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Editoriales | Con sabor tropical

El Rincón del Rogue: IVAN

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Por: Maximiliano Baldo

Era un día normal hasta que nos encajaron la misión de nuestras vidas... y de nuestra muerte

El sol brillaba a través de las rústicas ventanas de la choza, iluminando las mesas de caña y bambú. Varios grupos de turistas parloteaban entre sorbo y sorbo de licuados de banana y bebidas de piña. Aquel era un sitio de alegre apariencia, al menos dentro del edificio. Si uno afinaba el oído podía escuchar, allá a lo lejos, el chasquido de un látigo quebrando el aire, imponiendo obediencia.

El tabernero gobernaba detrás de una barra tropical, con su camarera vistiendo atuendos típicos de aquellas tierras cálidas; una bikini de colores vivos y su falda de hojas. Todo muy colorido... todo muy alegre... todo muy vivo.

Es por eso que el ente encapuchado podía distinguirse a simple vista. Resaltaba entre la multitud como una mancha de tinta en una hoja en blanco. Nos dirigimos a su mesa y dejamos sobre la misma un puñado de monedas.

-Hábleme de... IVAN.

El ente dejó de beber su jugo de piña. Debía haber algo bajo la capucha que pudiese beber, pues el recipiente estaba vacío de contenido. Hizo a un lado el rústico vaso y se reclinó sobre la mesa, tomando el dinero y dejándonos ver la oscuridad bajo la capucha. Todo el colorido de aquel sitio se fue drenando a medida que caíamos bajo aquel trance...


Había sido una rutina de trabajo normal: despertar, ir a recolectar bananas en extensos horarios laborales, descansar brevemente hasta la próxima salida del sol para repetir todo el proceso. Qué alegría es, entonces, ser invocado por el propio virrey, Richel Decos, quien nos hace un encargo especial: aparentemente sus mensajes son interceptados antes de llegar a manos de sumo sacerdote Petrus, por lo que se nos hace entrega de una carta en código que debemos entregar a la importante figura en persona.

Sólo hay un pequeño inconveniente: nos encontramos en una isla apartada del continente principal y nuestro único medio para cruzar las aguas es atravesar los peligrosos túneles subterráneos que conectan ambas masas de tierra... y no podríamos estar más felices por ello.

He allí el motivo de ser de IVAN, un curioso Roguelike que nos presenta una ambientación ligeramente diferente a lo que estamos acostumbrados, pero haciendo mucho más énfasis en un humor sarcástico que sólo puede equipararse con algunos picos de dificultad en su jugabilidad. ¿No me creen? No se engañen: "IVAN" no es el nombre de nuestro protagonista, sino el acrónimo de "Iter Vehemens ad Necem", que se traduce como "Violenta forma de morir". Ominoso, ¿verdad? Se pone todavía mejor.

IVAN sigue los arquetipos clásicos de todo buen Roguelike pero se gana sus laureles en algunos apartados especiales. Siempre jugamos con el mismo personaje (podemos darle otro nombre, si lo deseamos), así que nuestro estilo de juego dependerá mayormente de los ítems que encontremos en nuestro camino; en especial armas y protecciones. Estas pueden estar formadas por diferentes materiales, o combinación de materiales, que le dan a los objetos distintos valores de peso y resistencia.

Uno de los aspectos más interesantes de IVAN es su sistema de partes corporales. Nuestro pobre mártir protagonista puede recibir heridas en distintas partes de su cuerpo y, dependiendo de dónde, estas heridas pueden causar serios problemas en su persona. Una pierna herida dificultará nuestra movilidad, mientras que un brazo quebrado nos impedirá atacar con acierto, o atacar y ya.

De hecho, es posible perder brazos y piernas en combate (o mediante nuestra propia estupidez; el juego no discrimina en ese aspecto), pero eso no nos impide seguir adelante. Esto se debe a que nuestros enemigos también pueden perder miembros y, si somos lo suficientemente listos y no le hacemos mucho asco a algunas cosas, es posible reemplazar nuestros miembros con los de otra criatura. Sin embargo, recibir suficientes daños en la cabeza, pecho o cadera sí será fatal, así que si podemos encontrar protecciones para esas regiones cuanto antes, mejor.

A veces la mejor protección es la protección Divina. IVAN ofrece más de una docena de Dioses y Diosas a los que podemos rezar para ver si nos sacan de algún aprieto; pero cuidado, que algunos de ellos adoran el caos y puede que nos traigan más problemas que beneficios. De todas formas, si podemos encontrar algún libro sobre religión siempre vale la pena leerlo para aprender los rituales de tal Dios o Diosa, para así tener al menos una carta extra bajo la manga.

Un elemento en contra de IVAN es su fluctuante dificultad, lo que puede caerle muy mal a nuevos aventureros. No es nada inusual experimentar juegos Roguelike cuya dificultad va en aumento demasiado rápido, pero este juego en particular no tiene ningún problema en lanzarnos de cabeza a una matanza ni bien entramos al túnel subterráneo, cuando todavía estamos muy mal preparados para encarar cualquier tipo de aventura. En otras oportunidades la curva de dificultad es mucho más suave, dándonos buenos ítems al inicio del camino para poder avanzar con mayor confianza. Es una excentricidad del juego a la que vamos a tener que acostumbrarnos.

IVAN juega con varios estándares del género Roguelike, a veces aplicando una cuota de humor sarcástico muy apreciable, otras veces expandiendo su mundo de maneras inesperadas. ¿Pensaron que la única misión del juego era entregarle a Petrus ese pergamino que nos dieron al inicio de la partida? Se equivocan... esa es apenas la primera aventura a la que nos enfrentamos. Hay otras más adelante... o quizá más atrás.

Los más experimentados descubrirán que el juego permite varias interacciones y reacciones que no esperábamos, y sacarle provecho a estas instancias nos llevará por caminos poco frecuentados. No se preocupen demasiado por esto; lo mejor que pueden hacer en un principio es intentar seguir la ruta trazada y tomarle la mano a las mecánicas del juego; pero con el correr de las partidas iremos aprendiendo técnicas y estrategias que harán replantearnos nuestro rol en la aventura, así como la de aquellos que nos enviaron a la misma.

Este Roguelike no es tan reconocido o comentado como otros juegos del género, pero definitivamente se merece un lugar entre los más interesantes del listado. Con un estilo propio y algunos sistemas de gran interés, IVAN nos lanza a un universo cargado de peligros... pero también lleno de posibilidades inimaginables.


La camarera nos ofreció un licuado de banana en cuanto recuperamos el conocimiento, y no nos dimos cuenta de ello hasta no haber vaciado la mitad de la bebida. Sabía muy bien. El ente no daba muestras de darse por aludido, habiendo regresado a su propio refrigerio.

El jolgorio en aquella rústica edificación se mantenía latente. Era la segunda vez que nos ocurría. ¿Podíamos tener tanta suerte? Sin embargo... al afinar el oído podíamos oír más estallidos proviniendo del exterior... y gritos. Alguien ladraba una orden, inmediatamente seguida de un latigazo. Otra orden, otro latigazo. Un grito más... y esta vez no era una orden.

La frágil pared al otro lado de la taberna estalló en una nube de paja y trozos de caña. Los turistas entraron en pánico al tiempo que media docena de esclavos recolectores de bananas entraban al edificio lanzando aullidos de rebelión. Supusimos que aquella era la señal para levantarnos de nuestro asiento y huir a toda velocidad... y eso es lo que hicimos.

Mientras los esclavos rebeldes se lanzaban contra la barra para beber a sus anchas y los turistas se debatían entre correr por sus vidas o quedarse a tomar fotos, nosotros optamos por alcanzar la vetusta puerta de madera y salir del edificio.

No existe tal cosa como un paraíso tropical. No cuando alguien intenta imponer cualquier vestigio de civilización en la zona.


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