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Analisis | Sing me a song of a lass that is gone...

ANÁLISIS: Outlander S03E01: The Battle Joined (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Tags: outlander
Quién te necesita Game of Thrones.

Si siguen con abstinencia de “Game of Thrones” y ya dejaron de lado sus prejuicios, denle una oportunidad a “Outlander”, la serie épico-fantástica de la cadena Starz, basada en otra saga literaria, la de Diana Gabaldon.

Ronald D. Moore, veterano de “Star Trek” y “Battlestar Galactica” y creador de este drama televisivo, supo combinar a la perfección unos cuantos géneros y una pareja protagonista que no cesa de levantar temperatura. Pero “Outlander” no es sólo una odisea romántica que se extiende a través de los tiempos con toques de fantasía, su mayor atractivo es el componente histórico que atraviesa a la narración y a los personajes.

La segunda temporada trató de evitar la temida batalla de Culloden, enfrentamiento que selló el destino de los clanes y los escoceses para siempre. Es obvio que la historia no puede reescribirse, así que la única solución fue separar a esta pareja y tenernos en ascuas hasta quien sabe cuando.

El final de la segunda entrega encontró a Claire (Caitriona Balfe) en el año 1968, descubriendo que Jamie Fraser (Sam Heughan) logró sobrevivir a la masacre. Un hecho que despertó esos recuerdos un tanto olvidados, y la necesidad de volver al pasado para descubrir que fue del amor de su vida.  

“The Battle Joined” deja este momento en suspenso y empieza a reconstruir un bache de dos décadas. Por un lado, encontramos a Claire en 1948, recién mudada a Boston junto a Frank (Tobias Menzies), el esposo que aceptó su ausencia, el “engaño” y criar a ese bebé que viene en camino, pero que no le pertenece. Ambos juraron dejar todo atrás e intentar mirar para adelante, pero el siglo XX, y la vida de ama de casa, son todavía más extraños para esta mujer aventurera.  

Antes de viajar a 1743, la chica ya tenía un espíritu independiente, tal vez, demasiado adelantado para la década del cuarenta, y mucho más para los dedos acusadores del siglo XVIII que veían con muy malos ojos sus prácticas curativas. Dejar su profesión de lado, y hacer el papel de esposa sumisa y señora de la casa, le son más ajenos que su travesía a lo largo de la historia. No hay lugar para la mujer con opiniones, y mucho menos una carrera, en la Norteamérica de los albores de la década del cincuenta, pero tampoco para su corazón roto que intenta empezar desde cero.      

Olvidarse de Jamie y aceptar que está muerto es lo único que le queda para seguir siendo parte de un matrimonio sin amor. La realidad es que la pequeña Brianna Randall Fraser viene en camino, y se sabe que crecerá creyendo que Frank Randall es su verdadero padre.   

Todo esto suena a culebrón de la tarde, pero no lo es tan así porque Moore y compañía logran el equilibrio justo sin empalagar, mechando con bastante pasión, algunas escenas desgarradoras, un incipiente feminismo y la crueldad de los enfrentamientos entre ingleses y highlanders. Lo que nos lleva al otro lado del charco.

Separados por dos siglos de distancia, el director Brendan Maher nos lleva de acá para allá, develando de a poco cual fue el destino de los escoceses tras perder la batalla. Obviamente, hubo bajas de ambos bandos, pero los clanes siempre corrieron con desventaja. Sabiendo como terminaría el enfrentamiento, Jamie dejó ir a su esposa, y mantuvo el honor y el espíritu aguerrido hasta que no le quedaron más fuerzas. Herido de gravedad, ahora debe enfrentar la pena por traición, y lo que es aún peor, ver como sus hombres son asesinados.

“Outlander” ficcionaliza los hechos, pero no los exagera. Tras la derrota, la cultura escocesa fue casi erradicada por completo, y esa brutalidad no es gratuita en la pantalla. Las escenas de pelea no son tan épicas como en “Games of Thrones”, incluso nos llegan fragmentadas, pero el paisaje de los cuerpos acumulados nos alcanza y nos sobra para entender la magnitud de estos acontecimientos que moldearon la historia británica. El honor también juega un papel fundamental en ambos lados, y claro que choca con la política caprichosa de las post guerra.

A Jamie le esperan tiempos difíciles tratando de curar sus heridas físicas y psicológicas tras un enfrentamiento que, obviamente, dejará sus secuelas. No tiene forma de saber la suerte que corrió Claire y su hijo, pero al menos le pudo poner fin a su conflicto con Jonathan ‘Black Jack’ Randall (también Tobias Menzies).

Está claro que todos queremos que llegue ESE esperado reencuentro porque los Fraser son el alma de esta historia, pero Moore quiere ser fiel a los libros y tomarse su tiempo, un período que le sirve para forjar un poco más las personalidades de estos dos protagonistas. Ni Claire ni Jamie serán las mismas personas que se dijeron adiós cuando vuelvan a cruzarse dos décadas después. El amor y la pasión pueden tener un peso específico, pero el equipaje de ambos seguro será muchísimo más pesado.