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Analisis | CASTIGATE TRANQUILO

ANÁLISIS: The Punisher: Temporada 1 (CON SPOILERS)

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Por: Leo Valle

El primer spin-off del universo de Marvel en Netflix cae mejor parado de lo que debería.

Tras las enormes decepciones que resultaron “Iron Fist” y “The Defenders”, ni el más fanático de Marvel espera con ansias una nueva serie de este universo televisivo que tan bien comenzó hace unos años con “Daredevil”. Mucho menos, imagino, cuando se trata de un personaje tan unidimensional como “The Punisher”.

Sin embargo, el showrunner Steve Lightfoot (Hannibal) y su equipo se sacaron de la galera un producto que aún conservando la fórmula de Netflix (con todos los errores que eso significa) consigue mantener el interés del espectador y elevar la vara de calidad a fuerza de buenas actuaciones y algunas discusiones tan actuales como necesarias.

Quienes hayan leído el pre-análisis de The Punisher, en el que repasé los primeros seis episodios de la serie, sabrán que durante la primera mitad Frank Castle y compañía se enfrentan con su mayor némesis: el ritmo propio de las series de Marvel  y Netflix. Los guionistas se toman seis horas para acomodar las piezas en el tablero, cuando la mitad de las situaciones se ven venir a la legua. Nadie nunca no supo que Billy Russo (Ben Barnes) era un villano. Todos entendimos de inmediato que Lewis Walcott (Daniel Webber) iba a representar el terrorismo interno. Sam Stein (Michael Nathanson) tenía las horas contadas desde el minuto en que lo vimos. Dinah (Amber Rose Revah) no encuentra su lugar en la serie hasta el final y se siente que todo lo que vivió fue en vano.

De esos primeros episodios se sostienen por la dinámica entre Frank y David “Micro” Lieberman (Ebon Moss-Bachrach), que no tienen problemas en marcar las incoherencias en el comportamiento del otro aún trabajando con un objetivo en común. Y ahí radica gran parte del atractivo de The Punisher. No tanto en el personaje en sí (que se engrandece por una excelente interpretación de Jon Bernthal), sino en cómo se construye en base a su proyección en otros y su relación con el entorno. 

Nunca tenemos más que pequeños vistazos de Frank con su familia. Recuerdos, sueños y las visiones de su muerte son los nuestros únicos contactos con el resto de los Castle. Pero es a través del alter-ego Pete Castiglione y su encuentro con los Lieberman (la familia de David) que vemos otra cara de este asesino implacable, su costado paternalista y su valor como compañero. Lo mismo sucede con las escenas que Castle comparte con Karen Page (Debora Ann Woll), durante las cuales Bernthal se transforma completamente y deja ver su costado más vulnerable, o los intercambios con Curtis Hoyle (Jason R. Moore), la voz de la razón y la contracara no reaccionaria de Castle.

Justamente el grupo de Curtis es quizá el costado más interesante y el menos explorado de la serie. Es verdad que The Punisher no es un drama de stress post traumático, pero las consecuencias de los conflictos que intenta retratar la serie no estarán mejor representados que en las voces de aquellos que los vivieron. Y ese es uno de los mayores problemas de la serie: toca muchas temáticas pero no profundiza en ninguna.

Dinah y Sam, agentes de una Seguridad Nacional, se sienten como un par de detectives promedio. No hay un peso real en sus roles y su posición no genera ningún debate (hasta los últimos dos episodios) acerca del rol de las organizaciones gubernamentales y su responsabilidad en crímenes de guerra. El control armamentístico, un tema vigente en los Estados Unidos, es tratado de forma superficial y expuesto en una situación en la que, paradójicamente, si Karen (la defensora de la tenencia de armas) hubiera dispuesto de su pistola, podría haber resuelto un conflicto de forma sencilla e inmediata. Micro como el hacker traicionado por su Gobierno no tiene redención real y su accionar no trasciende.  

También hay que destacar que, casi por necesidad, The Punisher es la serie más desconectada del todo el universo Marvel, sea en TV o en cine, pero particularmente el que vemos en pantalla grande. Es necesario callar ciertas preguntas fundamentales que sus protagonistas deberían hacerse. Estamos hablando de soldados que siguen dando su vida en el extranjero cuando el Gobierno de los Estados Unidos dispone de varios Iron Men y Capitanes América para soltar por ahí, y agentes de alto rango que en ningún momento se preguntan si no habrá una mano negra detrás de los casos de corrupción en el mismo universo en el que Hydra se inflitró en Shield y la desarmó por completo.

Son cuestiones como estas las que llaman la atención. Así como el hecho de que Frank Castle nunca se preocupe por considerar el otro lado de la ecuación. Él es un soldado que mató civiles cumpliendo órdenes y hoy esos crímenes lo persiguen y atormentan (y como deja en claro Micro, es la razón por la cual arriesga su vida constantemente, porque no está seguro si merece siquiera vivir). Sin embargo, al momento de enfrentarse a los comandos que salen a cazarlo por cuenta y orden de sus superiores, no tiene problema en degollarlos ¿Cuál es la lógica detrás? Entiendo que la primera reacción para con Lewis sea eliminarlo después de poner una bomba y matar civiles. Pero ¿porqué no simplemente noquear a los soldados que lo persiguen en “Gunner”, el episodio 05? Castle sabe (y se asegura de confirmarlo al hablarle a una de las cámaras de los soldados) que estos son peones como él mismo lo fue. ¿También merecen morir?

Párrafo aparte: en justamente en el episodio 05 en el que se ve uno de los mejores intercambios de la serie alrededor de un sandwich. Son apenas dos líneas de diálogo con tono de comedia que son suficientes para mostrar las personalidades y el vínculo y la dinámica que une en ese momento a Frank y David. Son esos pequeños momentos los que empujan la serie un poco más arriba y son la evidencia que hay demasiado tiempo dedicado a momentos inconsecuentes.

Por supuesto es innegable que The Punisher llega en medio de un clima complejo en los Estados Unidos (alq ue ya me referí en el pre-análisis). Aún así, terminé dándome cuenta, es la serie más violenta de Netflix no desde el cuántos, sino desde el cómo. Hay un enfrentamiento armado por episodio, ya sea en el presente o en forma de flashback, pero por lo general el número de víctimas es limitada, dentro de la decena (suena raro decirlo así). 

El verdadero problema es el tratamiento y la dirección de esa violencia glorificada: ejecuciones en primer plano y tortura explícita son moneda corriente para esta serie que debe tener el récord de “gente atada a una silla” de la televisión. El episodio 12, “Home”, en el que Frank se encuentra a merced de Russo y Rawlins (Paul Schulze), es particularmente grotesco y en más de una oportunidad me encontré mirando para otro lado.

Dicho eso, hay momentos en los que el “aguante” de The Punisher es un tanto extremo. Frank Castle soporta (varios) disparos, puñaladas, articulaciones dislocadas y mucho más y sigue pateando traseros sin drama –y no solo eso, sino que sale bien parado con un par de moretones y poco más cuando debería tener la trompa inflada una semana–. Muestra que hay un exceso de violencia innecesaria puesta exclusivamente para apelar al factor sorpresa, porque la serie y la narrativa no pueden justificarla.

Queda claro que la segunda mitad de la serie es mucho más entretenida. Los personajes definidos y las situaciones establecidas permiten un ritmo constante y un buen balance de acción y drama sobre el final – introduciendo incluso algún recurso narrativo como el del episodio 10, “Virtue of the Vicious”, en el que vemos el mismo evento desde el punto de vista de los varios involucrados y el sacado Lewis encuentra el final que merecía. 

En esta recta final algunos de los mejores momentos se suceden en instancias de quietud, como la charla entre Billy y Curtis en el último episodio, y es cuando vemos lo que la serie podría haber sido de enfocarse un poco más y no perder tanto tiempo con personajes innecesarios o inconsecuentes – como el olvidable Coronel Benett que tiene su debut y despedida en el episodio 07, “Crosshair”. Billy Russo, como Kingpin en Daredevil, tiene sustancia, carisma y motivaciones relevantes. Era por ahí.

Tal es la relevancia y calidad del antagonista, que sin dudas el final de la serie deja ver que los creadores tienen planes para una segunda temporada. Después del enfrentamiento con Russo en esa trágica calesita (en la que se vuelve a demostrar la incompetencia de Madani, parte de una de las agencias de seguridad más importantes de los Estados Unidos), The Punisher ya tiene listo al villano para lo que viene: Jigsaw. Quienes hayan visto “Punisher: War Zone” (2008), habrán visto la interpretación de Dominic West del personaje, cuya cara desfigurada no le ha impedido ascender en el crimen organizado. En el cómic Jigsaw era un asesino de la mafia que (como el de la serie) sufrió una paliza a manos de The Punisher y terminó con esa pinta de Frankestein de segunda mano. 


The Punisher termina mejor parada de lo que debería. Lightfoot y Bernthal consiguen sacar a Frank Castle del manto blanco y negro al que lo lleva su filosofía y mostrar un personaje un tanto más profundo. Desgraciadamente los (aparentemente obligatorios) 13 episodios le quedan largos, la exposición de la violencia podría haber sido mucho mejor y las incoherencias propias de este tipo de producciones están a la orden del día (organizás una emboscada y no dejás agentes cubriendo las salidas, ¿posta Madani?); pero aún así la serie se mantiene a flote y quedan con saldo positivo.