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Analisis | Más que un chiste fácil

ANÁLISIS: American Vandal Temporada 1

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Por: Florencia Orsetti

Una docuserie que nos engancha con el crimen más estúpido, como solo Netflix puede hacerlo.

No me decido con qué eufemismo arrancar esta reseña de la última locura de Netflix.  “Pene” es demasiado correcto, “pito” es sumamente pueril, así que voy a ir por “verga”, que es al fin y al cabo, la palabra que más vas a escuchar en “American Vandal”, el nuevo documental falso de Netflix. Un aerosol, 27 autos con 27 vergas y un culpable, pero, ¿quién?

Tal vez muchos no lo sepan, pero el documental es uno de los lenguajes preferidos de Netflix. Es decir, con recorrer un poco el catálogo, encontramos películas como Hot Girls Wanted (2015) y series como The Keepers (2017) y Making a Murderer (2015), producción que, quizás, consagró a la cadena de streaming como una buena plataforma para la docuficción. American Vandal en particular bebe mucho de la última serie mencionada. De hecho, es prácticamente una sátira de ella. Los ocho episodios de esta ficción de Netflix, muy conscientes de los recursos y del lenguaje del género documental, nos matan de risa, pero también logran atraparnos y hacer pensar muchísimo, como hacen los mejores retratos de un crimen.

Dylan (Jimmy Tatro) es el clásico bully yanqui. Un chico que abiertamente gusta de tomarle el pelo a todo el mundo, en la escuela y en su barrio. De hecho, tiene un canal de YouTube con sus amigos en el que sube videos de sus mejores bromas. Una tarde, cuando todos los autos del estacionamiento de su colegio aparecen grafitiados con vergas rojas, Dylan es expulsado sin muchas vueltas. Es obvio, para todos él es el culpable… o para casi todos: Peter Maldonado (Tyler Alvarez) es un compañero de clase que llevará adelante una investigación para averiguar quién hizo los grafitis. Y ahí empieza una serie de conjeturas y teorías que tienen como centro a sus amigos, su novia, los profesores que más lo odian y otros personajes muy icónicos, porque todos están construidos como una parodia de los estereotipos que deambulan los pasillos de una secundaria estadounidense típica.

Por si todavía no está claro, American Vandal es un mockumentary. Es ficción en forma de documental. Pero todo aspecto está tan bien cuidado y tomado tan en serio, desde la intro, hasta la presentación de hechos, coartadas, sospechosos y pruebas, entre otros elementos, que por momentos te vas a olvidar que las teorías involucran vergas, fiestas, amoríos adolescentes tontos y concursos de popularidad. Es muy fácil sentirse inmersos como sucede al ver cualquier gran documental de crimen real, como lo son Serial (2014) y The Jinx (2015). De hecho, hasta se cuidaron en el doblaje al español, hecho con voice overs, como acostumbra el género.

Como en muchas comedias, detrás de las bromas y el tópico humorístico, American Vandal tiene un trasfondo serio que incluye una denuncia a las injusticias. Making a Murderer se mete con el sistema de justicia, pero la jerarquía, el acomodo y los prejuicios que reinan en los colegios secundarios son un mal digno de acusación también, al que se enfrentan muchos adolescentes a diario. Dylan no es un estudiante estrella, pero sin tener evidencia, lo expulsan, solo porque su compañero Alex (Calum Worthy) cree haberlo visto dibujando las vergas. No pasa mucho hasta que descubrimos que Alex no es más que un mimado de la profesora de español y que no es muy diferente a Dylan. A lo largo de los ocho episodios se caen varias teorías y caretas, lo que da lugar a giros y revelaciones que nos dejan con la boca abierta.

Cuando los creativos del show, Tony Yacenda y Dan Perrault, presentaron la propuesta a Netflix, la cadena no les dio el visto bueno enseguida. Los productores del servicio de streaming habían caido en el prejuicio obvio, en el que nosotros no queremos que caigas: American Vandal es más que una comedia sobre vergas y bastará con que mires el primer episodio para que te pinchen las ganas de maratoneártela.

Hay un tipo de público al que el humor sobre penes y todo lo escatológico le resulta especialmente divertido y es una sorpresa encontrar que American Vandal tiene contenido para una audiencia más grande que la obvia. En última instancia, la serie funciona también como un ensayo de las técnicas que usan este tipo de documentales para atraparnos y como una ridiculización a todo el formato. Parece que pudieron probar que el gancho no está en el morbo que todos tenemos por los asesinos seriales y el crimen, sino en la presentación, en las idas y vueltas de la investigación y en la forma en que se involucran los documentalistas como el ficticio Peter Maldonado, que llega hasta cuestionarse el sentido de su propio documental y no precisamente por estar lidiando con penes y bullys.  


Inteligente, divertido y atrapante, las cuatro horas que componen American Vandal son tan guarangas y tontas, como oscuras y cerebrales. Netflix se burla de su propia programación y le sale muy bien.