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Analisis | Radiografía criminal

ANÁLISIS: Mindhunter Temporada 1 (Spoilers)

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Por: Florencia Orsetti

El nuevo thriller de Netflix busca entender por qué los asesinos son... eso, asesinos

En los últimos años, la TV ha demostrado una insana obsesión por los asesinos en serie. The Fall, True Detective, Bates Motel son producciones relativamente recientes, que se suman a éxitos de hace unos añitos como The Killing, Dexter y Hannibal. Todas estas series dan lugar al drama, algunas no escatiman en mostrar el lado crudo del asesinato, pero en lo que respecta a los métodos de investigación y análisis de los criminales, ninguna ahonda tanto en ello como Mindhunter, la apuesta más reciente de Netflix en el género, que llega de la mano del desconocido Joe Penhall y de David Fincher, director de thrillers como Se7en y Gone Girl.

Mindhunter nos traslada a la década de 1970 y nos presenta a un FBI que todavía no descubrió el potencial de la psicología conductual para analizar perfiles de criminales. La historia está basada en el libro Mindhunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit, de John Douglas, el agente real que fue pionero en esto de analizar asesinatos de la forma meticulosa que todos conocemos. En Mindhunter no aparece ningún Douglas, sino que el agente con aires de Sherlock que intenta ligar al mundo académico con el ámbito policial no es otro que el joven Holden Ford (played by Jonathan Groff).

Para los sabiondos del cine de David Fincher, no deben buscar en Mindhunter un policial al estilo Se7en. Su propuesta es menos cruda y sensacionalista, y se asemeja más a otro thriller del director, Zodiac (2007), película ambientada en la misma década y que tiene un tratamiento similar de la investigación: nos mete de lleno en las mentes de sus criminales para que entendamos sus motivaciones.

Mindhunter arranca con una escena potente. Ford, que se encarga de enseñarle a los novatos del FBI como interrogar criminales, se ve envuelto en una situación de toma de rehenes que se le va de las manos. Ese es el momento en que todo le hace clic: existe una clara disonancia entre lo que enseñan como teoría y lo que termina pasando en la práctica. ¿Será que tienen que buscar teoría en otro lado? ¿Habrá forma de entender a psicópatas como Charles Manson?

Ford se embarca en la proeza de cambiar gran parte del accionar del FBI para casos de asesinos seriales. De hecho, la serie hasta nos cuenta el momento en que descubren que existen asesinos seriales (sí, estaban tan verdes que ni eso sabían). Por suerte no está solo. Como dicta el estereotipo, Ford es un agente cerebral que necesita un compañero de más acción y menos palabras. Allí entra en escena Bill Tench (Holt McCallany). El trio de investigadores lo cierra Wendy Carr (Anna Torv), una académica cursando su doctorado que despierta un espíritu de admiración y competencia en Ford.

La serie es repulsivamente seductora cuando Ford y Bill ponen manos a la obra en los casos. Presenciamos un montón de entrevistas con versiones ficcionales de asesinos que existieron realmente. Ed Kemper (Cameron Britton) es un desquiciado que practica necrofilia con sus víctimas y que habla de ellas de una manera que hiela la sangre. A pesar de no ser gráfica, Mindhunter no es una serie para estómagos débiles.

Hay que aclarar que Mindhunter no es Criminal Minds. Si bien se exploran varios casos, no sigue el formato de un caso por episodio. El hilo conductor de la trama es uno solo, es decir, el trabajo de desarrollar esta nueva teoría para comprender a los criminales. También se da espacio a explorar un poco los dramas personales de los protagonistas, un trasfondo que recorre todos los episodios.

Así es como Mindhunter es fría, realista y calculadora hasta que vemos un poco de la relación de Ford con su novia Debbie (Hannah Gross) y de los problemas que tiene Bill con su esposa y su hijo adoptado. En lo personal, creo que la serie flaquea al intentar incluir estos costados dramáticos, quizás en el afán de darles más humanidad a los agentes, simplemente porque no profundiza mucho en ellos. En el caso de Wendy, nos enteramos de que lleva una vida como lesbiana en una escena que parece puro queerbating.

Mindhunter no sabe acatar la sensibilidad dramática y cuando mejor funciona es cuando todos sus personajes están dentro de una escena del crimen o de un cuarto de interrogatorio. A veces hay que resignar y si a la serie le sobran minutos, es justamente por darle cámara a la vida personal de los agentes que nunca nos llega a importar.

Mindhunter se aleja del policial clásico porque no nos plantea un interrogante. Los asesinos acá son bien conocidos y el desafío está en soportar al escucharlos hablar sobre sus motivaciones perversas para entender por qué lo hicieron. Con sus peros y todo, la serie se siente fresca en su planteo más psicológico y académico. Lo más probable es que no termines amando a ningún personaje, pero despegarte de la pantalla no te vas a despegar.