humanos poseídos por seres sobrenaturales, pero lo que hace especial a Akira es que es tan noble, que puede retener su corazón humano cuando está transformado. Junto a su mejor amigo Ryo, un tipo de guita con mal caracter, juntos buscarán la forma de revelarle al mundo la amenaza demoníaca, aunque se cobren vidas en el camino.

La premisa no suena precisamente original, lo que vuelve atractiva a Devilman Crybaby es la ejecución. La serie derrocha violencia y sexo por doquier como ya no se ven en los animes modernos. Lo grotesco del asunto nos recuerda a obras como Urotsukidōji y Ninja Scroll, pero con la diferencia de que Devilman hace de lo brutal su lenguaje, su arte. Acá es cuando cobra importancia nombrar a su director, Masaaki Yuasa, a quien algunos deben conocer por series de anime como Kaiba y The Tatami Galaxy. El creativo japonés es un animador de vanguardia, a quien le gusta muchísimo la animación tradicional, las viñetas monocromáticas y lo lisérgico.

A primera instancia, Devilman puede parecer poco arriesgada desde lo visual porque tiene animaciones de personaje simples y fondos muy planos. La gracia está en los momentos de acción, que copan la pantalla enseguida, y que viven gracias a los colores, la superposición rápida de imágenes y los efectos de iluminación CG, entre otras técnicas que generan hipnosis en el jugador. La palabra es esa: hipnótico. Devilman Crybaby es un anime que cuando agarra ritmo, no para; es un espectáculo visual energizado por una banda sonora igual de adrenalínica con tonos triphoperos y electrónicos.  

Para quienes leímos el manga, el mayor triunfo de esta nueva adaptación es que rescata el final apocalíptico y trágico de Go Nagai. La serie de anime de 1972, titulada Devilman a secas, de 39 capítulos, era una adaptación más desganada y tradicional, que prefirió imaginar un abúlico final feliz. Crybaby nunca deja de pisar el acelerador, como ya hacía el manga, y, a medida que pasan los episodios, se vuelve cada vez más arriesgada, vanguardista y atrevida. El sexo y la violencia no se hacen desear, como tampoco los tintes bíblicos y apocalípticos.

Devilman Crybaby es una victoria de la animación, un anime que sabe manejar muy bien los cambios de tono, porque hasta entiende cuándo debe ser cómico, sin dejar de ser oscuro e incómodo. Y si vamos más allá de lo visual, encontramos también que tiene mucho para leer entre líneas. La historia tiene una base filosófica y pesimista que habla de la miseria humana más primitiva, los impulsos y los vicios, y lo difícil que es resistirnos a ellos. Lo malo es que, a veces, el guion y los personajes no están a la altura de estos planteos más profundos. 


Netflix se trae un anime de autor, con un estilo visual de puro vértigo, que recurre al sexo y la violencia en extremo, sin llegar a ser burdo y chato por eso. Su costado humano y trágico cala hondo en nuestra psiquis, aunque no es lo que nos mantiene pegados, sino su ritmo acelerado, que, junto su animación de caleidoscopio, es lo que lo vuelve adictivo.