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Ránking | Infancia bajo la lupa

10 cosas que viviste si eras un niño nerd en los '90

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Por: Cecilia Bona

No hay escapatoria: si creciste dos décadas atrás estas 10 situaciones fueron la base de tu vida.

Los años '90 tienen muy mala prensa en nuestro país. Es que a nivel político, económico y social ocurrió una trágica degradación que tuvo su punto cúlmine en 2001. Sin embargo, los niños que éramos entonces, no estábamos muy alt tanto de lo que empezaba a gestar. Para nosotros, los '90 tienen sabor a galletitas y Magic Kids, olor a papel de póster colorido e imágenes de celuloide en CGI. 

De todo eso hablamos en este top. Abriendo la puerta a la nostalgia, te damos la bienvenida y nos reencontramos en los comentarios. 

  • 10
    TE CAMBIÓ LA VIDA: Internet
    Cerrá los ojos. ¿Escuchás el marcado telefónico al que se le suman unos sonidos estrambóticos con mucho tiriiiiii tiiii y fssss shhh tuuuu? Esa es la melodía de tu infancia, si es que en 1995 tuviste a tu alrededor algún adulto con visión que instalara Internet en tu casa.

    Si fuiste niño en los ’90 (y tenías la suerte de contar con una PC hogareña), llegaste a conocer el mundo pre-Google. Lo primero que ocurrió en el país fue la venta de conexiones comerciales que insertó en la red mundial algunos clientes particulares y especialmente empresas. Según una investigación del diario Clarín, para 1996, la Argentina contaba con 45 mil usuarios y 500 firmas online. ¿De qué lado estabas vos?

    Lo revolucionario de Internet fue que dejó entreabierta la puerta a la curiosidad. Los más atentos veíamos www por todos lados y moríamos por visitar el sitio web de Disney, de nuestra banda favorita o de la empresa de medicina prepaga; cualquiera era una buena excusa para navegar. A partir de este invento, se introdujeron términos en nuestro vocabulario (navegar, dicho sea de paso), se cambió la manera de comunicar y se fueron borrando viejas metodologías hasta el momento inevitables (el fax, por ejemplo).

    Párrafo aparte merece la apertura de una cuenta de correo, o e-mail, como se decía por entonces. Proliferaron servicios de cuentas gratuitas y los niños elegíamos la que usaban todos nuestros amigos. A la hora de elegir un nombre, intentábamos resumir en pocos caracteres todo lo que nos gustaba. Surgieron los “k-po”, “lokita”, “matadé” o “azulyoro” todos unidos por medio de guiones bajos imposibles (nuestro primer CV tuvo, en muchos casos, esa dirección vergonzosa. ¿En qué estábamos pensando?). Las empresas usaban los e-mails para compartir información, archivos adjuntos y comunicaciones formales, mientras que nosotros nos pasábamos cadenas de chistes, presentaciones de Power Point y alguna que otra frase en letras de colores.

    Por suerte, Internet llegó para quedarse, crecimos con él, domina nuestra vida y navegamos por todas los sitios que se nos ocurran ya sin necesidad de escribir www.
  • 9
    TE PEGÓ: Maradona en USA 94
    “Yo no me drogué, no tomé ninguna sustancia para que FIFA me deje afuera de este mundial (…). No quiero dramatizar, pero creeme que me cortaron las piernas”, dijo Diego Maradona en 1994, cuando en medio del Mundial de fútbol que se jugaba en los Estados Unidos le saltó un doping positivo. La imagen no podía ser más triste. ¡Nuestro ídolo, el de la mano de Dios que nuestro tío soltero no paraba de relatar, no iba a jugar más! ¡Injusticia!

    No sabemos cuántos niños estaban seguros de lo que significaba “doping positivo” (N. de la R: hay pruebas de conspiración en contra del 10 argentino que pueden leer con sumo detalle en el libro "El último Maradona"), pero de lo que muchos estábamos convencidos era que el crack de la Selección era todo menos un villano. Su figura era un póster en nuestro cuarto, un muñequito plástico en nuestra mesa de luz, un alfajor en nuestro bolsillo (los “Dieguito Maradona”) y una figurita esperada en nuestro álbum.

    Con tristeza tuvimos que aceptar la escena de la enfermera sacándolo del estadio como si fuera un perro sarnoso que se metió para molestar. Nos quedó el merchandising, por lo menos y un enorme deseo de volver a verlo en la selección. (De 2010 no hablemos, el lugar de “Maradó” es en un monumento).
  • 8
    COLECCIONABAS: Tazos
    Figuras circulares con olor a papas fritas. ¿Qué te parece esa definición para “tazos”? En la década del ’90, los plásticos redondos eran el último grito de la moda en el rubro “juguete escolar” (ocupado alguna vez por el diábolo, el Tiki-taka, las bolitas o las tolas).

    En general, los tazos venían en ediciones coleccionables en los snacks del recreo. Para darte cuenta si contenía o no una de estas figuras, las bolsas de papas fritas o chizitos tenían una banda negra que las cruzaba de arriba abajo. Ningún dibujo animado o éxito infantil se salvaba de ser convertido en círculo plástico. Looney toons, Pokemon, Power Rangers… todo servía. Entre franquicia y franquicia, la marca armaba series originales como los “armatazos” del propio tigre Chester, ícono de los cheetos, que servían para encastrar entre sí y formar cosas (no se nos ocurre una manera más elegante de decir que eran una pésima idea).

    Otra colección propia fueron los Asquitazos, revolucionarios por su forma cuadrada con grietas para formar cubos. Los Asquitazos mostraban personajes en poses o actitudes desagradables, reventándose granos, expulsando gusanos por la nariz, o llenos de moco, todo muy rico a la hora de comer. Existieron, también, las colecciones de tazos 3D que eran, en realidad, imágenes superpuestas que cambiaban al mover la figurita. Importante destacar que en nuestra infancia, nos divertíamos con muy poco.
  • 7
    QUERÍAS: Exclusivos de Cartán
    Perdonanos Fito, pero para este puesto te parafrasearemos: en lugar de “no hay merienda si no hay Capitán” cantaremos “no hay merienda si no hay Cartán”. Es que en los ’90 cada vez que prendíamos la tele para ver nuestros programas favoritos, las publicidades de juguetes marca Cartán nos hacían acordar de todo lo que jamás tendríamos.

    El visor de diapositivas con personajes de Disney, las pistas de trenes, la muñeca con rollers y remera rosa y los soldaditos en miniatura, eran algunos de los objetos plásticos infantiles que el Magic y The Big Channel no paraban de mostrar. De hecho, The Big Channel había sido creado a principios de la década en asociación con la firma de juguetes, o sea que era casi más importante mostrártelos en las tandas que televisar los dibujos animados en sí.

    Como muestra, va esta publicidad rescatada de YouTube:
  • 6
    TENÍAS: Muñecos Truchos de los Caballeros del Zodíaco
    En la misma línea que el puesto anterior, insistimos: amábamos los juguetes. Todo lo que necesitábamos era dejar de llorar y convencer a nuestro adulto cercano más accesible de que sacara la billetera y abonara. Pero no era tan fácil con la serie de Caballeros del Zodíaco. Los muñecos posta posta venían en planchas de telgopor enormes con ranuras en donde entraban los segmentos metálicos de la armadura y costaban mucho dinero.

    Pero si no te los podían comprar, tenías una chance de completar la (otra) colección. Los truchos se compraban en cualquier kiosko, venían en simples bolsitas, eran de plástico y lo mejor para nuestro adulto cercano más accesible: eran baratos. No resistían la más mínima comparación, pero al menos te hacían sentir un rato del lado de los ganadores.
  • 5
    COLGABAS EN TU CUARTO: Los pósters de “El Ojo Mágico”
    En este puesto más que nunca el mundo se divide en dos: los que son capaces de ver las ilusiones ópticas del Ojo Mágico y los que no. El sistema, una especie de 3D primitivo denominado oficialmente estereograma, otorga la experiencia de estar frente a una imagen en apariencia inentendible (muy psicodélicas, por cierto), sumergirse en ella y lograr ver una figura en relieve. Durante la década del '90, el niño que lo conseguía adquiría Nivel Dios y tenía que explicarle a todos los demás cómo poner los ojos para que apareciera la tercera dimensión.

    La moda llegó a los hogares. Los adultos se compraban los libros y los mostraban en sus bibliotecas. Para los más pequeños, en cambio, el marketing había inventado pósters que se colgaban en tu cuarto, señal de que estabas del lado correcto del mundo.
  • 4
    LEÍAS: La colección de cómics de DC de Editorial Perfil
    En la primera mitad de la década del '90, la Editorial Perfil llegó a un acuerdo con DC para editar por primera vez en la Argentina los cómics protagonizados por la primera línea de superhéroes: Batman, Superman, Liga de la Justicia y Flash, que acá se conoció como Flushman para que no se confundiera con otra publicación.

    Los niños abrieron una grieta: para muchos estas historietas significaron un antes y un después en sus propias vidas y hasta se autodenominaron “Generación DC Perfil”. Las ediciones de tapa blanda contaban con los cómics, por supuesto, a los que se adosaban extrañas secciones. "Chismes y Comentarios", bajo la curaduría de Rafael de la Iglesia, incluía la historia de personajes de poca monta; "Perfiles" sumaba entrevistas a figuras que no estaban muy al tanto de lo que era una viñeta; y el inolvidable correo de lectores, donde Rascomix y el Profesor Wierdo respondían todo.

    A pesar de que la colección creció y sumó nuevas aventuras, la editorial dejó de imprimirla en 1995. Sin embargo, muchos ya habían sido picados por el bichito comiquero. La siembra estaba lista para la cosecha.
  • 3
    JUGABAS: Family Game
    La historia de las consolas en la Argentina no empezó en la década del '90 como muchos creen. En el top anterior dejamos en claro que los '80 también fueron tierra fértil para los videojuegos. Sin embargo, la medalla de oro a la popularidad de este tipo de entretenimiento se la ganó el Family Game, el equipo que emulaba a los Famicon y Nes creados por Nintendo.

    El Family te permitía jugar con casi cualquier juego nacido para las verdaderas consolas. Gracias a la imitación, los niños que crecimos hace 20 años conocimos a Mario Bross, a los supercampeones, a Megaman y a Donkey Kong. Fue ahí cuando la perdición golpeó nuestra puerta: cerró cuadernos y carpetas y abrió la mente a un mundo desconocido. Prácticamente todo era posible tocando los botones del joystick. Se abrieron localcitos de mala muerte con paredes tapiadas de cartuchos coloridos, se escribieron cientos de cartas a Papá Noel y a los Reyes para recibir el regalo más esperado, se armó una verdadera revolución...

    Como toda fiebre, en un momento baja. No tiene mucha gracia contar qué pasó teniendo en la mano "el diario del lunes". Cerca del final de la década, PlayStation puso un pie en nuestro país y empezó a competirle al Family frente a frente, algo que ya había intentado Sega con cierto éxito. De a poco la gloriosa imitación de Famicon y Nes pasó a juntar polvo en la repisa, sin que eso signifique que hayamos borrado nuestros recuerdos juntos. ¡Perdón por tan poco, Family!
  • 2
    VEÍAS EN LA TELE: The Big Channel / Magic Kids
    Un mundo sin Internet (porque no todos tuvieron acceso al servicio durante esta década) era un lugar donde no se podía elegir qué ver ni cuándo. Crecimos así (por eso hacemos comentarios de abuela del tipo "mirá cómo manejan el celular los bebés de hoy en día") y eso significaba que nuestra gran tarea en la vida era encontrar un canal de TV que sintetizara nuestros deseos y gustos para mirarlo sin descanso.

    Ese lugar lo supieron ocupar muy bien las dos señales locales de cable más recordadas por todos: The Big Channel y Magic Kids. No es la primera vez que les rendimos homenaje, porque de ellas dependieron nuestros desayunos pre-escuela, nuestras meriendas, nuestras tardes después de hacer los deberes... Mirábamos todo: desde los formatos con conductores ("A jugar con Hugo", "El club del animé", "Nivel X" y "La hora de la leche"), la publicidad (hola de nuevo, Cartán) y los dibujitos cada media hora.

    Seguramente, mucho de lo que somos hoy se lo debemos a estos canales. Nuestra nostalgia, sí, pero más bien toda nuestra identidad nerd. ¿Lo habían pensado?
  • 1
    VEÍAS EN EL CINE: Terminator 2
    Ni bien comenzó la década, Hollywood se puso las pilas y estrenó la segunda parte de Terminator, la película que había sido furor en 1984. Otra vez de la mano de James Cameron, la trama retomaba la historia de Sarah Connor (Linda Hamilton), su hijo John y la revolución de las máquinas. En este caso, el exterminador interpretado por el gran Arnold Schwarzenegger se dedicaba a proteger al niño, constantemente acechado por el T-1000.

    Si el film enloqueció a jóvenes y adultos, no podemos ni describir cómo nos dejó a los niños noventosos (si tus viejos te habían permitido verla, claro). Terminator 2 ostenta ser la primera peli que uso CGI, y eso explica en gran parte por qué nos hizo flashear. Los colores, los diálogos, las armas, ¡el final!... todo era objeto de nuestro concienzudo análisis. Si hubiera estado a nuestro alcance, hubiéramos proyectado este material en continuado para disfrutarlo en pantalla gigante.

    Lo mejor de Terminator 2 es que envejeció de lujo. Todavía nos pone la piel de gallina, aún esperamos que Arnold no se derrita, nos emocionamos con las escenas de acción y creemos que la persecución moto versus camión es posible. Merecidísimo puesto número 1.

1. TE CAMBIÓ LA VIDA: Internet

Cerrá los ojos. ¿Escuchás el marcado telefónico al que se le suman unos sonidos estrambóticos con mucho tiriiiiii tiiii y fssss shhh tuuuu? Esa es la melodía de tu infancia, si es que en 1995 tuviste a tu alrededor algún adulto con visión que instalara Internet en tu casa. Si fuiste niño en los ’90 (y tenías la suerte de contar con una PC hogareña), llegaste a conocer el mundo pre-Google. Lo primero que ocurrió en el país fue la venta de conexiones comerciales que insertó en la red mundial algunos clientes particulares y especialmente empresas. Según una investigación del diario Clarín, para 1996, la Argentina contaba con 45 mil usuarios y 500 firmas online. ¿De qué lado estabas vos? Lo revolucionario de Internet fue que dejó entreabierta la puerta a la curiosidad. Los más atentos veíamos www por todos lados y moríamos por visitar el sitio web de Disney, de nuestra banda favorita o de la empresa de medicina prepaga; cualquiera era una buena excusa para navegar. A partir de este invento, se introdujeron términos en nuestro vocabulario (navegar, dicho sea de paso), se cambió la manera de comunicar y se fueron borrando viejas metodologías hasta el momento inevitables (el fax, por ejemplo). Párrafo aparte merece la apertura de una cuenta de correo, o e-mail, como se decía por entonces. Proliferaron servicios de cuentas gratuitas y los niños elegíamos la que usaban todos nuestros amigos. A la hora de elegir un nombre, intentábamos resumir en pocos caracteres todo lo que nos gustaba. Surgieron los “k-po”, “lokita”, “matadé” o “azulyoro” todos unidos por medio de guiones bajos imposibles (nuestro primer CV tuvo, en muchos casos, esa dirección vergonzosa. ¿En qué estábamos pensando?). Las empresas usaban los e-mails para compartir información, archivos adjuntos y comunicaciones formales, mientras que nosotros nos pasábamos cadenas de chistes, presentaciones de Power Point y alguna que otra frase en letras de colores. Por suerte, Internet llegó para quedarse, crecimos con él, domina nuestra vida y navegamos por todas los sitios que se nos ocurran ya sin necesidad de escribir www.
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