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Editoriales | La tercera es la vencida

El Rincón del Rogue: Sword of the Stars: The Pit

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Por: Maximiliano Baldo

Vamos a un universo de fantasía espacial, a descender a las entrañas de una instalación alienígena

Tuvimos una leve sensación de titubeo en cuando la gran puerta mecánica se hizo a un lado. Aquello nos recordaba demasiado a una experiencia previa... aunque, tras echar un cauteloso vistazo al interior de la habitación, nos relajamos al comprobar que la totalidad de los allí presentes eran humanos.

La taberna había vuelto a modernizarse; era demasiado evidente que ya no estábamos en aquel universo de fantasía medieval. Volvían a brillar las luces eléctricas y la congregación mostraba atuendos dignos de una tripulación espacial. Podían distinguirse diversos grupos en relación a los colores de sus ropas; allá, unos fortachones de rojo reían y compartían historias de combate; aquí, dos ingenieros de amarillo le hacían ajustes a un arma de aspecto temible; y en aquel rincón...

Ah, sí... nuestro amigo encapuchado.

Tomamos asiento frente a él. Una vez más, su capucha lo hace demasiado visible en el ambiente que nos rodea, pero nadie repara en su presencia. Él sí repara en la nuestra y nos observa--o al menos parece observarnos--con infinita paciencia. Revisamos nuestros bolsillos pero no encontramos monedas para ofrecer, excepto por una tarjeta de plástico con nuestro rostro impreso en un pequeño cuadro, junto a nuestros datos personales.

Aquel ser extiende una mano enguantada, gesticulando entregarle la identificación. Obedecemos, no muy seguros de lo que ocurrirá a continuación; y lo que ocurre es que él desliza nuestra tarjeta por la ranura de un aparato a su lado. Se oye un leve pitido y la tarjeta es expulsada para inmediatamente sernos devuelta. ¿Realizamos el pago...? Pareciera ser que sí, porque aquel ser vuelve a observarnos con aparente interés.

-Hábleme... Ehm... Sí; hábleme de Sword of the Stars: The Pit.

La oscuridad debajo de la capucha acapara nuestra atención hasta que todo a nuestro alrededor pierde enfoque. Caemos...


Sword of the Stars es, originalmente, un juego de estrategia especial 4X ("eXplorar, eXpandir, eXplotar y eXterminar") desarrollado por Kerberos Productions y distribuido por Paradox Interactive, un nombre que conoce bien el género. El juego tuvo una buena aceptación entre el público, lo que motivó a Kerberos a desarrollar una secuela que fue eventualmente lanzada, otra vez mediante Paradox, sólo para recibir fuertes críticas. Luego de esta fallida secuela, Kerberos lanzó una campaña en Indiegogo para financiar un nuevo juego que tomaría lugar dentro del universo de Sword of the Stars... pero en un género totalmente diferente a lo anterior: Roguelike.

Nuestro mundo está cayendo presa de una terrible enfermedad. Existen indicios de que en lo más profundo de una inmensa instalación alienígena, conocida como "El Pozo" ("The Pit"), se encuentra la cura para el mal que aqueja a nuestros compañeros. El problema es que ninguna de las expediciones que partieron a su encuentro han regresado... pero debemos seguir intentándolo si queremos salvar a nuestro pueblo.

Tal es la historia del juego al momento de descender al primer piso; el primero de muchos si lo que deseamos es salir victoriosos. La campaña de Indiegogo consiguió captar la atención de varios interesados, pero no fue suficiente y culminó con apenas el 40% de lo que se esperaba recaudar. Pese a esto, Kerberos le puso empeño al proyecto y lanzaron el juego tres meses después de la fallida campaña, el 21 de Febrero de 2013.

The Pit sigue muchos estándares de los juegos Roguelikes clásicos, pero suma varios elementos de consideración. Primero y principal está su ambientación en un futuro tecnológico. Las tres clases jugables originales representan oficios clásicos de la narrativa espacial: un Marine que hace énfasis en sus músculos, un Ingeniero que se enfoca en reparación y construcción, y un Scout que prefiere influir en su velocidad y agilidad (sería el Rogue de este ambiente futurista, digamos). Nuevas clases se añadieron con el paso del tiempo, pero en forma de DLC pago.

Siendo este un ambiente futurista espacial, el juego hace hincapié en las armas de fuego y arrojadizas, aunque no habrán de faltar opciones de melee. Nuestro arsenal es muy variado y existe la posibilidad de mejorar nuestras armas mediante módulos y accesorios adicionales. Siempre que sea posible es recomendable optar por ataques cuerpo a cuerpo a fin de ahorrar munición para enemigos más poderosos, que no tardarán en hacerse presentes.

Otro elemento de interés es la posibilidad de interactuar con muchos elementos del mapa. Puertas cerradas, cajas de seguridad, montones de escombros... cada elemento puede examinarse para intentar sacarle algún tipo de provecho: hackear puertas para abrirlas, forzar cerraduras, examinar los escombros para encontrar ítems; cada interacción depende de un nivel de habilidad específico de nuestro personaje, que a veces puede ser asistido por objetos y herramientas. Por ejemplo, utilizar una ganzúa aumenta drásticamente nuestra probabilidad de forzar un cerrojo.

Nuestra interacción con lo que encontremos en el Pozo se expande con algunas máquinas más complejas: un pedestal de carga que regresará algunos de nuestros ítems a su máxima funcionalidad, una camilla médica para reponer fuerzas, o incluso un horno para combinar alimentos y obtener algo más nutritivo. Descubrir y experimentar con nuevas máquinas y recetas nos ayudará a sobrevivir en los peligrosos pasillos de esta edificación alienígena.

¿Mencionamos comida? The Pit no sólo nos hace preocuparnos por nuestro nivel de salud, sino además por nuestra barra de hambre. A cada paso que avanzamos nuestro estómago se irá vaciando, y llegar a niveles críticos puede ser letal. Ya comenzamos la partida con algunas raciones, pero si no encontramos sustento en nuestra exploración de las profundidades estructurales del Pozo no llegaremos demasiado lejos.

Un elemento que pronto reconoceremos como vital es el Tiempo. Como en todo buen Roguelike clásico, nada se mueve hasta que nosotros no nos movemos. La diferencia en The Pit está en que todo se mueve a tiempos distintos, por lo que si nosotros avanzamos una casilla no significa que los enemigos avancen la misma distancia durante su turno. Algunos se acercarán a nosotros con mayor velocidad, mientras que otros  se mostrarán más lentos en su andar. Este elemento no parece gran cosa... hasta que nos damos cuenta que todas nuestras acciones consumen tiempo: recargar nuestra arma, hackear una puerta, examinar escombros... todo requiere de una pausa en la que los enemigos puede moverse con absoluta libertad, y si cometemos el error de recargar nuestro rifle cuando un robot asesino está a un metro de distancia no hay que ser demasiado listo para entender que aquello es un error fatal de nuestra parte. Administrar bien nuestro tiempo se vuelve una necesidad.

Finalmente, se destaca el sistema de control del juego. The Pit puede jugarse totalmente con el uso del mouse, aunque también hay comandos por teclado. No existe una gran cantidad de comandos especiales, más allá de "Interactuar" (que realiza la mayoría de las funciones con objetos), "Recargar" y "Atacar/Disparar". El juego está diseñado para ser fácil de entender y disfrutar sin quitarle elementos de dificultad al mismo tiempo.

Es un largo y peligroso descenso a las entrañas de esta instalación alienígena, pero The Pit consigue darnos muchas experiencias memorables aún sin apartarse demasiado de los elementos más clásicos del género. Se siente familiar para los que estamos acostumbrados al mundo Roguelike, mientras que los jugadores neófitos encontrarán una buena puerta de entrada a este mundo gracias a sus gráficos aceptables y comandos simplificados.

Kerberos Productions consiguió entregar un producto de buena calidad que hoy tiene su grupo de seguidores en el género, pasando de dos juegos de 4X... a un humilde Roguelike. ¿Quién lo diría?


Una serie de bramidos electrónicos nos regresan a la realidad. Parpadeamos al tiempo que una ráfaga de plomo se incrustó en la pared a nuestro lado. Reaccionamos lanzándonos al suelo y cubriendo nuestras cabezas hasta que las cosas tengan un poco más de sentido en nuestra entumecida mente.

Emergemos pasados algunos minutos, cuando la balacera ha culminado y las alarmas se han detenido. Ya no debería sorprendernos, pero el local está en ruinas. Algunas bajas humanas, pero las principales víctimas son aquellas criaturas cuyos cuerpos sin vida ocupan el 80% de la superficie de la habitación. Una mirada rápida a nuestro anfitrión revela que, una vez más, no se muestra afectado en lo más mínimo por lo que ha ocurrido en los alrededores.

Mientras un grupo de Scouts examinan los cuerpos en búsqueda de algún material de interés, con el sonido de los Marines recargando sus armas para una posible segunda oleada y los grupos de Ingenieros preparando algunas defensas adicionales, decidimos que lo mejor que podemos hacer es escabullirnos hasta la entrada principal, salir y, posiblemente, no regresar nunca más.

Y eso es lo que hacemos.

Atrás queda el Pozo y su tecnología alienígena. Adelante nos espera lo inesperado. Quizá una frase un poco cliché... pero también una que se ajusta perfectamente a este extraño mundo Roguelike.


SWORD OF THE STARS: THE PIT

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