Publicado el

Analisis | La Reina que es Rey

ANÁLISIS: Reigns Her Majesty

Volver a la home

Por: Florencia Orsetti

Tags: Reigns
¡Reigns lo hizo otra vez! La secuela nos convierte en sus súbditos y nos mantiene pegados a él

Reigns fue una de las grandes sorpresas del año pasado. El título, disponible en PC también, se jugaba especialmente bien en smartphones gracias a su mecánica de swipe. Básicamente, encarnábamos a un rey que tenía que tomar las decisiones más difíciles e hilarantes para mantener a su reino a flote. Con un solo desliz del dedo, podíamos llevar el reinado al éxito o sepultarlo para siempre. Con Reigns: Her Majesty obtenemos la secuela que esperábamos: con más humor ácido, más cartas de personajes locos y la cuota justa de adicción como para que lo sigamos jugando siempre que haya 10 minutos libres.

Reigns: Her Majesty sigue la estela del primer juego. Llevamos adelante un reinado y deslizamos la pantalla a la derecha o a la izquierda para tomar una decisión. Los interrogantes vienen uno tras otro y nuestra tarea consiste en mantener en la medida justa a la Iglesia, el Pueblo, el Ejército y los Fondos del reino. Por ejemplo, si un médico del reino llega a pedirnos que construyamos un observatorio, probablemente el indicador de Pueblo aumente, porque todos estamos contentos cuando la ciencia progresa… todos menos la Iglesia, así que ese indicador va a bajar. Lo mismo para los Fondos, porque cuesta dinero construir edificios. Si un indicador llega a cero o si elevamos uno al máximo –porque los excesos están igual de mal–, sufriremos una muerte trágica y divertida, y volveremos a gobernar, en la piel de otra reina.

Hasta acá todo suena familiar para quienes jugaron Reigns, pero lo cierto es que Her Majesty se trae varias novedades inesperadas. Las más obvias surgen del hecho de que estamos controlando a una reina. Ahora podemos tener amoríos, de todos los sexos y culturas, ¡y más de uno a la vez! También tenemos que balancear nuestra imagen, porque la Iglesia y el Pueblo cuestionan nuestra figura y lo ostentoso de nuestro vestuario. Asimismo, se abre la puerta para darle lugar a un humor que critica fuerte el rol de la mujer en el Renacimiento, es decir,  tenemos a una reina claramente feminista, ¿cómo se imaginan que sería vista ante los ojos de la iglesia y el ejército? Aprender a ser desafiantes sin terminar quemada como bruja es un retro interesante también.  

De todas formas, hay cambios más sustanciales en el diseño del juego. Her Majesty pone el factor zodiacal sobre la mesa. Esto podría explicarse fácilmente diciendo que los sucesos que se le presentan a cada reina dependen de su signo zodiacal. Cuando arrancamos un reinado, nos enteramos el signo de nuestra protagonista. A medida que vamos jugando, nos daremos cuenta de que algunos misterios y secretos solo se resuelven bajo la influencia de cierto signo. Esto refuerza el elemento azaroso que ya de por sí tenía Reigns y hace que tengamos que repetir varias situaciones, muchas veces en el afán de vivir muchas vidas para cambiar de signo.

Hay  un factor místico en la historia y un sistema de inventario que nos permite interactuar con los personajes y el entorno. Podemos cambiar nuestro signo zodiacal gracias a un objeto particular o zafar de una muerte trágica con otro de ellos. También tenemos la infaltable arma de duelos, en este caso una pistola, y otros cachivaches bastante más inútiles que pueden generar reacciones divertidas si los usamos. Hay que aclarar que el juego nos penaliza (hasta con la muerte en el caso más extremo) si usamos un objeto de manera incorrecta, de modo que el método prueba y error tiene sus contras. Lo lamentable es que a veces no nos queda otra. En Reigns podemos llegar a estar muy trabados.

Vamos progresando a medida que cumplimos objetivos, que se van complejizando. Estos van desde algo sencillo como “Ganar un duelo” a “Tener 4 amoríos al mismo tiempo”  o “Gobernar sin el Rey”. A medida que los cumplimos, desbloqueamos más cartas y, por ende, más personajes, más formas posibles de morir y nuevos objetivos. Para sacarle todo el jugo a Reigns: Her Majesty no solo deberemos intentar llegar al mejor final, sino experimentar todos y cada uno de los posibles destinos que le pueden tocar a nuestra reina. Lo mejor de todo es que aunque no logremos sacar un buen final, el camino siempre se disfruta con creces.


Llega el punto en que nos queda tan poco por desbloquear que se antoja repetitivo y, como ya les mencioné, los signos zodiacales y el sistema de inventario de objetos vuelven todo un poco más azaroso y dan menos lugar a la prueba y el error. Sin embargo, como su fuerte pasa por el humor, tras jugarlo intensamente por una semana, no hubo día que no lo haya retomado, ya sea para volver a reírme con algún chiste o para maltratar a mis súbditos y guardarme todo el chocolate del reino para mí sola. Y todavía sigue instalado en mi iPhone y estoy segura de que va a seguir ahí por bastante tiempo más. Hay magia en Reigns: Her Majesty, en la historia del juego, sí, pero especialmente en la forma en que nos hace adictos a él. 

 

LO MEJOR:

  • Reigns está de vuelta como siempre lo quisimos
  • El humor y el ingenio de las situaciones
  • Es adictivo

LO PEOR:

  • Llega un punto en que se vuelve repetitivo
  • Hay sucesos que parecieran que son puro azar