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Editoriales | Fórmula para el éxito

En Construcción: Opus Magnum

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Por: Maximiliano Baldo

Zachtronics nos trae otro de sus ingeniosos desafíos de lógica, y ya está lleno de contenido

Voy a ser el primero en admitir que siento un profundo respeto y admiración por Zachtronics. Sus juegos suelen caer muy fuertemente del lado del ingenio; pero es un ingenio especial, inteligente. El tipo de ingenio que me gusta. Ya cuenta en su historial con varios títulos que me han puesto a pensar de verdad; desafíos de lógica con reglas precisas y condiciones de victoria exactas… pero con un problema recurrente: sus puzles y sistemas suelen ser difíciles de entender. Vean, si no, su excelente Shenzhen I/O; un juego en el que debemos literalmente diseñar y programar circuitos eléctricos valiéndonos de un archivo PDF para entender el funcionamiento de sus diversas piezas. No es la forma más eficiente de comunicar las reglas de tu juego, más allá de que encaja perfecto con la ambientación del mismo.

Por eso es tan importante destacar los grandes beneficios de su nueva creación, Opus Magnum; aunque uno ha de ser honesto y admitir que no es, en realidad, tan “nueva” como parece. Fue hace casi diez años que Zachtronics lanzaba, en el 2008, “The Codex of Alchemical Engineering”.

Se trata de un juego Flash (que pueden jugar aquí mismo) en el que el objetivo es manipular átomos para crear moléculas especiales. Dicho de otra forma, el origen de Opus Magnum. Tanto, de hecho, que a “The Codex…” le siguió “Magnum Opus Challenge”, una expansión del juego original con nuevos y más desafiantes niveles. Era evidente que había un público entusiasta por el producto, así que sólo era cuestión de tiempo para que Zach Barth, responsable principal de aquel juego, trajera el concepto a los tiempos actuales.

El concepto básico de Opus Magnum es el mismo de “The Codex…”: como Alquimistas que somos tenemos la misión de ensamblar un mecanismo que manipule átomos elementales mediante el uso de un conjunto de piezas móviles: brazos simples y brazos extensibles, ambos programables para seguir una serie de instrucciones básicas. En cada nivel se nos hace entrega de un Objetivo (una pieza o conjunto de piezas con bordes dorados) y de Reagentes (una pieza o conjunto de piezas que generan sus componentes). Ya con un punto de inicio y un final deseado, el resto depende exclusivamente de nosotros.

Aquí es donde Opus Magnum comienza a brillar. En “The Codex…” la posición del Objetivo y de los Reagentes ya venía pre-establecida, nivel tras nivel; pero en Opus Magnum ese detalle queda a nuestra entera disposición. Tan sólo este detallito ofrece enormes libertades a la hora de encontrar nuestra solución. También es importante hacer notar que Opus Magnum es uno de los juegos más permisivos del catálogo de Zachtronics: nuestro tablero de juego no se limita a lo que se ve en pantalla, sino que podemos desplazarnos más allá de sus bordes, pudiendo diseñar máquinas verdaderamente complejas.

Es más, no hay un límite estipulado en la cantidad de piezas a usar. Recuerden que la única verdadera misión del juego es cumplir el objetivo. Si terminamos creando una abominación que tarda diez minutos en realizar el trabajo, está perfecto; se cuenta como válido… pero entonces aparece otra estampa de anteriores juegos de Zachtronics, y esta vez juega un papel fundamental en el atractivo del título: las tablas de desempeño.

Cada solución se contabiliza en tres factores: el costo de la máquina ensamblada, el tiempo en ciclos hasta llegar al objetivo, y el área de trabajo. Al cumplir la misión veremos en pantalla los promedios mundiales del nivel que acabamos de superar, y nuestro lugar en relación de nuestro desempeño. Es entonces que uno ve que, caramba, la máquina que creíamos haber diseñado con tan poco espacio es la segunda en posición, pues hay un pequeño grupo de desgraciados que ha conseguido valores de área menores al nuestro… y luego notamos que nuestro costo se fue a las nubes… ah, pero nuestra solución es una de las más rápidas, utilizando menos ciclos.

Y es entonces, queridos lectores, que uno regresa a su diseño ganador, le da una mirada crítica y se hace la fatídica pregunta: “¿Cómo puedo hacer esta máquina más eficiente?”

Ahí es donde Opus Magnum triunfa de verdad, en el balance de esos tres poderes: Costo, Ciclos y Área. Es prácticamente imposible obtener valores bajos en las tres al mismo tiempo ya que, como bien se sabe, todo es relativo. Podemos bajar el costo y el área de nuestra máquina si eliminamos un par de piezas, pero entonces tendremos que aumentar los ciclos, ya que tendremos menos piezas para programar y, por ende, más programación por pieza. Podemos hacer una máquina extremadamente veloz, pero para eso hay que invertir en una gran cantidad de piezas que, desde luego, ocuparán más área.

No existe una solución perfecta en Opus Magnum, y eso es lo bueno. La solución siempre depende de nosotros y de nuestro objetivo. Algunos querrán diseñar de forma minimalista, con la menor cantidad de piezas posibles. Otros buscarán diseños más complejos e intrincados, reduciendo el tiempo de operación. Otros se divertirán intentando construir la máquina más innecesariamente complicada del catálogo. Y todas ellas son opciones válidas, pues el objetivo se cumple en cada una.

El segundo triunfo de Opus Magnum está en su naturaleza intuitiva. Construir máquinas es tan simple como tomar un elemento de las bandejas de la izquierda y dejarlo caer en el tablero, pudiendo modificar su rotación en el mismo mediante un conveniente nodo en la pieza elegida. Cada brazo añadido al diseño activa una cinta de programación en la parte inferior del tablero, en la que tendremos que colocar las instrucciones que dicha pieza ha de obedecer en secuencia.

Todo lo que necesitamos aprender se nos lo explica a lo largo del capítulo tutorial del juego, tras lo cual cada nueva pieza de interés se explicará en el momento necesario. Más allá de un diagrama de referencia para las transmutaciones básicas (siempre disponible en el botón del extremo derecho de la barra de Programación) no necesitaremos más instrucciones.

Los desafíos no se limitan a la campaña principal. Hay dos elementos adicionales que hacen de Opus Magnum un paquete todavía más tentador. El primero es la inclusión de los “Jardines de Sigmar”, un simpático juego de Solitario utilizando los elementos del juego. No es obligatorio superar estos desafíos, pero son una linda alternativa para distraernos y pensar en otra cosa.

El otro elemento fantástico es la integración con Steam Workshop mediante un editor de desafíos. Imaginen Super Mario Maker. ¿Listo? Ya entendieron el concepto del editor de niveles de Opus Magnum: debemos crear un Objetivo y elegir los Reagentes que ofreceremos a nuestras víctimas, y sólo si nosotros demostramos que puede ser resuelto, el desafío será subido a la red para que cualquiera pueda darle una oportunidad. Es un detalle que suma toneladas de contenido a un juego que ya ofrece mucho.

Opus Magnum es un juego accesible para todo el que desee darle una oportunidad; desde ignotos en el tema de los puzles hasta obsesivos de la eficiencia; cualquiera puede entrar a este mundo de Alquimia de fantasía y descubrir las atrapantes mecánicas detrás de sus reglas simples y flexibles. Aún en su estado Early Access ya puede considerarse un juego completo, pero la posibilidad de nuevas inclusiones a futuro (¿nuevas piezas… nuevos elementos… nuevos capítulos de campaña?) es un prospecto tentador.

Si les gustan los buenos juegos de ingenio, o si al menos sienten curiosidad por un desafío de programación y logística, no dejen de darle a este título una muy merecida oportunidad. Es una verdadera fórmula para el éxito y esperamos que su eventual fecha de lanzamiento lo encuentre todavía en mejor forma.

Mientras tanto… a diseñar se ha dicho.