Publicado el

Analisis | De lo que están hechos los sueños

ANÁLISIS: The Last Tycoon S01E01: Pilot (Spoilers)

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Amazon sigue apostando a las grandes series y esta vez se mete de lleno con el séptimo arte.

Amazon Studios le sigue apostando a su producción de pilotos televisivos de 2016, y ahora le da el visto bueno a “The Last Tycoon”, un drama de época creado por Billy Ray –productor, guionista y director, responsable entre otras cosas de la remake yanqui de “El Secreto de sus Ojos”- que se mete con el Hollywood de los años treinta, en plena Depresión y creación de los sindicatos, y cuando Alemania todavía no era un enemigo a vencer.

Adaptada de “The love of the last tycoon”, una novela inconclusa de F. Scott Fitzgerald publicada póstumamente en 1941, la serie de nueve episodios se centra en Monroe Stahr (Matt Bomer) –libremente basado en la figura de Irving Thalberg-, un joven productor que debe defender sus proyectos (y sus principios) frente a su jefe Pat Brady (Kelsey Grammer), dueño de Brady Pictures.

Ray se despacha con un primer capítulo lleno de glamour hollywoodense, adornado del sueño americano que se está desintegrando de a poco más allá de las paredes del estudio, donde se empiezan a concentrar los desempleados, y todos aquellos golpeados por las consecuencias de la crisis de 1929. El público estadounidense todavía encuentra consuelo en el entretenimiento de las salas de cine, y ahí es donde entra la sagacidad de hombres como Brady, que intentan darle a la audiencia lo que “necesita” y sacar todo el provecho que pueda de ello.

En Europa, Hitler comienza a ganar terreno y a imponer sus leyes antisemitas. Leyes que no afectan a Estados Unidos directamente, pero como Alemania en uno de los mercados internacionales más grandes con los que cuanta, la censura y los reparos se hacen notar a la hora de pergeñar nuevas historias.

Ahí es donde empiezan los tires y aflojes entre Brady y Stahr, quien quiere llevar a la pantalla la historia de su esposa Minna Davis, una de las actrices más exitosas de todos los tiempos –una pobre inmigrante irlandesa que logró el estrellato-, fallecida dos años atrás. Los alemanes presionan por cambios en el guión (tampoco les gustan las irlandesas pobres que se casaron con judíos), y proyecto llega a su fin tras los primeros días de filmación generando varios conflictos personales para Monroe.

Pero “The Last Tycoon” no se queda sólo con el detrás de bambalinas de la industria del séptimo arte. Juega con las apariencias (las de sus personajes y la de este mundo perfecto que no lo es tan), los sueños rotos, las aspiraciones y un poquito de romance en un universo tan ficticio como los decorados de sus películas.

Las relaciones poco y nada tienen que ver con el amor, y sí bastante con el poder y alguna que otra obsesión; algo que vamos develando a medida que avanza este primer episodio, y más aún cuando los protagonistas se van quitando sus máscaras dejando entrever sus verdaderas intenciones.    

Ese mundo de frivolidades que tanto destaca Fitzgerald en “El Gran Gatsby”, acá pasa a un segundo plano, pero igual se contrapone con la verdadera cara de América (la de la Depresión) que, ahora, empieza a llegar a la Costa Oeste.

El foco principal sigue estando en el funcionamiento de los grandes estudios de la época, y en cómo las diferentes ramas de la producción empiezan a tratar de hacer valer sus derechos, el “arte” por encima de la industria y la taquilla, algo que no cambió demasiado en las últimas ocho décadas.

Tras su drama, romance y reconstrucción histórica “The Last Tycoon” también esconde un entramado inquietante, más oscuro y perverso, que encubren los diferentes personajes, algunas veces con más éxito que otras. Bomer es el chico soñado, un viudo quebrado y anhelado por todas las mujeres, inteligente y perspicaz, con  varias culpas sobre los hombros. Mientras que Grammer juega el papel de “villano”, ese ejecutivo sin alma que se rige por los negocios pero que, al fin y al cabo, es un personaje más honesto y directo a la hora de mostrarnos sus verdaderas intenciones; además de lidiar con una hija (Lily Collins) que quiere abandonar los estudios y hacerse su propio lugar en Hollywood.

Una propuesta interesante que muestra la cara menos glamorosa de la industria, sus tramas más políticas y el estrellado sueño americano que, justamente, forma parte del argumento de tantísimas películas.