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Analisis | ¿POR QUÉ?

ANÁLISIS: The Babysitter (McG)

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Por: Leo Valle

Netflix celebra el mes del terror con una película de terror... en intención y en ejecución.

The Babysitter, la última producción original de Netflix en el mes del terror, es la definición de placer culposo. Todo es un desastre, pero por alguna razón es un desastre con el que conecté. 

Quizá era la necesidad de sacarme el cerebro con una cuchara para helado en esa noche de sábado lo que consiguió que mirase para otro lado ante esta fantasía adolescente de un ya viejo inmaduro McG. Pero que se entienda: The Babysitter es un caos narrativo y visual insostenible.

La película gira alrededor de la relación de Cole (Judah Lewis) y su niñera Bee (Samara Weaving). El pibe, ya un boludón de como 13 años, es aniñado y cobarde, por lo que continúa necesitando alguien que lo cuide cuando sus padres (Leslie Bibb y Ken Marino) se van a “salvar su matrimonio” en habitaciones de hotel.

El primer acto de la película lo pasamos viendo el vínculo de Cole y Bee. La piba es un ángel caído del cielo, una “chica McG” con pelo, piel y físico perfectos que encima tiene toda la onda y charla de ciencia ficción y cultura pop. La primera impresión es que los une una amistad genuina con un dejo de enamoramiento de Cole, lo que mantiene a raya a Melanie (Emily Alyn Lind), la compañera de escuela y “chica de al lado” de turno. 

Es cuando los viejos se van por un fin de semana completo que empiezan los quilombos. Después de un día de baile, pileta y charla de Star Trek y Alien, Bee lleva durante la noche a un grupo de amigos mientras piensa que Cole duerme. Pero el pibe quiere ver qué está pasando en el piso de abajo, esperando encontrarse con una orgía (definición que tiene que googlear primero), por lo que sale de la cama para espiar.

Lo que se encuentra, en cambio, es un inocente juego de la botella del que participan Bee, la porrista Allison (Bella Thorne), el mariscal y macho alfa Max (Robbie Amell), el afroamericano gritón John (Andrew Bachelor), la chica medio gótica asiática Sonya (Han Mae Lee) y el nerd Samuel (Doug Haley). 

McG aprovecha esta escena para mostrarnos algún beso entre chicas destinado a calentar a la audiencia masculina de menos de 17 años que nunca ha tenido acceso a internet, como si estuviéramos en 1998 repasando las escenas picantes de Criaturas Salvajes (Wild Things) una y otra vez en VHS. Eso es, por supuesto, hasta que finalmente explota la acción y el gore.

Resulta que Bee y su grupo de estereotipos forman parte de un culto satánico y necesitan un sacrificio y la sangre de un “puro”. El sacrificio es Samuel, que termina cabeceando un par de dagas, y el puro (léase “virgo”) es Cole. 

El guión de Brian Duffield (Insurgente, Jane got a gun) es ridículo y lleno de incoherencias e inconsistencias. Pasamos minutos escuchando a un personaje que se queja de que le dispararon en un seno (?) y nunca terminamos de entender porqué Cole después de escapar de la casa vuelve a entrar en lugar de correr a lo de un vecino o a buscar a la policía. Hay disparos, gritos y autos de policía que nunca llaman la atención de nadie. 

Uno entiende que las malas decisiones son el alimento del género slasher, pero una cosa es “bajar al sótano cuando escuchás un ruido” y otra es “volver a la casa en la que te espera un grupo de sádicos adolescentes que te quieren empalar”.

Esta delirante sucesión de eventos está adornada por la dirección de McG, que sigue viviendo en sus épocas de gloria de MTV, confundiendo sátira con exageración y en este caso se destapa superponiendo texto sobre imagen para crear memes automáticos. 

Memes. 

En una película. 

De todo este quilombo lo que zafa es el duo protagonista, que tiene buena química. Aunque Cole es inconsistente como personaje, Weaving maneja bastante bien el balance entre femme fatale cool y chica sexy de culto satánico que no tiene respeto por la vida ajena. Convencen aún dentro de este absoluto desastre de película.


The Babysitter es el sueño mojado de un preadolescente filmado por un tipo de cincuenta años aferrado a sus propios sueños de juventud. No es graciosa, pero hay gore a lo loco. No es coherente pero matan a Robbie Amell. No es una buena película pero me entretuvo. ¿Qué me está pasando?