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Analisis | Carita triste

ANÁLISIS: Emoji: La Película

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Por: Jessica Blady

No esperábamos nada bueno, pero tampoco semejante desastre.

Con “Emoji: La Película” (The Emoji Movie, 2017) atestiguamos la verdadera debacle del cine norteamericano, al menos el de animación. Todo aquello que funciona a las mil maravillas en “La Gran Aventura Lego” (The Lego Movie, 2014) y sus derivados, incluso en películas como “Trolls” (2016) –o sea, historias que pudieron despegarse del ‘producto’ y ofrecer una narración original y entretenida, justamente, a pesar de ello y sólo como motor de la trama-, acá queda en evidencia y, encima, manda todos los mensajes incorrectos.

Entendemos que es una película para los más chiquititos, llena de colores, formas y personajes ¿queribles?, pero existe cierta responsabilidad sobre lo que se expone en pantalla y, admitámoslo, en ese sentido “Emoji: La Película” mea fuera del tarro. El director y guionista Tony Leondis (“Igor”) tenía la oportunidad perfecta para hablar sobre las nuevas formas del lenguaje, nuestra alienación y rendición ante los dispositivos electrónicos, y la pérdida de comunicación personal, entre tantas cosas. En cambio, eligió sumergir su aventura animada en un mar de marcas, aplicaciones y jueguitos muy reconocibles, ponderando el uso de celulares a cada momento, incluso más allá de la resolución del conflicto. Ya perdimos a los adolescentes, ¿realmente quieren empezar con los más chicos?

La nueva producción de Sony Pictures Animation –responsable de franquicias de éxito moderado como “Open Season”, “Lluvia de Hamburguesas” (Cloudy with a Chance of Meatballs), “Los Pitufos” (The Smurfs) y “Hotel Transylvania”- se ambienta en el interior del teléfono celular de Alex, adolescente que, como tantos otros, vive pendiente del aparato y, por todos los medios, busca la forma de comunicarse con la chica que le gusta.

Entre las aplicaciones se encuentra Textópolis, ciudad donde viven los emojis a la espera de ser utilizados por el usuario. Todos sus habitantes tienen una sola expresión, y por ende un propósito, excepto por Gene, un “meh” que además nació con la capacidad de adoptar múltiples gestos, algo que no está bien visto entre sus pares. Tras fracasar en su primer día de trabajo, y quedar en evidencia que se trata de una “falla”, el joven Meh busca la ayuda de un hacker para arreglar esta anomalía y poder ser “normal”. Ahí comienza la típica aventura por diferentes escenarios (léase apps), peligros que sortear, moralejas y la clásica epifanía de “lo importante es lo que somos y blah, blah, blah”.

Esto último no estaría tan mal, ya que es el núcleo de la mayoría de las películas animadas para los más chiquitos, el problema es el mensaje confuso que nos llega, casi siempre opacado por un sinfín de “chivos” (o sea, podían haber inventado sus propias aplicaciones con nombres divertidos, pero eligieron este product placement insoportable), más importantes que los propios protagonistas.  

Visualmente “Emoji” es una película correcta que fantasea por los recovecos de este universo digital, nada que no hayamos visto antes. Más injustificado es el uso de clásicos musicales de la década del ochenta (y dale con la “nostalgia” sin sentido), sobre todo si tenemos en cuenta que el teléfono en cuestión le pertenece a un adolescente que, créannos, no tiene la menor idea de qué o quién era Wham! Ok, si vio “Deadpool” (2016) se despabiló un poco.   

Sus referencias pop (algo que, al perecer, tampoco puede faltar) sólo sirven para recordarnos otros productos del estudio (¡hola Spider-Man!), y las similitudes con otras historias animadas se nos materializan en cada giro de la trama. No hay nada original en “Emoji: La Película”, muchos menos algo que funcione: ni el humor, ni el mensaje, ni siquiera la identificación con los personajes para lograr encajarnos todo ese merchandising que, seguramente, ahora está arrumbado en algún depósito de China.    

La cereza de este postre agrio es el doblaje que nos tocó en suerte, una desafortunada mezcla de acentos y modismos latinoamericanos (todavía no logro descifrar de qué país son los padres de Gene) que molestan mucho más que el irritante sonido de unos dientes rechinando o el de las uñas afiladas sobre un pizarrón.


“Emoji” es todo lo que está mal con el cine y, encima, está enfocado a los más chicos. Un público menos exigente que, tal vez, disfrute más de esta aventura, pero por mi parte jamás los expondría a semejante mamarracho cinematográfico. ¿Un comentario final? Muchos emojis de caquita.