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Analisis | El guardaespaldas

ANÁLISIS: Duro de Cuidar

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Por: Jessica Blady

Esto ya lo vimos, y antes tampoco nos hizo gracia.

Hasta la fallida traducción local nos da a entender que “Duro de Cuidar” (The Hitman's Bodyguard, 2017) guarda grandes reminiscencias con el cine de súper acción de las décadas del ochenta y noventa. La comedia de Patrick Hughes, responsable de “Los Indestructibles 3” (The Expendables 3, 2014), exuda testosterona y lugares comunes a conciencia, tratando de reírse de sí misma y de las grandes “buddy cop movies” que la precedieron.   

A pesar de que el machismo, la misoginia, la violencia excesiva, los insultos a mansalva y todos los demás clichés del género están puestos ahí a propósito, la película no logra totalmente su objetivo porque el humor no alcanza para balancear tanta acción desenfrenada y una trama que no requiere muchas neuronas. Ni la buena química entre Ryan Reynolds y Samuel L. Jackson, ni los chistes subiditos de tono consiguen que la experiencia sea meramente entretenida, más que nada porque dicha historia ya la vimos demasiadas veces.

Michael Bryce (Reynolds) es un experto en servicios de seguridad que cae en desgracia tras perder a uno de sus afamados clientes. Dos años después, y dedicado a proteger a personalidades menos importantes, debe aceptar a regañadientes la misión de cuidar a Darius Kincaid (Jackson), un asesino a sueldo con un prontuario más que abultado, pero que resulta ser el testigo clave que podría poner tras las rejas a Vladislav Dukhovich (Gary Oldman), el dictador de Bielorrusia culpable de varias masacres. Los inmaculados métodos de Bryce chocan con la imprevisibilidad de Kincaid, pero ambos deben dejar sus diferencias (y su pasado) de lado para unir fuerzas y sobrevivir a los matones que los persiguen por la mitad de los países de Europa.

Así es, la odisea de estos dos comienza en las calles de Londres y terminará en los juzgados de Holanda. En el medio hay explosiones, un montón de cuerpos acumulados, persecuciones de todo tipo, traiciones (porque nunca pueden faltar los infiltrados en la Interpol) y conflictos de pareja. Bryce debe seguir las órdenes de su ex Amelia Roussel (Elodie Yung), mientras que Darius hace todo lo posible para que su esposa Sonia (Salma Hayek) no sea acosada por la policía.

Acá no hay misterios, sino una trama bastante previsible. Lo importante es que la acción y los chistes no paran en ningún momento, aunque la historia y el público lo necesiten. Una aventura contrarreloj diseñada para romper todo lo que se cruce por su camino, y de paso llevarnos a pasear por las ciudades más lindas de Europa.

Esto es todo lo que tiene para ofrecernos “Duro de Cuidar”, una película que ya vimos demasiadas veces, ahora ambientada en el turbulento siglo XXI donde las comunicaciones y la tecnología parecen complicarlo todo. Jackson y su vulgaridad se destacan por encima de la corrección de Reynolds, aunque sabemos que, gracias a “Deadpool”, podrían estar a la misma altura. Ambos siguen a rajatabla los estereotipos del “policial bueno apegado a las reglas” y el “delincuente que nació para romperlas”. El resto: Goldman y un villano genérico que molesta, Yung y ootra actuación olvidable para su currículum, y Salma haciendo de la típica latina fogosa que divierte a expensas de su acento marcado, su tosquedad y sus curvas marcadas.   


“Duro de Cuidar” es una de esas comedias para el espectador (¿masculino?) poco exigente. Correcta desde su realización, aunque no se destaque desde ninguno de sus aspectos visuales. Lo más flojo, sin dudas, es su guión, fallido para alcanzar el estatus de parodia, y aún mucho más para entregarnos una película entretenida y disfrutable más allá de sus numerosas falencias.