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Analisis | Crónica de un amor anunciado

NEW YORK COMIC CON: Los nerds toman la Gran Manzana

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Por: Jessica Blady

Tags: NYCC
Veni, vidi, vici, una pequeña crónica de mi paso por la convención neoyorquina. ¿Ya es 2018?

Quienes hayan visitado la ciudad de Nueva York saben que, a su manera, es hipnótica. Cada una de sus esquinas resulta emblemática, sobre todo para nosotros, los amantes del cine, las series, los cómics y todas esas nerdadas. Desde hace poco más de una década, la metrópoli sumó un  nuevo atractivo cultural más allá de sus museos, sus musicales de Broadway o un simple (no tan simple) paseo por el Central Park. Hablamos de la NYCC (New York Comic Con) que, a pesar de no estar relacionada con su famosa “hermana” de San Diego, llegó a eclipsarla en cuanto a número de asistentes.

Por algún extraño motivo, la NYCC nos resulta más accesible y cercana, tal vez, por concentrarse en el centro mismo de Manhattan, algo así como el centro del Universo. A diferencia de San Diego, NY dedica sus escenarios mucho más a los cómics y las series, dejando al cine y los videojuegos en un segundo plano, aunque siguen estando presentes.

Así, la excusa para las vacaciones tempranas resulta casi perfecta. Octubre (mes en que se lleva a cabo la muestra) es temporada baja y las temperaturas no son extremas (¡mentira!), ideal para aquellos antisociales que le huyen a los turistas en masa, aunque en el caso de Nueva York, no es algo que ocurre seguido.  

En mi caso, la elección fue bastante simple: Walt Disney World en enero, o volver a la Gran Manzana con el aditivo de pasar por este gran encuentro comiquero. Y por más tentada que estaba por conocer el castillo de la Bella Durmiente, algo en mi interior (la nerditud) me tiraba más al Norte, con todas las ganas de atravesar la experiencia 100% como fan… o como cualquier hijo de vecino.

Sin acreditaciones de prensa, ni compromisos de ningún tipo, me armé mi primer itinerario convencionero, el cual obviamente, no llegué a respetar ni un poco. Tres días (en mi caso jueves, viernes y domingo) no alcanzan para ver/hacer/recorrer todo lo que tiene para ofrecer el Jacob K. Javits Convention Center, y ni siquiera una agenda bien planificada y concienzuda le puede hacer frente a la vertiginosidad y magnitud de semejante evento.  

Parece que el tiempo se detiene (¿o es que acá pasa más rápido?) bajo el techo de cristal del Javits, una meca que nos reúne a todos bajo un mismo lema: un sano y desprejuiciado disfrute, donde los problemas del mundo exterior se quedan afuera, y sólo hay lugar para decidir a dónde nos vamos primero.

Cada día de convención se convierte en una ceremonia que arranca bien temprano con la peregrinación de cientos de almas (de todas las edades, formas y colores) saliendo en masa de la estación Hudson Yards en la calle 34. Familias, amigos, cosplayers, todos en manada y sin apuro porque a simple vista el Javits parece cercano, pero nada lo es en esta gran metrópoli.

Después de caminar varias cuadras eternas, pasar la seguridad inevitable y las sonrisas de bienvenida de los voluntarios, la NYCC finalmente se abre ante nosotros y los ojos se desvían para todos lados, incapaces de fijar la mirada en un sólo punto. Todo es grande, enorme, brillante y majestuoso. La cultura pop en su máxima expresión, y uno agradece (y se conmueve) por formar parte de ello.

Hay una comunión, una hermandad tácita donde no importa si sos más fan de DC o de Marvel, si sos otaku o gamer. No hay empujones, ni caras largas, todo parece alegría, incluso después de horas de cansancio y un poquito de hambre. Ahí donde queda un rinconcito vacío descansan grandes y chicos, compartiendo momentos, o simplemente revisando las compras del día. Los más puntuales se retiran cuando el salón comienza a cerrar sus puertas, otros (yo incluida) esperan hasta el último momento, y aprovechan a recorrer un reciento casi desierto donde minutos antes se hacía imposible caminar sin tener que pedir permiso cada dos segundos.

El Javits es enorme, pero igual rebalsa por todos lados, sobre todo en domingo, día de salida familiar donde los más chiquitos se inician en estas costumbres tan extrañas y chorrean ternura con sus disfraces de superhéroes y princesas. Para todo hay que hacer cola, no hay caso, ya sea el baño, un panel importante, comprar muñequitos o alguna de las tantas experiencias interactivas que ofrecen los stands de cine y series. ¿Vale la pena?, por supuesto, lo digo con mi remera de “Justice League”, ganada a fuerza de enfrentar parademons virtuales.

En la NYCC no hay lugar para el aburrimiento, mucho menos para el descanso. Entre el panel de un desenfrenado Michael Rooker que se pasó una hora boludeando con el público, y la genialidad del elenco de “American Gods” contando entretelones de la primera temporada, apenas quedan unos minutos libres para comer un sanguchito de parado, o correr hasta el Artist Alley para cruzar unas palabras con Juan Ferreyra, mientras te dedica un dibujito de Green Arrow.

Después, hay que hacer el camino inverso, y volver a atravesar todo el Javits para el próximo panel principal donde, con suerte, Bruce Timm adelanta escenas de “Gotham by Gaslight”, la próxima película animada de DC; o la gente de Marvel y Hulu presentan en exclusiva el primer episodio de “Marvel’s Runaway” ante una audiencia más que exaltada.

Pero no todo se concentra en esta catedral de cemento y cristal que ya quedó demasiado chica para albergar a tanto fan hambriento de novedades y de ganas de intercambiar, aunque sea, un apretón de manos con sus artistas favoritos. Afuera, a un par de cuadras de distancia (que son mucho más largas de lo que parecen en el mapa) siguen las actividades, los paneles y las exclusivas, ya sea en el Madison Square Garden –donde NO llegué a ver el tráiler de “Pacific Rim: Uprising”, en vivo y en directo- o en el Manhattan Center, donde se llevó a cabo la presentación de WB TV y la muchachada de Gotham ocupó cada centímetro del escenario; o donde Bill Skarsgård se detuvo a sacarse fotos con sus admiradores, fresquito del suceso de “It”, y preparado para “Castle Rock”, la nueva serie de Hulu.

No lo voy a negar, el muchacho es hipnótico, aunque no podía dejar de admirar a la siempre genial Sissy Spacek, que todavía nos quiere seguir asustando de la mano de Stephen King y sus obras.  

Podría contarles con lujo de detalles cada uno de mis movimientos, pero lo cierto es que es mucho más divertido atestiguarlo. Vivir la experiencia no sólo de la NYCC, sino del resto de la ciudad que está consiente de lo que ocurre en el Javits Center y lo celebra, sumando su granito nerdo cuando te ven con una remera alusiva o tus bolsitas rebosantes de cómics y de todos esos materiales gratuitos que vas juntando a lo largo del día.     

Todos deberíamos poder hacerlo, aunque sea, una vez en la vida. Ser cómplices de esas pequeñas situaciones que sólo se dan en este marco, como Michael Rooker llamando a su amigo James Gunn para preguntarle si Yondu podía formar parte de la próxima entrega de “Guardianes de la Galaxia”. Spoiler alert: saltó el contestador del director, pero por unos segundos todo fue silencio y expectativa en el escenario principal.

Estas son las cosas que no se repiten, como una mini reunión improvisada de “Sons of Anarchy”, cruzarse con un ejército de Jyn Ersos dispuestas a la rebelión, o ver como una pequeña Wonder Woman versión Gal Gadot le pide una foto en conjunto a su homónima adulta vestida como la heroína de Lynda Carter. Todos alrededor expresamos un sonoro “Awwwwww” y celebramos a esta nueva generación que mantendrá encendida la llama.    

Igual, no hay edad para la NYCC (ni cualquier otra convención que se preste) donde los padres sesentones hacen cosplay junto a sus hijos, los prejuicios quedan en la puerta y todos disfrutan del momento. Yo me paseé orgullosa con mi pin de “First-timer”, cruzando los dedos para repetir la experiencia el próximo año y ya no ser una debutante.