Publicado el

Analisis | Teñido de sangre

ANÁLISIS: Leatherface

Volver a la home

Por: Florencia Orsetti

Tags: Terror
Octava película dentro de La Masacre de Texas: un experimento al que le faltan varias motosierras para ser recomendable

Películas tan influyentes dentro del cine de terror como La Masacre de Texas (1974) hay pocas. Esa Texas derruida y podrida, esa cinematografía sucia y esa familia psicópata tenían en común un realismo que aterraba. El calvario de Sally (Marilyn Burns) no era sobrenatural, podía pasarle a cualquiera, y en tiempos en los que el cine de terror todavía buscaba aterrar con fantasmas, nacía acá un género, el slasher, que nos daría pesadillas con monstruos de origen humano –los asesinos seriales.

Nacía también, entonces, una franquicia, cuyo foco siempre sería la figura del asesino de la motosierra. Ahora, once años después de la primera precuela, llega Leatherface (2017) para volver a contarnos los orígenes del maniático epónimo, desechando así, afortunadamente, la línea temporal establecida por la remake, The Texas Chainsaw Massacre (2003). La nueva película arranca el relato en el momento en que el pequeño Jedidiah "Jed" Sawyer toca una motosierra por primera vez. Lo que sigue es terreno conocido por todos, con varios aciertos y también con varios “peros”.

Alexandre Bustillo y Julien Maury (À l'intérieur) aceptaron dirigir el film cuando leyeron el guion. Hay que reconocer que tiene mucho de ellos. Los franceses son exponentes del cine francés extremo y un grupo de cinco jóvenes a la huida es un escenario muy tentador para dar pie a una carnicería a su estilo. El joven Leatherface (Sam Strike) escapa de un manicomio con otros tres reclusos y secuestra a Lizzy (Vanessa Grasse), una enfermera que se verá involucrada en la peor de las pesadillas. Juntos, huyen de Hartman (Stephen Dorff), un milico tejano que quiere cobrar venganza de la muerte de su hija.

Lo curioso es que si bien la película empieza y cierra con dos escenas muy fieles a la esencia de la franquicia, que harían sonreír al mismísimo Tobe Hooper, el acto intermedio, que es también el más extenso, podría pertenecer tranquilamente a otra película. No hay nada en las andanzas del grupo de jóvenes que tenga el ADN de La Masacre de Texas (1974). De hecho, el gore al que recurre la película en esa parte del relato tiene la inventiva de Hostel (2005), con una escena de necrofilia y otra de un tipo siendo asesinado por un cerdo que no se cree nadie. Esto resulta penoso, especialmente viniendo de directores tan cuidados en la escena gore como son Bustillo y Maury.

El legado francés está presente en la susceptibilidad estética del metraje. Los niveles de producción del film cumplen con creces y las escenas de violencia son un verdadero deleite, difíciles de ver para los más blandos, incluso cuando son sugestivas desde los planos. Para criticarles, siento que los directores tienen que aflojar un poco con los planos a mil por hora (que ya usaron en películas anteriores). Los momentos más frenéticos de Leatherface se traducen en escenas muy impersonales, a las corridas, donde se pierde el impacto, no sólo de las muertes, sino también del diseño de producción tan cuidado que caracteriza a sus películas.

Lili Taylor (The Haunting) como la matriarca Sawyer merece un párrafo aparte. La actriz se mete de lleno en el papel y encarna a un personaje desquiciado, muy maternal en el sentido más enfermo. Junto a Stephen Dorff, representa la mejor madera actoral de la producción, que contrasta especialmente con lo insulsos que son Vanessa Grasse y Sam Strike en sus respectivos papeles. Sus personajes no ayudan tampoco, claro. Es terrible ver que cuando menos cumple el personaje de Strike es cuando por fin se clava la máscara a lo Leatherface. Lógicamente, debería ser al revés.


Leatheface (2017) es un relato irregular que se empecina, sin éxito, en mostrar el lado humano de Jed. Está presente el toque arthouse que da la dupla Bustillo – Maury algo gore y por eso funciona mejor cuando deja todo a merced de las vísceras y las motosierras. Por desgracia, el guion no acompaña y al final no trae nada que no hayamos visto. 

LO MEJOR

  • El gore, la cinematografía, los niveles de producción
  • Taylor y Dorff juegan bien su papel

LO PEOR

  • Muy irregular. No sabés si estás viendo Masacre de Texas, Natural Born Killers o Hostel
  • Imposible empatizar con algún personaje, ni siquiera con las víctimas
  • No hay nada nuevo bajo el sol