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Analisis | Más elegantes que los Soprano

ANÁLISIS: McMafia S01E01: Pilot (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: McMafia
Una historia de mafiosos rusos que se sale un poco de los estereotipos.

Si andaban necesitando una serie de mafiosos, “McMafia” podría convertirse en su nuevo pasatiempo. La creación de Hossein Amini (guionista de “Drive”) y James Watkins (“La Dama de Negro”), para la BBC y AMC, toma como punto de partida el libro de no ficción “McMafia: A Journey Through the Global Criminal Underworld” (2008) del periodista Misha Glenny, y bucea en las organizaciones criminales de hoy en día, más ligadas a las “franquicias” (de ahí su gran título), y mucho menos a los estereotipos gansteriles más reconocidos.

Los Godman son una familia rusa que tuvo que dejar su tierra a causa de sus negocios non santos y establecerse en Inglaterra. Allí, el hijo menor Alex (James Norton) decidió desligarse del pasado turbio de su padre y su tío Boris (David Dencik), estudiar en las mejores escuelas, y convertirse en un inversionista de confianza (¿?). Pero aunque lo quiera, no puede escaparse de estos peligrosos lazos familiares, y unos cuantos rumores pondrán en juego su exitoso negocio, obligándolo a buscar nuevos inversores. Entre ellos, Semiyon Kleiman (David Strathairn), un israelí amigo de Boris con muchas ganas (y necesidad) de lavar sus grandes sumas de dinero.  

Lo que Alex no sabe es que su tío y Kleiman confabularon para acabar con Vadim Kalyagin, “hombre de negocios” ruso y ex KGB responsable de los infortunios de los Godman que, tras sobrevivir a un atentado, no pierde el tiempo para tomar represalias.

Ahora, tras un trágico evento, es tarea de Alex tomar una decisión que podría salvar a su familia, pero que al mismo tiempo lo estaría arrastrando a ese mundo que siempre esquivó: los bajos fondos criminales, que en pleno siglo XXI se expanden por varios continentes creando un imperio (comercial) bastante peligroso.

El Planteo de “McMafia” es más que interesante, sobre todo porque compara el submundo gansteril con ese otro que tampoco está tan bien visto como es el de las transacciones comerciales, las inversiones y los bancos. A las vista de estos jugadores no hay diferencia y todo se trata de negocios millonarios, claro que algunos son más legales que otros, aunque impliquen el mismo riesgo. Pero también entra en juego el poder, esa arma que define a este subgénero, y el honor familiar que, acá, se mueve entre seguir o no los designios del padre.    

Los ocho episodios de la temporada están dirigidos por Watkins de manera elegante y dramática, en oposición a lo efectista, paseándonos por Londres, Tel Aviv, Moscú y cuanta ciudad se les ocurra, con el único propósito de mostrarnos la magnitud y ramificaciones de los negocios que entrecruzan a Kleiman, Kalyagin y los Godman; y una guerra que está por comenzar para ver cuál de todos es el pez más gordo que terminará acaparando el mercado. Como bien lo plantea Kleiman, es Burger King tratando de superar a McDonald's.

Este es el puntapié de un gran primer episodio donde se destaca la actuación de Norton como el chico elusivo y superado que reniega de la herencia familiar y se mantiene limpio y legal, al lado de su refinada noviecita inglesa (Juliet Rylance); pero que poco a poco se va metiendo en el barro y, suponemos, encontrarle la vuelta a las reglas del juego, usando más la cabeza y los números, en vez de las armas y la violencia.