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Analisis | Lo que la reina dice

ANÁLISIS: Game of Thrones S07E03 (SPOILERS)

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Por: Ignacio Esains

Cersei regresa con gloria en un capítulo torpe, lento, pero con grandes momentos.

A pesar de que esta séptima temporada tuvo un inicio admirable en lo que respecta al ritmo narrativo, hay baches imposibles de negar en la caracterización de los personajes. Cersei y Daenerys se han vuelto casi irreconocibles, pasando de ser dos personajes impulsados por sus caprichos y berrinches a dos reinas frías como témpanos, motivadas por las necesidades del capítulo de la semana más que por el desarrollo lógico de lo que se planteo en las temporadas anteriores.

Después de dos capítulos en los que nuestras reinas movieron sus fichas, era hora de que muestren el corazón (o al menos, las garras). Una lo hizo, la otra no.

Empezamos con la llegada de Jon y Davos a Rocadragón. Son unos 2000 kilómetros desde Invernalia hasta allá, pero bueno, si ya aceptamos que los cuervos viajan a la velocidad de la luz, ¿por qué un botecito no viajaría a la del sonido? La corte de Daenerys decide recibir a Jon rodeado de Dothraki e Inmaculados - no tiene ningún interés en hacerlo sentir cómodo, como quería hacer Tyrion con los nobles de Desembarco del Rey.

Como en el capítulo pasado, me molestan los comentarios desubicados, que jamás harían ciertos personajes en esta compañía ¿qué hace Davos, por ejemplo, haciendo un chiste simpático sobre la batalla de Aguasnegras, que clamó la vida de su propio hijo? Los norteños entregan sus armas a los soldados de Daenerys sin mucha discusión, pero es una señal más de que este encuentro no será una negociación entre iguales.

Tyrion aclara a Jon una vez más que no consumó su matrimonio con su hermana (otro comentario que parece ir en contra de los esfuerzos de Dany por mantener las distancias con los visitantes, que se extienden hasta a mandar a un dragón a visitar en el momento justo). Toda la conversación entre Jon y Tyrion parece extraña, como un guiño a los espectadores más que una interacción real entre dos personajes que tienen agendas distintas. Cada palabra de Tyrion parece apuntada a socavar cada demostración de poder de su reina… algo que no estaría mal si la serie reconociera que es lo que Tyrion está haciendo, pero hasta ahora no lo hemos visto dudar de Dany, y escenas posteriores no hacen más que reforzar su devoción.

Aunque las motivaciones de los protagonistas sigan en duda, los movimientos de los personajes secundarios se hacen más interesantes, con una escenita magistral en los riscos de Rocadragón. Las dudas de Varys se plantearon en el segundo capítulo, y ahora se enfrenta directamente a Melisandre, en una escena que recuerda múltiples conversaciones en los pasillos de Desembarco del Rey. Como se sugería en la temporada anterior, la Mujer Roja lamenta haber mandado matar a Shireen Baratheon, lo que da pie a Varys para amenazar su vida de forma indirecta, pero Melisandre le da vuelta la tortilla con una inquietante predicción: ella partirá a Volantis pero morirá en Poniente - y él también.

Cada visita al castillo de Rocadragón nos recuerda por qué otras series de fantasía no pueden ni acercarse a esta. Hubiera sido fácil hacer que Dany restaure la fortaleza a su antigua gloria, pero parece casi disfrutar de sus espacios enormes, gélidos, despojados… ¿para qué necesitaría luz un ser hecho de fuego? No hay decoraciones ni ostentación en la morada Targaryen, nada distrae de los pisos y puertas que evocan las escamas de dragón, del poder puro e innegable que la reina tiene al alcance de sus manos.

La mirada de hartazgo de Tyrion mientras Missandei lista los títulos de Daenerys indica lo que sospechábamos en la escena anterior: esta no es la reina que lo conquistó en Essos, la liberadora compasiva que buscaba un equilibrio entre el miedo y el amor de su pueblo. Davos presenta a Jon Snow como Rey en el Norte, y punto. El “Caballero de la Cebolla” no tiene mucha paciencia para títulos nobiliarios, y le roba una sonrisa fugaz a Tyrion. Otra señal de un posible cambio de bando a futuro.

Pero para Daenerys los títulos, responsabilidades y juramentos de su cargo no son una broma. Ella está buscando recuperar algo que considera suyo, y la historia está de su lado. Los Stark juraron lealtad eterna a los Targaryen, y ninguna otra actitud de Jon Snow será tolerada, por más “Rey en el Norte” que crea que es. Sin embargo, Jon no se arrodilla frente a Daenerys, recordando que el último Targaryen en el trono quemó a los Stark de ese entonces, algo que (aunque no lo diga literalmente la constitución de Poniente) los liberaría de cualquier juramento. Daenerys admite que su padre era un tipo jodido, pide perdón a Jon por las acciones del “Rey Loco” y apela a la lealtad del Norte para restaurar la paz y prosperidad de la época en la que los Targaryen ocupaban el trono y los Stark eran Guardianes de sus respectivos ranchos.

Pero Jon no dobla la rodilla.

¿Por qué? ¿Qué sentido tiene? Jon Snow nunca ha querido poder, en toda su vida. Su único interés es defender al Norte del ejército de los Muertos que está a punto de llegar al Muro. Daenerys tiene a los dragones, tiene el vidriagón, y tiene dos ejércitos (o cuatro, ya que como Varys nos confirmará después, los soldados Martell y Tyrell nunca subieron a la flota de Yara)... ¿por qué Jon se pone a negociar? ¿qué le importa una alianza temporal?

Jon adivinó las razones por las que Daenerys no tomó Desembarco del Rey, y parece creer que algo en común tiene con la reina. Por lo tanto explica pacientemente (con un par de metáforas muy mal elegidas) lo que nosotros sabemos desde el minuto uno del capítulo uno: un ejército de Caminantes Blancos amenaza con destruir el mundo conocido. Tiene sentido que Daenerys no tenga idea de cuál es el verdadero peligro, pero es agotador tener que ver a un personaje más explicar algo que para el espectador es elemental. Y por supuesto, Dany no tiene interés en esta locura de Jon ¿cómo esperaba el Rey en el Norte que saliera esta reunión? ¿en qué cabeza es una estrategia efectiva negarse a una alianza con la candidata más fuerte al Trono y proponerle otra, contra un enemigo que ni siquiera sabe que existe?

Daenerys prefiere ignorar por completo el tema de los muertitos, y harta de Jon, le recuerda que Robert Baratheon ordenó asesinarla en la cuna, así que quizás no haya sido una buena decisión tratar de hacerla sentir culpable por los crímenes del Rey Loco. 

El monólogo con el que la Madre de los Dragones explica calmadamente al tarado (perdón) de Jon Snow por qué ella va a ser la reina también nos deja claro que algo pasó entre la Dany compasiva de la sexta y la conquistadora de la séptima. Es una buena ocasión para revisitar esas imágenes de la llegada a Rocadragón, y buscar cuándo se despertó ese dragón enajenado y paranoico que hoy parece poseer a nuestra reinita del corazón. Ni el discurso emocionante de Davos logra ablandarla, ni la sensatez de Tyrion logra a Jon cambiar de parecer… ¿por qué no se arrodilla? “¡No hay tiempo para eso!” exclama Jon, aclarando que todavía no confía en la reina. La reina a la que acaba de pedir que lo ayude a pelear contra una pandilla de zombis que él solito vio.

Si algo tenía de interesante esta escena, es que parecía eliminar cualquier posibilidad a futuro del “final rosa” en el que Jon y Dany se casan y conquistan Poniente juntos. No por lo que pasó en sí en las escenas, sino porque la tensión romántica/sexual es nula. Hasta en la primera negociación con Yara Greyjoy Dany tuvo más química.

Pero la reunión termina en la nada. Varys informa a la reina de la catástrofe marítima de los Greyjoy y las Sand (la expresión de Tyrion deja claro cuánto teme la ira de Daenerys), mientras uno de los barcos Greyjoy sobrevivientes rescata a Theon del océano, que miente (mal) sobre la forma en la que dejó que su hermana fuera capturada por su tío.

Euron llega a Desembarco del Rey como un héroe, llevando a sus prisioneras atadas y tirando besitos al público (ay) mientras los habitantes de esta ciudad hacen lo único que han hecho en toda la serie: escupir gente (sean Lannisters, Starks o Greyjoys) y tirarles lechuga ¿por qué lechuga? Siempre tiran lechuga.

Cersei promete a Euron casarse con él si se gana la guerra (que mal, porque algunos de los mejores capítulos de la serie han girado alrededor de bodas en Desembarco del Rey), victoria que Euron aprovecha para bardear un ratito a Jaime, con todo éxito. En estas breves escenitas los guionistas parecen haber encontrado por fin un equilibrio entre el pirata psicópata y el rockstar seductor que podría (por fin) darnos ese antagonista que necesitamos, al nivel de Ramsay y Joffrey.

Como aprendió la Septa Unella al final de la temporada anterior, la venganza de Cersei es brutal (y como también aprendimos en esa escena, es más fácil ver cómo se torturan culpables a tolerar el sufrimiento de inocentes), pero a pesar de que la escena tiene un final tan horroroso como el que esperábamos, en el dolor de la reina al hablar de Myrcella se ven destellos del personaje que creíamos perdido, una mujer consumida por su propia angustia, para la que no existe otro propósito que no sea la venganza. La gran ironía de Cersei Lannister es la de un personaje marcado por la tragedia, que a su vez reembolsa al destino con infinita crueldad ¿a quién puede sorprender que después de condenar a una madre a ver la descomposición de su hija, Cersei corra a los aposentos de Jaime? El amor y la muerte van de la mano (de bronce).

Esta Cersei vengativa, renovada, triunfante es la que se reúne con el enviado del Banco de Hierro de Braavos, que nota las similitudes (nunca más evidentes) con su padre Tywin Lannister. Cersei sabe exactamente qué decir para tener, al menos por ahora, al oro de su lado.

Y yo me pregunto, no sin un palpitar de culpa porque tengo muy claro quiénes son los buenos y los malos… ¿está mal querer que esta mujer gane la guerra? ¿está mal que nos pongamos del lado de personajes más interesantes que la repentinamente insana Dany y que Jon Snow, el peor estratega de los Siete Reinos, que parece estar a punto de recibir otra daga en el corazón?

Después de ese recreo fascinante en Desembarco del Rey volvemos a los acantilados de Rocadragón, con un Tyrion que parece estar considerando seriamente tirarse al mar. No están mal estos textos simpáticos del Lannister más ganador, pero ¿por qué habla del ataque Greyjoy si Daenerys expresamente quiso que Jon no se entere? Es raro que Jon entienda por qué no le creen y aún así no busque hacer lo posible para ganarse sus aliados. Y también es raro que nosotros ya no veamos a la Daenerys de la que Tyrion habla con devoción (a pesar de que a cada paso está saboteando su autoridad).

Es más: en la reunión posterior entre Tyrion y Daenerys parece extraño que la reina vuelva a depositar su fe en su Mano, considerando que él mismo admite que fue una pésima decisión enviar la flota a Dorne.

Y ahí tenemos una escena más con Jon y Dany, y, y… ay, no. En esa discusión medio adorable están las semillas del romance que alguna vez nos tratarán de vender. Horrible, falso, artificial. Por algo es que Daario, Ygritte, y Jorah manejaban la pasión en escenas anteriores. Clarke y Harington son actores efectivos dentro de un rango muy limitado, y la comedia romántica no es parte de ese rango. Las miradas, los tonos, las reacciones. Horrible, todo horrible.

Y lo peor es que en esa escena Dany pasa de declarar al Norte en rebelión a darle armas, hombres y recursos al rebelde, sin más garantías que la fe de un hombre que acaba de mandar al muere a una flota entera. Dany es un personaje distinto en cada escena. Jon sigue sin hacer nada para ganarse el protagonismo de la serie. 

Mientras Jon literalmente come vidrio, Sansa se preocupa por las reservas de Invernalia. Conociendo la serie, este tipo de sensatez es señal de que algo siniestro se cuece en el corazón de la reina (interina) del Norte. Y a pesar de la musiquita ominosa, los consejos de Meñique son bastante inteligentes. CLARAMENTE estos dos talentosos estadistas serán los villanos de esta temporada. En Game of Thrones no hay nada más sospechoso que preocuparse por el bienestar del pueblo.

Bran llega a Invernalia, más creepy que nunca, diciendo que nunca podría ocupar su rol como último Stark hombre, heredero legítimo del apellido, ya que es el "cuervo de tres ojos". Y se entiende que después de seis temporadas dando vueltas por el Norte sin entender nada Bran quiera hincharle un poco las pelotas a su familia haciéndose el misterioso, aunque por ahí recordarle a Sansa lo linda que estaba en la noche en la que fue violada no sea 100% copado. Mal ahí, Bran.

Para los morbosos que queríamos ver más cicatrices y pus, mala suerte: Jorah está curado, y Sam tendrá que pagar su afrenta al archimaestre… que resulta tener un poco de mejor onda que otros vejetes de Poniente. Quizás demasiada. Jim Broadbent es fantástico, pero su presencia se siente más Harry Potter que Game of Thrones.

Daenerys se olvida de Jon Snow por un rato para armar su estrategia. Su propuesta (inteligente) es ir con sus dragones a quemar vivo a Euron. Por supuesto, su equipo de brillantes consejeros le dice que es demasiado riesgoso. Es como esos videojuegos en los que uno acumula granadas, pociones, y hechizos, los guarda para un “momento especial” y finalmente termina el último nivel sin usarlos. Con la diferencia de que Dany sigue perdiendo.

Porque Roca Casterly parece ser el primer triunfo, donde los Inmaculados ganan casi sin problemas gracias a la entrada secreta que Tyrion les provee… y a que medio ejército Lannister está conquistando Altojardín, casa ancestral de los Tyrell. Mientras la flota de Euron (que Daenerys, recordemos, decidió no quemar vivo) deja varados a los Inmaculados de Gusano Gris.

Con el ejército Tyrell (¿que no había salvado las papas de los Lannister en Aguasnegras?) derrotado, Jaime alcanza los aposentos de Olenna y la toma prisionera. Por alguna razón, aunque el plan de Cersei es bastante claro, Jaime y Olenna lo explican todo de nuevo, casi haciendo un dibujito mientras hablan. Y no sólo explican las batallas, sino que también hacen obvio (y por lo tanto, menos elegante) aspectos sobre la relación de Jaime y Cersei que vimos expresados en escenas anteriores ¿qué necesidad de explicarlo todo, borrar la ambigüedad de grandes momentos?

Olenna Tyrell se guarda su último acto de venganza para el final, y luego de que Jaime le demuestre piedad al dejarla morir envenenada (y no de las formas creativas que Cersei sugirió), la dama confiesa que fue ella la que envenenó a su hijo Joffrey. Es una lección dura para Jaime, más aún después de admitir que hasta él considera cruel a su propia hermana. Y esta lección además revela un cinismo del que Game of Thrones parecía haberse curado en la temporada anterior: el que dice que en Poniente no hay piedad que no sea castigada. Esperemos que Jon y Dany aprendan esto antes de que la guerra los consuma del todo, porque lo único peor que ser "la reina de las cenizas" es ser... cenizas.

Más allá de que lo que se dice no me convenza del todo, es un final efectivo que junto a las excelentes escenas en Desembarco del Rey, eleva a un capítulo flojo, que no sólo tiene graves problemas para explicar las motivaciones de sus protagonistas, sino que, recordando a la pésima, nihilista quinta temporada, casi obliga al espectador a ponerse del lado de los monstruos.