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Analisis | La caída del sueño americano

ANÁLISIS: The Polka King

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Por: Jessica Blady

Jack Black se convierte en un simpático estafador, pero no nos arranca ni una sonrisa.

“The Polka King” (2017), producción distribuida por Netflix que viene dando vueltas desde su estreno en el Festival de Cine de Sundance del año pasado, intenta ser una dramedia basada en hechos reales protagonizada por un personaje realmente bizarro: Jan Lewan (Jack Black) es un inmigrante polaco que llegó a los Estados Unidos para vivir el sueño americano, y terminó convertido en una estrella musical de medio pelo, pero más que nada en un estafador que pasó cinco años en la cárcel pagando el precio de sus engaños.

Lewan y su banda de polca alegran festivales y todo tipo de reuniones a lo largo y ancho de Pensilvana. Cuando no está en el escenario o en algún programa de TV local, el simpático y carismático Jan lleva adelante su propio negocio de chucherías polacas junto con su esposa Marla (Jenny Slate), y planea un imperio musical que nunca parece llegar a concretarse. Imposible con la miseria que gana, y es ahí donde comienza a “recaudar” inversiones a través del fraudulento esquema Ponzi, tomando el dinero de sus propios fans, la mayoría jubilados con ganas de juntar intereses para el futuro.

Una cosa lleva a la otra, y pronto Lewan empieza a expandir sus negocios y espectáculos. Los movimientos financieros llaman la atención del fisco, pero todo queda en una pacífica advertencia que, obviamente, él decide pasar por alto. Mientras tanto, el músico genera nuevos proyectos para sus incautos inversores, prometiendo intereses imposibles y audiencias con el Papa Juan Pablo II.

Estamos en la década del noventa, y a pesar de la estafa todo parece bastante ingenuo en el mundo de los Lewan. Ni su esposa, ni su mejor amigo Mickey Pizzazz (Jason Schwartzman) sospechan de dónde sale tanto dinero, pero su suegra Barb (Jacki Weaver) no guarda los mismos sentimientos.     

Los súper independientes directores y guionistas Maya Forbes y Wallace Wolodarsky toman como punto de partida el documental de John Mikulak y Joshua Von Brown “The Man Who Would Be Polka King”, pero el aire satírico que le impregnan a su relato no termina de convencer y sólo nos quedamos con estos protagonistas caricaturescos y chatos, sin importar cuanto se parezcan a sus homónimos verdaderos. Jack Black no deja de ser un personaje de acento tan falso como su sonrisa, un tipo que hace lo imposible para cumplir ese “sueño americano” que le vendieron y justifica sus crímenes por el bienestar de su familiar, aunque lo que más le interesa es la sensación de fama… y el dinero, por supuesto.

No importa cuánto se esfuerce, “The Polka King” no puede arrancarnos ninguna sonrisa. Tampoco logra convertirse en una reflexión (o análisis) de la década del noventa y sus estrafalarios personajes mediáticos, ya que parece moverse en un extraño universo fantástico y pueblerino ocupado por habitantes torpes e ingenuos, incluyendo a las autoridades.

Ese absurdo que tiene como meta nunca llega a concretarse y la historia cae por su propio tedio. Sí, “The Polka King” no solo no es graciosa, sino también aburrida, y eso que apenas nos saca una hora y media de nuestro tiempo. Estamos ante una película del montón, una historia ‘ok’ donde nada se destaca, salvo esa estética berreta tan de los años noventa, exacerbada en la figura de Lewan y su entorno, que termina confirmando el viejo dicho de que “la realidad siempre supera a la ficción”.

En su momento, el escándalo de Jan habrá llenado algunas páginas de los diarios, pero no consigue atraparnos como relato, justamente, por la ‘deformidad’ de los personajes y un argumento que carece de atractivo, al menos, en las manos de estos realizadores que no supieron aprovechar lo que tenían entre sus manos.

LO MEJOR:

- La vuelta a este pasado tan bizarro que propone.

- Jenny Slate, porque nunca hay suficiente Jenny Slate.

 

LO PEOR:

- Lo caricaturesco de sus personajes.

- La falta de potencia del relato.

- No sabe aprovechar los hechos reales.