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Ránking | Retro geek

10 cosas que viviste si eras un niño nerd en los ‘60s y '70s

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Por: Cecilia Bona

¿Quién dijo que las series, las pelis y el gaming eran sólo patrimonio de la actualidad?

Desde hace muchas décadas el nerd se viene preparando para conquistar el mundo. Al principio sin saberlo y ahora con plena intención.

¿Te imaginás lo que debe haber sido ser fanático de una serie cuando no existía internet? ¿Podés ponerte en la piel de un niñito sesentoso que vio por primera vez la tele? ¿Te das una idea de lo difícil que era conseguir información para la tarea del cole sin Wikipedia? 

Tal vez a vos te parezca increíble, pero al que está sentado al lado tuyo también leyendo esta nota (¡hola!) te puede contar muy bien cómo fue. Hermoso, eso fue crecer en los '60 y '70. Si no, leé esta nota.  

  • 10
    TE CAMBIÓ LA VIDA: La televisión
    Sí, sabemos que la primera transmisión televisiva que se hizo en el país sucedió antes de estas décadas que homenajeamos hoy. Sin embargo, lejos estaban en 1951 las posibilidades de muchas familias de acceder a un aparato que sintonizara el único canal disponible: el 7.

    La masividad se consiguió en las épocas venideras. Primero porque hubo que equipar estudios, crear contenidos y poblar camarines de trabajadores de teatro y radio que se fueron volcando a lo audiovisual. En segundo lugar, porque la aparición de la competencia se dio paulatinamente y recién en los últimos años de la década del ’50 llegaron las señales “Ca De Te” (hoy Canal 9), el 13 y el actual Telefe. El tercer punto fue la distribución de televisores y de la idea de “mirar TV”, que costó pero se instaló.

    Los niños de los ‘60 y ’70 esperaban con la merienda lista programas como “Los tres chiflados”, “Rin Tin Tin”, "Titanes en el ring" y “El Zorro”, mientras que los canales también hacían propuestas familiares al estilo de “Sábados circulares” o “Sábados de la bondad”.

    Del blanco y negro al color, de las series de cowboys a las cómicas, de los formatos comprados a la producción propia y de los almuerzos de Mirtha Legrand a las cenas de Mirtha Legrand (pasando por los almuerzos y cenas de Mirtha Legrand) la historia de la tele argentina es la historia de una industria consolidada que flaquea ante las nuevas formas de consumir contenido, pero que se sostiene incluso exportando ideas y programas.
  • 9
    TE PEGÓ: el Mundial ‘78
    Hay gente que cuenta su vida de uno en uno, cumple tras cumple. Hay gente que la divide por acontecimientos familiares, un antes y un después del nacimiento de un hijo, por ejemplo. Pero están los fanáticos del fútbol, que dividen sus vivencias por Mundiales. En ese conteo, lo ocurrido en la Argentina en 1978 se vuelve fundamental porque salimos campeones por primera vez.

    Vestidos con camiseta de mangas largas y shorcito mínimo, los jugadores nacionales salían a la cancha partido tras partido con una sola imagen en la cabeza: la de ellos mismos acariciando la copa dorada. Guiados por Luis Menotti, “El Pato” Fillol, Daniel Passarella, René Houseman, Mario Kempes y Américo Gallego, entre otros, armaban jugadas de gol y defendían los colores en la propia patria. En las tribunas y en los hogares los niños nerds de entonces festejaban cada picardía abrazados al álbum de figuritas Panini o colgando un poster de la mascota oficial, un gauchito gambeateador. La épica tuvo un final feliz y la Argentina se coronó campeón del mundo.

    Lamentablemente, el Mundial de 1978 está teñido de sangre. Al mismo tiempo que el país se agolpaba en los bares para ver los partidos, la Junta Militar que gobernaba de facto se encargaba de secuestrar, torturar y desaparecer personas. A pocos metros del Monumental donde se jugó la final contra Holanda, la ESMA funcionaba como un centro clandestino de detención. Las sospechas de dádivas pagadas por la Argentina a Perú para lograr los 3 goles de diferencia que se necesitaban para avanzar (el partido terminó en el memorable 6-0) o la aparición de Jorge Rafael Videla en el vestuario son solo algunas puntas visibles de un iceberg de muerte que enfría hasta hoy la alegría de los festejos.
  • 8
    COLECCIONABAS: Muñequitos de los chocolatines Jack
    Este es un llamado a los que fueron niños en los 90, en los 2000 y los de ahora. Cuando pasan por un kiosko, ¿ven algo que no sea producto del marketing? Hay galletitas con stickers, huevos con sorpresa, tabletas de cacao con frases y hasta chupetines con cajita. Pero no siempre fue así, por eso la golosina que se distinguió en los años 60 y venideros fue el chocolatín Jack.

    En ese entonces, la marca Fel Fort moldeó un chocolate en tableta pequeña con un pocito en su centro donde hacía reposar a un muñeco de plástico. El personaje quedaba escondido por el celofán que cubría la golosina, por lo que recién se sabía qué era cuando el ilusionado niño lo desenvolvía. Además de ser riquísimo, el chocolatín consiguió importantes ventas gracias al apego del coleccionista: todos querían completar la serie, aunque eso significara perder el hígado.

    Animales, autos, cohetes… todo era válido para convertirse en miniatura e ir a parar adentro del envoltorio. La promoción de Jack en la revista Anteojito se consolidó con la inclusión de los personajes de García Ferré como parte de los coleccionables.
  • 7
    QUERÍAS: El Scalextric
    Las diferentes infancias están muchas veces marcadas por las billeteras. Este es un comentario tan materialista que hasta nos da ganas de borrarlo, pero en la década del ’60, cuando los niños anhelaban hasta las lágrimas que les compraran un Scalextric, lo único que pensaban era por qué no habían nacido cerca de billeteras más abultadas.

    El Scalextric constaba de autos eléctricos a escala que circulaban por una enorme pista de rieles metálicos que alimentaban a los vehículos. Estéticamente, lucían modernos y únicos. Además, redondeaban el concepto niño-autitos-felicidad e instalaron el mando a distancia (aunque en este caso con cable).

    La tecnología de Scalextric era difícil de imitar, pero pronto surgieron otras marcas que proponían jugar a las carreras aunque no fuera con vehículos que andaban solos. De hecho, los niños sin el juguete se armaban sus propios circuitos y moldeaban en madera los coches a escala.
  • 6
    TENÍAS: Mis Ladrillos
    No se pueden analizar las décadas del 60 y el 70 sin hacer un hincapié especial en el segmento “Juguetes”. Ya dejamos en claro que la posta era tener un Scalextric y que lo difícil era completar la colección de muñequitos del Jack. Lo que nos queda por sumar a ese punteo era la magia de poseer un montoncito de “Mis ladrillos”.

    Los niños más curiosos y pacientes los amaban. Como los Lego de hoy o los Rasti de 40 años atrás, estas piezas de colores se encastraban para dar lugar a construcciones de todo tipo, desde edificios hasta fortines, desde casitas de muñecos hasta pistas de autos. Los packs más grandes venían con complementos que mejoraban la obra en construcción: ventanas, puertas, techos a dos aguas, ruedas… A lo largo de la historia, los ladrillos de este juego pasaron de ser de goma a plásticos y en la actualidad hasta se comercializan para armar robots programables.
  • 5
    COMÍAS: Galletitas Manón
    Cinco galletitas a 42 pesos eran negocio en las décadas que estamos homenajeando hoy. Los niños iban a la escuela acompañados de una vianda fácil para las familias: el paquete de Manón, fabricado por Terrabusi.

    “¡La mejor del colegio!”, se mandaba la parte el afiche. Claro, para la época podía haberlo sido, pero no hay nada más desesperante que un dulce de sabor insulso para mejorar la experiencia escolar. “Hacen la felicidad de los pibes y dan a las madres verdadera tranquilidad, porque ellas saben que son una importante contribución para su alimentación. Las Manon están elaboradas con el mismo celo que podría poner en ello la madre más cuidadosa”, ampliaba una publicidad de revista. ¿No será mucho?
  • 4
    LEÍAS: Lúpin
    La primera vez que el historietista Guillermo Divito, el dibujante Guillermo Guerrero y el ilustrador y guionista Héctor Mario Sídoli vieron su producto terminado en la calle, los calendarios marcaban 1966. La idea era algo estrambótica: una revista especializada en aviación distribuida cada 15 días cuya tira central estaba protagonizada por un piloto.

    La publicación se llamaba “Lúpin” (en referencia a la destreza aérea conocida como “looping”) y contaba con viñetas de todo tipo, ideales para los niños lectores y los que no lo eran tanto, porque las ilustraciones y colores incentivaban a muchos a sumarse al universo de las letras. Historietas protagonizadas por Al Feñique, el boxeador Mosca Kid, Bicho y Gordi, Saltapone y Resorte y el Profe, se mezclaban con el verdadero acierto de la revista: las láminas escolares y los aviones para armar.

    Es importante subrayar que en ese entonces no había internet ni videos ondemand, por lo que era muy común la compra de revistas para entretenerse, informarse y juntar material para hacer la tarea. Además de la Lúpin, la Billiken y la Anteojito eran muy leídas.

    Saltando al rubro “Libros”, la famosísima colección Robin Hood estaba muy de moda con sus tapas amarillas que permitían enfilarlas en el estante para reforzar qué tan lector se era y tenerlos a mano para elegir el que ayudaría a quedarse dormido.
  • 3
    JUGABAS: Flippers
    Si lo llevamos a lo técnico, un Flipper es una máquina de salón de accionar mecánico que consiste en impulsar una bola y obtener puntos haciéndola chocar contra los obstáculos del tablero sin que se nos escape. Ahora pidámosle a un niño nerd de los ’70 que resuma con sus palabras qué es para él. ¡Bingo! Así descubriremos el valor de lo emocional.

    Pongámonos en el contexto: no hay Internet, no hay consolas, no hay PCs. Entonces aparece él, al estilo Buzz Lightyear en Toy Story 1, un aparato colorido, con luces y sonidos. Se hace llamar Flipper, tiene dibujos de nuestras franquicias favoritas y nos permite competir entre amigos o solos, contra nuestras mejores marcas.

    Así fue la llegada del equipo que en otro países era conocido como Pinball. Enseguida abrieron salas que se jactaban de tener los mejores, los últimos o los que por lo menos andaban. Muchos clubes de barrio y bares les hicieron un lugarcito al lado de la rockola para ver desfilar a todos los niños del barrio que se enviciaron con la novedad. Fue tal el éxito de esta consola analógica (pongámosle) que todavía hoy genera fanatismo y hay muchos que aprovechan su precio accesible para tener la propia en casa.
  • 2
    VEÍAS EN LA TELE: Titanes en el Ring
    La noche del sábado 4 de marzo de 1962 Canal 9 hizo gala de un estreno: el primer programa de catch de producción nacional. Con aquella emisión inaugural, "Titanes en el ring" se instalaba en la idiosincracia local a la que pertenecería de manera discontinua hasta 1983.

    El show había sido creado por Martín Karadagian, conocido como El armenio, cuya ala cobijó el argumento de la serie y la troupe que la protagonizaba: El Indio Comanche, El Caballero Rojo, Mister Chile, Mister Moto, El Pibe 10, El Ancho Peucelle, Pepino y El Hacker, entre muchísimos otros. Los niños de entonces miraban la tele embelesados y jugaban a la lucha en el recreo, en el aula o tirándose desde la cama cucheta. El menos valiente, hacía las veces del relator, Rodolfo Di Sarli, en un memorable papel actoral.

    El universo "Titanes en el ring" se completaba con discos, presentaciones en vivo, figuritas, golosinas, posters, accesorios y todo tipo de objetos vendibles.
  • 1
    VEÍAS EN EL CINE: La Guerra de las Galaxias
    El diciembre argentino de 1977 había nacido para hacer historia. Los cines colgaron en sus carteleras el aviso de que Star Wars (o "La Guerra de las Galaxias" como se conoció acá) se estrenaría pronto. ¿Qué eran esos muñecotes blancos con casco? ¿Qué país gobernaba la princesa Leia Organa? ¿Qué otras películas había dirigido George Lucas?

    Estas preguntas (que ahora nos parecen insólitas) empezaron a tener respuesta después de que el público se le animara a Episodio IV. Dijo la crítica: "Una obra que impresiona por la fuerza de su impacto visual y la efectividad de sus trucos". La gente dijo de todo. A niños y adultos les explotó la imaginación, ¡nunca habían visto nada igual! Desde lo que se apreciaba en pantalla grande (locaciones, naves, espacio) hasta el argumento y los diálogos, pasando por los tiernos C3PO y AR2D2 (Arturito, para los gomías), el fenómeno de Star Wars se adueñó de las vidas nerds.

    Llegarían luego Episodio V y VI y las no muy aceptadas I, II y III. La generación geek de los '70 explica el tamaño de la bola de nieve de la franquicia. Por un padre, un tío o un conocido que creció en aquel momento, la amamos todos.

1. TE CAMBIÓ LA VIDA: La televisión

Sí, sabemos que la primera transmisión televisiva que se hizo en el país sucedió antes de estas décadas que homenajeamos hoy. Sin embargo, lejos estaban en 1951 las posibilidades de muchas familias de acceder a un aparato que sintonizara el único canal disponible: el 7. La masividad se consiguió en las épocas venideras. Primero porque hubo que equipar estudios, crear contenidos y poblar camarines de trabajadores de teatro y radio que se fueron volcando a lo audiovisual. En segundo lugar, porque la aparición de la competencia se dio paulatinamente y recién en los últimos años de la década del ’50 llegaron las señales “Ca De Te” (hoy Canal 9), el 13 y el actual Telefe. El tercer punto fue la distribución de televisores y de la idea de “mirar TV”, que costó pero se instaló. Los niños de los ‘60 y ’70 esperaban con la merienda lista programas como “Los tres chiflados”, “Rin Tin Tin”, "Titanes en el ring" y “El Zorro”, mientras que los canales también hacían propuestas familiares al estilo de “Sábados circulares” o “Sábados de la bondad”. Del blanco y negro al color, de las series de cowboys a las cómicas, de los formatos comprados a la producción propia y de los almuerzos de Mirtha Legrand a las cenas de Mirtha Legrand (pasando por los almuerzos y cenas de Mirtha Legrand) la historia de la tele argentina es la historia de una industria consolidada que flaquea ante las nuevas formas de consumir contenido, pero que se sostiene incluso exportando ideas y programas.
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