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Analisis | Like they do in the Discovery Channel

ANÁLISIS: Star Trek Discovery S01E01/S01E02 (SPOILERS)

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Por: Ignacio Esains

Tags: star trek
Star Trek lo intenta de nuevo, 15 años después, con una serie ambiciosa que demuestra tener con qué en sus primeros dos capítulos.

Durante los dos años de accidentada producción de Star Trek: Discovery, me hice una pregunta, una y otra vez: ¿para qué hacer una nueva Star Trek? A pesar de que los “trekkies” (fanáticos acérrimos de la serie) juren que su universo es fascinante y puedan recitar su línea temporal de memoria, el atractivo de la serie nunca estuvo en su mundo, sus razas, ni siquiera en sus personajes.

En sus mejores momentos la serie original y sus sucesoras The Next Generation y Deep Space Nine funcionaron como antologías de ciencia ficción, más cerca de La Dimensión Desconocida que de Flash Gordon, donde la mayoría del elenco jugaba un rol casi secundario en pequeños dramas cósmicos de 45 minutos. La “misión de cinco años para explorar extraños, nuevos mundos” de la primera Enterprise no era más que una simple excusa para dar a grandes escritores de ciencia ficción un presupuesto y una audiencia que parecía imposible para el cine de este género, aún bien entrados los ‘90.

Star Trek: Discovery es una serie moderna y, por lo tanto, apuesta por la continuidad capítulo a capítulo, como si los 15 episodios de esta temporada no fueran más que los fascículos en los que se divide una obra. Es una decisión curiosa, pero comercialmente inevitable, y habrá que ver si Star Trek se presta a este tipo de estructura y si los cambios de guionista son muy evidentes.

Spoiler: lo son. Discovery empieza muy mal, casi como si quisieran satisfacer a todos los públicos posibles con los primeros 10 minutos del capítulo. La escena inicial es un discurso dado por lo que parece una autoridad de los klingon, raza guerrera que ha sido clásico enemigo y aliado de la Federación Estelar a lo largo de las décadas de serie. Es un efectivo pero obvio traveling circular, con toda esa cosa shakesperiana que tienen los klingon para hablar (a pesar de que el idioma suena a que están tratando de toser una terca bola de flema), y que promete un conflicto armado para los que temen que la serie no tendrá un gramo de acción.

Por supuesto, las siguientes escenas no tienen un gramo de acción.

En la superficie de un planeta de arena, conocemos a la capitán Philippa Georgiu y a su segunda de a bordo, Michael Burnham (sí, ya sé, es un nombre más común de lo que te imaginás para mujeres en Estados Unidos), en una variante de la relación Picard-Riker que tan bien funcionaba en The Next Generation. Georgia (sublime Michelle Yeoh) es pura paz, está más allá de todo, y adepta al pensamiento lateral, mientras que su subordinada Michael (Sonequa Martin-Green, elección inspirada de la producción) es perfeccionista pero demasiado rígida en sus ideas.

En una larga, larga escena, Michael y Georgiu restauran el agua a los nativos (frente a los que no se muestran, citando la famosa “primera directriz” de la federación), pierden contacto con la nave y la capitán marca su posición… dibujando la “delta” (para no trekkies: el logo de la Federación) con sus pisadas sobre la arena. Un guiño para fans que tiene poco y nada que ver con lo que veremos más adelante. Es peor de lo que suena, y los efectos especiales de juego de Play 2 no ayudan en nada.

Una bellísima secuencia de créditos nos convence de seguir viendo, y ahí empieza algo que se parece superficialmente a un capítulo de Star Trek. Un virtuoso (y virtual) plano secuencia que recorre el espacio, mostrando en detalle la nave USS Shenzhou, con un monólogo de Michael de fondo en el que nos explica la razón por la que están en las fronteras del territorio conocido (reparar una sonda estelar) y de paso nos transmite un poco más la esencia del personaje. Ya en el puente, vamos conociendo la rivalidad amistosa entre Michael (aventurera) y el oficial científico Saru (conservador) - Saru es Doug Jones, el mimo prodigioso que interpreta a las criaturas fantásticas de Guillermo del Toro, y a pesar de llevar kilos de maquillaje en el rostro hace a su personaje natural y creíble. Hasta en sus peores encarnaciones (Voyager, Enterprise) Star Trek ha tenido grandes elencos, y Discovery no es la excepción.

No puede decirse lo mismo de los diálogos, acartonados como los de un cómic de DC de los ‘40, y que tratan de transmitirnos información de forma casual que termina resultando forzada. Es como si el guión no confiara en la capacidad de los espectadores para entender la personalidad de Saru y Michael, así que los hace dar pequeños discursos sobre su filosofía de vida mientras la capitán vuelve a demostrar su ingenio retro usando un telescopio para identificar un objeto que los sensores no detectan (¿era necesario subrayar esto dos veces en los primeros 10 minutos?).

Burnham decide salir a explorar el objeto misterioso con un ligero traje espacial, y de acá vienen esas escenas que en el tráiler nos recordaron tanto a Mass Effect. En la serie el impacto es todavía mayor, y no por las mejores razones. Hay ciertos efectos visuales que no se ven del todo bien (en especial el HUD del casco de Burnham), pero son los fondos los que más distraen, pinturas digitales que buscan representar un espacio colorido pero que termina viéndose artificial, casi kitsch, como la pintura en el techo de un niño que sueña con ser astronauta o el costado de la camioneta de un adolescente que sueña con revolucionar el rock sinfónico. Es un espacio recargado, lleno de nebulosas, asteroides, y planetas gigantes, para donde sea que veamos. Horroroso.

Todo el viaje de Burnham se siente como una escena de videojuego, desde el tiro de cámara “third person shooter” que el director elige hasta los azules y naranjas tan Mass Effect como Halo. Ni la música emocionante, ni el expresivo rostro de la actriz (que nunca parece estar realmente dentro del traje), ni la tensión que se vive en el puente hacen que la escena transmita la grandiosidad que se le pide.

Burnham encuentra un objeto extraterrestre flotando en el espacio, y acá es donde Discovery empieza a probar algo interesante, tan “Classic Trek” como propio. La forma en la que ella recorre, fascinada, esta construcción imposible, hablando en su micrófono aunque nota muy pronto que no la escuchan, transmite por primera vez esa fascinación con las posibilidades del universo que caracteriza al mejor Star Trek. Pero sobre la estructura la espera un klingon con armadura que la ataca sin mediar palabra. Burnham lo mata en defensa propia, dando inicio a un conflicto político que será (asumo) lo que empuje al menos esta primera temporada.

En el tour de culturas de este primer capítulo vemos un funeral klingon que parece sacado de Stargate, y una segunda escena en la que este sacerdote llamado T’Kuvma el Inolvidable (suena al cantante favorito de boleros de Rick Sanchez) elige a un sucesor para el caído. Estas secuencias tienen un poco de secta, un poco de Game of Thrones, pero nada de eso se siente particularmente extraterrestre, en especial cuando repiten conceptos carentes de imaginación como casas nobles, fábulas y profecías. Contrastan contra la raza fascinante, extraña, vista casi de reojo en la primera escena en el planeta desértico, o con un monólogo de Saru cerca del final del capítulo que sugiere metáforas mucho más interesantes para las razas foráneas.

La educación vulcana, en cambio, recreada de forma memorable en la primera Star Trek de J.J. Abrams, en Discovery parece haberse inspirado visualmente en Tron. El (horrible) flashback de la inconsciente Michael al planeta Vulcano muestra la desesperación de Discovery por tirarnos data: nos cuenta datos básicos sobre los klingon, nos explica que nuestra protagonista creció adoptada por vulcanos (Sarek, ¡el padre de Spock!) y nos recuerda que los klingon destruyeron su hogar y mataron a sus padres.

En esta línea temporal nadie ha visto a los klingon en 100 años, así que nadie cree la historia de la segunda al mando. Excepto, claro, el espectador. La construcción del capítulo es extraña, porque parece que el objetivo de los guionistas es que dudemos de la certeza de Michael: ¿están los klingon realmente tendiendo una trampa o son solo sus prejuicios? El problema es que nosotros hemos visto las escenas del malvado klingon, que claramente está buscando que esa guerra empiece. La conversación con Sarek, las dudas de Georgiu, el monólogo de Saru… todos estos personajes parecen lentos cuando nosotros no tenemos ninguna duda de que lo que Michael dice que va a pasar está efectivamente pasando.

El final, con una Michael desatada noqueando a su propia superior (con el “toque de la muerte” vulcano y todo) hubiera tenido una tensión insoportable si existiera la posibilidad de que Michael estuviese equivocada. De la forma en que está construido el capítulo ese final pierde todo suspenso, a pesar de los esfuerzos de Sonequa Martin-Green y del genuinamente emocionante final, con la llegada de la flota klingon en pleno.

Por supuesto, es especular decir que los cambios bruscos de guionistas causaron un efecto negativo en este primer capítulo, pero todo parece fuera de lugar. El orden de los flashbacks, las secuencias de los klingon… hasta la bitácora inicial de Michael parece contrastar con cómo vemos al personaje en las últimas escenas. No es un buen primer episodio, y me preparé para que el segundo fuera aún peor.

El segundo episodio dura menos de 40 minutos (incluyendo una secuencia de créditos que hace que las de HBO parezcan cortas), y aún así decide empezar con un flashback que profundiza un poco la relación entre Michael y Georgiu, y que quizás podría haber quedado en el capítulo anterior. Y los flashbacks continúan, con una escena que explica la cercanía de Michael y Sarek (¡un SEGUNDO ataque klingon! como si ella necesitara más motivación), y hasta los años de infancia del malvado T’Kuvma. En este sentido esta nueva serie parece más cercana a los “caminos del héroe” que JJ Abrams insertó en sus películas, historias de huérfanos que buscan su lugar en el mundo que relacionamos por ahí más con Star Wars que con Star Trek.

Pero algo raro pasa luego de resolver los cabos sueltos del episodio anterior. Discovery se vuelve interesante, emocionante, hasta prometedora con una serie de escenas muy logradas y un final sorpresivo. La situación en sí que se juega en estos dos capítulos, el enfrentamiento de las flotas klingon y federales, que va escalando de a poco, podría haber dado para dos o tres capítulos más, y por eso es notable que el productor Akiva Goldsman decida cerrar todo en menos de media hora.

Mientras la batalla parece inminente, el personaje de Michael encuentra matices poniendo un poco de sangre fría a las más tensas situaciones. En la mejor escena de estos dos capítulos Burnham “reprograma” a la inteligencia artificial de la nave utilizando solo la lógica para activar sus protocolos de tratamiento ético de prisioneros. Y lo mejor de todo está en el escape eventual de la cárcel, resuelto en dos planos, relativamente abiertos. Son efectos visuales más simples, pero que no distraen de la acción.

La batalla es todavía más interesante desde lo visual, porque el espacio deja de tener esas nebulosas naranjas y se vuelve una inmensidad negra, en la que la iluminación de las naves recuerda a los combates de Battlestar Galactica. El giro en lo visual es tan grande que los efectos parecen provenir de dos productoras distintas.

Cuando la derrota parece inminente Michael regresa al puente, y la USS Europa rescata a la Shenzhou. Se empieza a negociar un alto el fuego… y de repente T’Kuvma destruye la Europa en un ataque sorpresa. El impacto de las dos naves es desolador, porque lo vemos desde la perspectiva de los soldados de la Shenzhou, y con recursos más modestos que el episodio anterior logra transmitir la enormidad de la pérdida.

Quizás la compresión del capítulo perjudique los últimos minutos, en los que Michael, Saru y Georgiu labran un intrincado plan para invadir la nave klingon y capturar a T’Kuvma. El plan sale muy mal, terminando con Georgiu muerta a manos del malvado clérigo klingon, al que Michael ejecuta de un disparo en la espalda.

Es un muy buen capítulo, emocionante donde tiene que serlo, pero cuesta un poco leer a Burnham en la tradición de héroes pacifistas de Kirk, Picard y Sisko. En especial cuando su pragmatismo militar resulta más importante que los principios de la Flota Estelar. Usar cadáveres para insertar una bomba nuclear en la nave klingon suena bastante poco honorable, al igual que matar a su enemigo por la espalda… en especial cuando antes había dicho que no quería martirizarlo.

Aunque esta mirada “ellos vs. nosotros” resulta un poco desagradable, es difícil no justificar al personaje con los elementos que tenemos a mano. Acá no hay klingons simpáticos como Worf o villanos complejos como Chang (¡Christopher Plummer!), de la sexta película de la serie. Más allá de esta “cultura de guerra” no hay ninguna razón para que los klingon rechacen a la federación, ya que no hemos visto nada criticable en estos dos capítulos en las acciones de la Flota Estelar. Todo lo que dicen es verdad, no hay hipocresía ni imperialismo, mientras que los klingon son bichos traicioneros, carentes de honor, físicamente grotescos. Toda ciencia ficción seria es una metáfora del presente, y los klingon siempre tuvieron algo de musulmanes, lo que sería al menos desafortunado en la lectura digna de Jack Bauer de esta serie.

Los primeros cuarenta minutos me asustaron, pero la serie crece minuto a minuto en la segunda parte. El elenco no tiene una sola falla, y aunque vamos a extrañar a Yeoh, Martin-Green se pone la serie a los hombros sin ningún problema. El segundo capítulo demostró que el equipo puede narrar una buena película de acción espacial, y espero ver más de las chispas de la mejor Star Trek, como el escape de la celda, el monólogo de Saru, y el primer encuentro de Michael y el “Faro” klingon.

Discovery empieza bien, dentro de todo… y además, si fuera perfecta, no sería Star Trek. Nos vemos en una semana.