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Analisis | Let's do the time warp again

ANÁLISIS: Twin Peaks The Return (Spoilers)

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Twin Peaks
Twin Peaks lo hizo otra vez y nos dejó con más preguntas que respuestas... ¡Ah, pero qué viaje!

Revivir un mito de la TV luego de 25 años es una locura y pretender replicar el fenómeno es, lisa y llanamente, surrealista.  No hay precedentes de lo que David Lynch ha logrado con Twin Peaks. The Return no es una tercera temporada, es, tal vez, hasta un replanteo de la historia original y una digresión de la serie, hoy día de culto, emitida a comienzos de los ‘90. Si pensamos en la primera temporada, en ella hay un germen de lo que vimos en The Return. En la segunda se complica más verlo, ya que habría que remitirse prácticamente al episodio final.

Twin Peaks conquistó a su audiencia con el misterio de quién mató a Laura Palmer, recurso que fue pensado como un simple disparador de una mitología enorme, que fascina especialmente al otro creador de la serie y guionista principal, Mark Frost, pero que se terminó volviendo el foco de la trama por exigencias de una cadena que presionó a sus creativos hasta revelar la identidad del asesino.

Fire Walk With Me (1992), la película centrada en Laura Palmer que ató algunos cabos sueltos de la serie original, fue abucheada en Cannes. En mayo de este año, cuando el primer episodio doble de The Return se estrenó en el mismo festival, la crítica lo ahogó en aplausos. En retrospectiva, en nuestros tiempos nadie se anima a hablar mal de Fire Walk With Me. ¿Qué cambió entonces?

Los contextos importan.

Twin Peaks: The Return está estructurada como una mega-película de 18 horas y no tanto como una serie de TV convencional. Hay episodios más de corte sitcom, con el clásico humor que nos conquistó en la serie original, pero también hay muchos llenos de momentos contemplativos, simbología ininteligible y banda sonora estertórea, fieles al estilo cinematográfico de Lynch. El episodio 8 es el epitome de ello y es también el que da la pista de lo complejo y trastornado que es el trasfondo ideado por Mark Frost, quien no participó en la película, pero que escribió este enigmático libro.

Para entender (bueno, no es la mejor palabra…) The Return, es clave estar al tanto de la novela y de la versión completa de Fire Walk With Me (que dura un total de 3 horas y media). Si uno llega a The Return con todo ese bagaje encima, la mística tibetana y la metafísica de los nuevos capítulos tienen todo el sentido del mundo. Y si pensamos en lo que fue el cine de Lynch luego de 1992, los tópicos y motif que aparecen son viejos conocidos.

Sin querer sonar intelectualoide y elitista, me cuesta muchísimo creer que exista un espectador que quiera ver The Return sin tener idea de Twin Peaks y del trabajo de su director. “Lyncheano” es un adjetivo y no es casualidad que eso sea así. Las producciones audiovisuales del cineasta tienen una impronta muy marcada y es bien sabido que, desde hace años, filma como se le da la gana.

Yendo al grano: lo nuevo de Twin Peaks es un producto de nicho, es decir, un deleite para los fans, a la vez que es un repelente para aquellos desconocedores que le dieron ‘play’ en Netflix solo por curiosidad. Los fanáticos, quedamos más que contentos con el elenco de más de 30 actores de la serie original que volvieron a interpretar sus papeles, incluyendo a Sheryl Lee (Laura), Kyle MacLachlan (Dale Cooper) y Sherilyn Fenn (Audrey).

Hay que detenerse especialmente en MacLachlan, quien en esta temporada interpreta a nada más y nada menos que tres personajes. El concepto de Doppelgänger llegó para quedarse en Twin Peaks, y el actor encarna a tres versiones de nuestro querido agente: una mala y despiadada, como el legendario Bob; una absurda y tierna, de nombre Dougie; y, en los últimos episodios, al Cooper que todos conocimos, astuto y amante del café. Otro peso pesado del elenco es la nueva cara de alguien no tan nuevo: Laura Dern es Diane, la asistente de Cooper, ahora en carne y hueso, personaje enigmático a cargo de una actriz intachable, ya familiarizada con los bolazos mentales de Lynch, y eso se nota.

Twin Peaks no es fácil de encasillar y en lo que respecta a géneros, esta tercera parte es más tajante todavía, pasando, sin muchas vueltas, del drama a la comedia, del surrealismo más onírico al gore más puro y espantoso. El humor no siempre es de corte sitcom, ya que en muchas ocasiones es insólito, casi teatral, al estilo de Rabbits (2002), esa webserie absurda de Lynch.

Por momentos estirada, por momentos demasiado corta, The Return plantea nuevos cabos que no cierra –de la familia Horne terminamos sabiendo poco y nada, por ejemplo–, y dedica dudosos minutos a un cierre musical en cada episodio, que aunque se antoja magnífico desde lo audiovisual, a veces parece un robo desde el guion. Pero es David Lynch quien edita y teje esta historia, y es muy difícil andarle con “peros” al mismo director que consiguió que craneemos teorías durante años para entender Mulholland Drive (2001) o Lost Highway (1997).

Los últimos episodios de The Return están muy en la línea de las mencionadas películas. Lynch hace uso de todas sus técnicas y la historia termina mareada en asuntos de realidades alternativas y mambos con el espacio-tiempo.  Al final, todo confluye en una movida arriesgada: Laura Palmer resucita… o casi, porque Cooper –quien ahora se llama Richard–, se topa con una mujer idéntica llamada Carrie. Es de lo más extraño, pero sus creadores se aseguraron de que no lo sintamos como sacado de la galera. Pocos episodios antes, Gordon Cole (interpretado por el propio Lynch) se topaba con Monica Bellucci en una escena que es más que un easter egg y se preguntaba quién es el que sueña todo esto.  Audrey Horne, personaje que no se rindió al fanservice como todos hubiésemos querido, también se despierta de un sueño y confunde todo mucho más.

Tal vez el único sueño que importe es el que soñaron Lynch y Frost cuando planearon Twin Peaks en 1990. Tuvieron que transcurrir 25 años, pero finalmente estuvo la chance de dar rienda suelta al impulso creativo y, aunque los ratings no los volvieron a acompañar, pudieron perfilar esa idea original con el apoyo de la crítica y los fans, sin presiones de parte de Showtime. Revivir a Laura Palmer es, para mí, la muestra más clara y rebelde de que nunca quisieron que Twin Peaks sea un thriller criminal. ¿Qué es, entonces? “Es difícil de explicar”, como le dice Cooper a Laura/Carrie, al final. 

Sí, aún con ese terrible CGI, Twin Peaks sigue siendo brillante y es fiel a su esencia más pura. TV de autor como esta no es algo que se ve todos los días.