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Analisis | Naturaleza (in)humana

ANÁLISIS: Inhumans S01E01/E02 (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Aléjense malditos nerds, ¡es una trampa!

Volvamos un minuto el tiempo atrás, cuando “Inhumans” formaba parte del cronograma del MCU con su propia película a estrenarse en 2019. Con la incorporación de Black Panther, Captain Marvel y la vuelta de Spidey a la lista, los inhumanos quedaron relegados a un segundo plano y entraron de lleno en el universo televisivo de ABC, donde se colaron esporádicamente en las historias de “Agents of S.H.I.E.L.D.”.

Pero todavía les debían su propio show, en apariencia con mejores valores de producción que sus compañeras de cadena (criticadas en parte por esto), tanto así que la gente de IMAX se copó con la idea y prestó sus equipos para la realización (y promoción) del episodio piloto.

En teoría esto suena genial (ya se había hecho con “Game of Thrones”), pero no hay nada en la práctica que acerque el bochín de “Inhumans” a los estándares de la serie épico-fantástica de HBO, o de cualquier otra del género superheroico. No vamos a hacer ninguna comparación, pero si hubo una mayor inversión y atención al detalle, esto no se distingue en pantalla.

La serie creada por Scott Buck (mismo irresponsable de “Iron Fist”, y acá debería quedar todo más que claro) sufrió unos cuantos baches e insultos por el camino, ampliamente justificados. ABC e IMAX se la jugaron y estrenaron los primeros dos episodios por tiempo limitado, como una suerte de película, en las pantallas más grandes del mundo como incentivo para captar la atención de los fans, un poquito renuentes después de unos avances e imágenes que dejaban mucho que desear.

Los principales problemas de “Inhumans” no pasan solamente por un presupuesto demasiado acotado para un producto que merece un gran desarrollo desde la puesta en escena y los efectos especiales. Falla desde el guión y una historia demasiado telenovelesca (y aburrida, MUY aburrida) para un grupo de individuos con poderes capaces de plantarle pelea a cualquier mutante, superhéroe o afines. Ni hablar de las actuaciones, sobre todo la de su protagonista Black Bolt (Anson Mount) que, entendemos que sea “mudito”, pero no nos puede demostrar más de una emoción a lo largo de hora y media.

Este primer episodio doble arranca en Hawái, donde un grupo comando muy a lo “Depredador” (y a través de extraños planos detalle y en cámara lenta para demostrar la nitidez y belleza del 70 mm… algo que funciona muy bien en “Dunkerque”, pero acá no aporta absolutamente nada) se encarga de cazar a un par de estos seres con poderes dispersados en la jungla.

A muchísimos kilómetros de distancia, más precisamente en la superficie de la Luna, se encuentra Attilan, ciudad/reino que agrupa a los inhumanos, gobernada por Black Bolt y su esposa Medusa (Serinda Swan). Una monarquía arraigada en un sistema de castas determinadas por el tipo de habilidades que consiguen sus habitantes a través de un proceso conocido como Terrigenesis, básicamente, el despertar de esos genes que le otorgan poderes sobrehumanos.

Claro que en algunos, estas habilidades tardan en manifestarse (o nunca llegan) convirtiéndolos en simples humanos. Es el caso de Maximus (Iwan “Ramsay Bolton” Rheon), el rencoroso hermano de Black Bolt que busca cambiar su situación de ciudadano de segunda a toda costa. ¿Cómo? Orquestando un golpe de estado que obliga a gran parte de la familia real y sus allegados más fieles a escapar hacia la Tierra.

Por lo que se ve en esta primera entrega, “Inhumans” se moverá entre estos dos escenarios. Attilan y su nuevo “orden” comandado por Maximus, y Hawái, desde donde los exiliados trataran de hacerles frente y salvar el planeta de una invasión inminente.

Todo esto, lamentablemente, suena mucho mejor de lo que aparece en la pantalla. El director Roel Reiné no tiene la menor idea de dónde colocar su cámara para que las tomas sean mínimamente interesantes, o evitar al menos, que los efectos especiales se vean tan, pero tan berretas. Tampoco puede hacer mucho con el grupo de actores que le toca, o un guión cargado de incongruencias.

“Inhumans” no logra sentar las reglas de su propio juego, explicar cómo funcionan los poderes de los personajes o la avanzada tecnología de este mundo que parece conocer todo sobre la Tierra, aunque algunos protagonistas se sorprendan ante la aparición de un automóvil o un teléfono celular como si llegaran derechito del medioevo. La narración se contradice constantemente, algo que puede ocurrir a lo largo de una temporada, pero no en los primeros episodios donde intentan presentar una historia y un universo específico.

Entre sus diálogos exagerados o típicos de novela venezolana (una mala novela venezolana), “Inhumans” pierde la oportunidad de jugar con la intriga política y palaciega más cercana a “Game of Thrones” que a los conflictos “raciales” de los mutantes, por ejemplo. Es imposible no distraerse -o soltar una carcajada- con la melena colorada en CGI de Medusa (o la peluca, cuando está inanimada) cada vez que aparece en pantalla, la sobreactuación de Rheon, las miraditas de Mount, o el hecho de que Lockjaw es el bulldog más desorientado de la galaxia.    

A “Inhumans” se le puede dejar pasar, hasta cierto punto, la falta de presupuesto, sus escenarios digitales y sus cromas; pero no podemos perdonar una historia tan inconsistente, mal llevada y, por sobre todo, tan poco entretenida. Ahora se entiende esa falta de confianza en la gran pantalla y el hecho de que estos inhumanos hayan ido a parar al fondo del tarro, incluso más bajo que Phil Coulson y compañía.