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Analisis | El año de Atwood

ANÁLISIS: Alias Grace (Miniserie, 2017)

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Netflix
La miniserie feminista que deberías estar viendo es adaptación de una novela de Margaret Atwood

Vivimos un día a día en el que la ficción especulativa de Margaret Atwood pasó al plano de la realidad. No es casualidad que The Handmaid’s Tale (2017, hay análsis de Jessi Blady acá) sea una de las series más significativas del año. Además de sus méritos técnicos y actorales, es especialmente importante por la dura crítica feminista que destapa. En la misma línea, hace unos días llegó Alias Grace (2017), la segunda adaptación de una novela de Atwood a la TV, en este caso de la mano de Netflix. La miniserie es un drama que examina un crimen histórico: el de la criada irlandesa Grace Marks, acusada de matar a su patrón en Canadá, en 1843.

A Grace Marks (Sarah Gadon) nos la presentan cuando ya ha sido condenada por el asesinato de su patrón Thomas Kinnear (Paul Gross) y su ama de llaves Nancy Montgomery (Anna Paquin). No lo hizo sola. El asesinato fue cometido junto a otro criado, James McDermott (interpretado por el desconocido Kerr Logan). Grace ha perdido toda esperanza de libertad y si bien pasa su vida tras las rejas, tiene salidas programadas para trabajar en la casa de una ricachona, donde la admiran como una célebre asesina. La residencia será el lugar elegido para sus sesiones con Simon Jordan (Edward Holcroft), el psicólogo que intentará ayudarla a salir libre.

No hay mucho más para contar. Tal como sucede en la novela, los seis episodios son un viaje por los recuerdos de Marks mientras toma sesiones con Jordan, es decir, la estructura funciona con flashbacks. Parte de la gracia del asunto, y lo que en definitiva nos atrapa, es la ambigüedad del relato de la asesina, al punto que nunca sabemos si es inocente o culpable.

Es una serie muy cerebral, un retrato de época fiel a sus tiempos, desde las costumbres que elige mostrar, hasta el vestuario y la producción. El relato de Marks es muy personal, pero siempre desde un ángulo crítico, que pone en tela de juicio también la situación de las mujeres por ese entonces. La confesión de Marks nunca es tomada en serio; es manipulada por los medios y hasta por sus abogados, y finalmente ignorada por sus doctores. Alias Grace sabe bien que es un drama histórico y se ancla en el realismo y en poner en tela de juicio las bases de esa sociedad patriarcal, salvo en pequeñas situaciones en las que el relato de Grace diverge en un tono onírico. Este tinte surrealista / sobrenatural ayuda a ablandar el tono de ficción de época, difícil de digerir a veces por su rigurosidad.

El elenco cumple con creces. Sarah Gadon hace el papel de su vida, dándonos una Grace que resulta hipnótica, algo indispensable para un personaje al que miramos a la cara durante tanto tiempo. La joven aterra y seduce por igual en sus largos diálogos con Jordan, encarnado por Holcroft, quien le da una vibra de seriedad y parsimonia a su personaje que combina perfecto. Los nombres grandes están en los personajes secundarios. Anna Paquin encarna a Nancy, un personaje que odiamos por momentos, pero que también entendemos porque no deja de ser una víctima más del yugo patriarcal. David Cronenberg hace un papel pequeño como el reverendo que asesora a Jordan, correcto, que vale la pena mencionar dada la trayectoria del actor / director.

La pluma creadora de la serie es feminista y activista. Con la mismísima Atwood como productora y consultora de guion, los seis episodios están dirigidos por Mary Harron, cuyo siempre giró en torno a la crítica social, desde su debut como directora en American Psycho (2000). La guionista Sarah Polley ya tiene experiencia en esto de adaptar historias a la pantalla, después de la nominación a Mejor Guion Adaptado que ganó por su película Away from Her (2006, basada en un cuento de Alice Munro).

Se antoja casi imposible evitar la comparación entre The Handmaid’s Tale y Alias Grace, no solo porque están basadas en novelas de la misma autora, sino porque abordan las mismas temáticas. Consumirlas en sistema es, quizás, más enriquecedor y, cuando menos, aterrador, porque nos queda en claro que aunque los años han ido pasando, históricamente siempre fue (y es) fácil encubrir el abuso sexual y de poder detrás de privilegios de género. Alias Grace cierra la historia de su personaje, pero deja la puerta abierta a una reflexión que sigue vigente y que resulta el punto más fuerte la propuesta.


Seis episodios de ritmo puntilloso que resultan hipnóticos y atrapantes gracias al severo relato de la protagonista. Es cómoda desde la dirección, pero no por eso podemos dejar que su look de “típica serie de época” nos engañe –es un thriller cerebral, emocional en el sentido más crudo y, en última instancia, vigente y reflexivo.