Publicado el

Analisis | Somos lo que comemos

ANÁLISIS: Raw

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Tags: TerrorRaw
Un poquito de terror incómodo, venido desde Francia.

Ya dijimos, en varias oportunidades, que el 2017 fue un gran año cinematográfico para el género de terror, más que nada por sus historias originales, mucho más enmarcadas en aspectos sociales y psicológicos, que en los sustos fáciles, los monstruos y el gore. “Raw” (Grave, 2017) no pasó por las salas locales, pero desde su estreno en el Festival de Cine de Cannes en 2016, dejó bastante impactados a los críticos y el público. Y cunando decimos impactados, imagínense una sala llena de espectadores en Toronto que tuvo que ser asistida a causa de la impresión de algunas de sus imágenes más “crudas”.  

Dejando estas exageraciones a un lado, la historia pergeñada por la realizadora francesa Julia Ducournau se centra en Justine (Garance Marillier), jovencita proveniente de una estricta familia vegetariana, que comienza su primer año en la misma facultad de veterinaria donde cursaron sus padres y donde su hermana Alexia (Ella Rumpf) ya está realizando sus estudios.   

A los jóvenes recién ingresados les espera un año jodido lleno de novatadas y una dura “iniciación” a cargo de los estudiantes más mayorcitos. Como parte del ritual, Justine debe comer carne cruda de oveja, pero no puede negarse si no quiere convertirse en una paria social. La degustación tiene efectos secundarios inmediatos en su cuerpo, extrañas alergias y esas cosas, pero también despierta un ansia por la carne cruda, aunque no particularmente proveniente de animales.   

Justine es introvertida, muy buena estudiante, y sin experiencias románticas. Obviamente, está en pleno despertar sexual, y no le ayuda el hecho de sentir atracción por su compañero de cuarto homosexual. Ducournau liga ambos deseos y ahí es donde los apetitos de la chica se vuelven tan peligrosos como incontrolables. Por suerte tiene el apoyo de Alexia que, lejos del hogar, encontró sus propios métodos para calmar sus ansias.

Desde su título, “Raw” (crudo), no hace solo referencia a los gustos carnívoros de la protagonista: tiene mucho más que ver con los instintos primigenios del ser humano y la imposibilidad de contenerlos, que con el recurso terrorífico del canibalismo. En primera instancia, Ducournau (también guionista) delinea una historia ‘coming of age’, aunque bastante alejada de las clásicas estudiantinas románticas a las que nos acostumbró el cine hollywoodense. La producción franco-belga pretende incomodar al espectador y lo logra con creces, ya que su relato resulta tan desagradable como atrayente, igual que cuando atestiguamos un accidente en la ruta. Lo que vemos en pantalla es grotesco y asqueroso, pero igual no podemos apartar la vista.

Imposible, cuando las imágenes son tan bellas como repulsivas. A Ducournau se le nota la admiración por el giallo, cierta estética e impronta femenina, y esas imágenes surrealistas a lo Buñel, pero su drama es moderno y más allá de los giros terroríficos, esconde esa búsqueda de identidad tan propia del subgénero adolescente.

“Raw” no es la típica película de terror caníbal, ni tampoco es para estómagos blanditos; pero la repugnancia que genera no tiene tanto que ver con la sangre y el gore (que en sí, no es tanto), sino con las actitudes de sus protagonistas… y nuestra propia capacidad/voluntad para apartar o fijar la vista, si nos atrevemos.

 

LO MEJOR:

- Que pone el drama por encima del gore.

- Esa estética fría y opresiva.

- La actuación de Garance Marillier, por Jebús.

 

LO PEOR:

- Su crudeza no es para cualquiera.

- No se puede acompañar con pochoclos.