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Editoriales | Batallas de la vida

El Rincón del Rogue: Tales of Maj'Eyal

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Por: Maximiliano Baldo

Haciendo énfasis en historia y combate, Maj'Eyal nos invita a un universo de fantasía

Hacía una eternidad que no entrábamos a la taberna, o al menos esa era la sensación. En esta oportunidad volvíamos a apreciar las razas clásicas de la fantasía medieval, aunque las diferentes etnias parecían sub-dividirse con características aún más detalladas y específicas.

En algunas de las mesas podían observarse a poderosos guerreros jugando a los dados e intercambiando monedas de oro en cuanto las caras de los cubos les eran favorables por los designios de la suerte. En otros rincones del salón, grupos de magos de diversas artes arcanas debatían sobre hechizos y encantamientos. Incluso algunos seres de mayor tamaño, ogros, se reunían en un extremo de la taberna para intercambiar historias y grabar runas con una diligencia que uno no esperaría de su raza.

La concurrencia era cuantiosa; la charla era animada; el lugar parecía acogedor. Más allá de la primera impresión, nuestro objetivo se divisaba en el rincón más alejado del público. El ente encapuchado había sido la única constante de nuestras frecuentes incursiones, y hoy no habría de ser distinto.

Tomamos asiento frente a él y dejamos caer las monedas sobre la mesa.

-Hábleme de... Tales of Maj'Eyal.

Tras barrer el dinero de la superficie de madera e inclinarse sobre la misma, la oscuridad bajo su capucha fue el núcleo de toda nuestra atención.


TALES OF MAJ'EYAL

Es más fácil para un juego Roguelike hacer a la narrativa a un lado. Cuando la experiencia se basa en niveles procedurales los motivos suelen ser secundarios a la acción. Exploro, luego existo. En la gran mayoría de los casos el objetivo es simple, conciso: descender hasta el piso X y obtener Y, donde "Y" suele ser el Amuleto de Yendor (un clásico a esta altura) u otro tesoro de igual calibre. El atractivo de la aventura está en la aventura misma, en el arte de avanzar sin morir y, muchas veces, de tentar a la suerte con alguna poción caprichosa o algún hechizo enigmático.

Otras veces, sin embargo, la narrativa pasa al frente de la experiencia y cualquier muerte en el camino se deberá únicamente a nuestra incompetencia como jugadores. Tales son los Cuentos de Maj'Eyal.

Tales of Maj'Eyal es la visión de Nicolas Casalini; diseñador y programador del juego; a través del arte de Assen Kanev y Raymond Gaustandes, que le dan a este producto uno de sus atractivos más destacables, que es poseer un competente apartado gráfico. El mundo de Eyal y sus habitantes brillan con diseños detallados y terrenos de todos los sabores, desde los clásicos bosques y cavernas hasta planos astrales y vacíos cósmicos. Pero estos escenarios no servirían de nada sin buenos actores, y los personajes de este juego son verdaderas estrellas en sus respectivos oficios.

Será la pantalla de creación de personaje, al iniciar una nueva partida, la que nos dará la primera pauta de que estamos a punto de adentrarnos en un mundo rico en contenido. Tras elegir Raza observaremos que tenemos acceso no sólo a sub-razas dentro de la primera categoría, sino además a Clases para las mismas. No nos limitamos a los clásicos Guerreros, Magos y Rogues, sino que expandimos las opciones a Mago de la Paradoja, Demonólogo, Paladín del Sol, Alquimista y más... mucho más. También notaremos que muchas de las opciones se encuentran inicialmente bloqueadas; habrá que encontrar la forma de habilitarlas dentro del juego para futuras nuevas sesiones, obtenerlas de parte de las expansiones a la aventura original, o ambas.

Esta enorme variedad de opciones a la hora de definir a nuestro personaje se equipara con la segunda gran muestra de diversificación, la que ocurre al iniciar la partida y darnos de frente con una norme pantalla de Habilidades. Dependiendo de nuestra Raza y Clase ya empezaremos con algunas habilidades a nuestro control, pero desde esta pantalla, y mediante el uso de puntos obtenidos al pasar de nivel, podremos mejorar a nuestro personaje de formas muy interesantes. Las habilidades se dividen en acciones Pasivas y Activas. El correcto uso de las mismas durante el juego garantizará nuestra victoria... pero no se confíen demasiado, porque el combate en Maj'Eyal es una bestia por derecho propio.

La idea clásica de combate en cualquier juego Roguelike suele limitarse a "avanzá hacia el enemigo y pegale hasta que se muera", a veces endulzado con alguna habilidad para atacar a distancia (arco y flecha, magia); pero Maj'Eyal toma una postura un poco diferente a la hora de entrar en batalla: el juego sugiere cada combate como un desafío de estrategia por turnos. Esto a merced de que no será inusual vernos rodeados de enemigos en algunos momentos críticos, y es allí donde entran en juego nuestras invaluables Habilidades.

Pronto veremos que el escudo de los Guerreros (especialmente la sub-clase que basa sus ataques en el uso de defensa) es una herramienta indispensable para aturdir enemigos y lanzarlos algunas casillas hacia atrás; nuestros ágiles Rogues encontrarán en las habilidades de desplazamiento su salvación al mantenerse alejados de potenciales peligros; y pese a que las Clases mágicas suelen tener los peores números de salud y resistencia física, sus impresionantes hechizos son dignos tanto de nuestra admiración como del terror que le causará a sus efímeras víctimas.

Cada encuentro en Maj'Eyal es, entonces, un combate de estrategia que nos invita a prestarle atención a todo lo que nos rodea y a administrar bien nuestras Habilidades latentes. Más aún, dependiendo del modo de juego elegido Maj'Eyal lidia con la muerte de manera un poco diferente a la de la gran mayoría de los juegos Roguelikes: nos valdremos de una cantidad de "vidas", cuyo número puede aumentar al pasar ciertos niveles, que nos permitirán regresar al punto de nuestro deceso o, si acaso la situación nos había superado por completo, enviarnos agradecidamente al mapa del mundo para intentar viajar a alguna otra locación con mejores posibilidades para nuestro nivel actual. Los más puristas no han de temer, pues también existe la opción de Perma-Muerte clásica.

Son las historias de Maj'Eyal las que terminan de dar forma a un mundo abundante en cultura, folklore y políticas internas. La primera misión variará según el personaje que creamos al inicio de la partida, y pese a que contamos con una línea de quests generalizada para toda la aventura, cada Raza tendrá aventuras específicas para ir conociendo más y mejor las excentricidades de este universo.

Finalmente, Tales of Maj'Eyal posee un impresionante nivel de detalle en todo su diseño, pero consigue evitar volverse innecesariamente complejo para nuevos jugadores. Aquí entra en juego su excelente diseño de interfaz, mostrando información detallada de ítems, habilidades y criaturas que encontramos a nuestro paso. Mejor aún, su sistema de control ha sido pulido con diligencia, permitiendo al jugador realizar todas las acciones necesarias apenas con el uso del mouse, aunque no niega controles clásicos o el uso de atajos mediante el teclado. Maj'Eyal es sorprendentemente accesible, siendo su único verdadero inconveniente estar disponible únicamente en inglés; lo cual, para un juego que se basa tanto en textos explicativos e historias detalladas, es un severo punto en contra para los que no dominen el idioma.

No hay nada de malo en conceptos simples y aventuras sin más historia que la aventura misma; pero para aquellos que deseen algo un poco más rico en contenido y, al mismo tiempo, de fácil acceso, Tales of Maj'Eyal puede que sea justo lo que estaban buscando.


Pasaron algunos minutos y varias docenas de parpadeos hasta que reaccionamos al fin. Ya estábamos acostumbrados a notar importantes cambios a nuestros alrededores antes y después de aquellos trances... y por eso nos sentimos tan extrañados en esta oportunidad en particular.

Nada ha cambiado.

Los guerreros continúan jugando a los dados. Los magos escriben fórmulas mágicas. Los ogros comparan grabados rúnicos. ¿Es el hecho de no haber cambiado nada lo más inusual que hemos presenciado en este sitio?

Decidimos no tentar a la suerte. Oportunidades así no suelen presentarse demasiado seguido. Agradecemos a nuestro anfitrión y nos retiramos, dirigiéndonos a la salida. A nuestro paso esperamos que salte alguna dificultad, algún evento inesperado, algún accidente imprevisto, alguna acción de rebote. No ocurre nada.

Sólo al abrir la puerta y echar un último vistazo al interior de la taberna se nos ocurre una idea al respecto: quizá la naturaleza de este universo nos permite tomarnos un respiro de vez en cuando... o quizá el cambio que ocurrió entre un momento y otro fue tan específico que sólo podríamos apreciarlo al regresar en otro momento.

Si acaso se trataba de la segunda opción, jamás lo sabríamos. Una vez que atravesáramos el umbral, nuestro regreso sería marcado por otro universo.

Salimos al exterior sintiendo que dejamos atrás algo mucho más interesante de lo que podíamos imaginar. Pocas veces nos ocurrió aquello.


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