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Analisis | Viejos son los trapos

ANÁLISIS: Cars 3

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Por: Jessica Blady

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El Rayo McQueen está de vuelta, pero lo quieren jubilar y eso, no está en sus planes.

No hay que ser muy sesudo para descubrir que “Cars” es la franquicia menos atractiva de Pixar. También la menos exitosa en la taquilla, pero los números son muy diferentes cuando se trata de merchandising y los gustos de los pequeñines. Esta es una de las razones principales del regreso del Rayo McQueen (voz de Owen Wilson) a las pistas, y el hecho de que su historia necesitaba un cierre, y un poquito de redención tras el fiasco de la segunda entrega (la única película del estudio vapuleada por la crítica).

“Cars 3” (2017) vuelve a las fuentes y rescata lo mejor de aquella primera aventura rutera de 2006, enfocándose en una historia 100% deportiva que, en seguida, nos remite a lo mejor de Rocky Balboa. ¿Lo que?

Olvidémonos de “Cars 2” (2011) y supongamos que esta historia se conecta directamente con la original. Rayo siguió su ascendente carrera en los circuitos, acumulando victorias y disfrutando del deporte con sus compañeros de pista. Esta fraternidad entre “veteranos” pronto se ve invadida por jóvenes novatos, modelos temerarios de última generación que no corren tanto por el placer, y que nos recuerdan mucho a ese engreído McQueen que sólo anhelaba la Copa Pistón. Entre ellos está Jackson Storm (Armie Hammer), el nuevo ídolo del deporte, y detrás de él una larga hilera de jóvenes talentos que llegan para desplazar a las viejas glorias.

Rayo ve como sus amigos se van retirando, pero él no piensa dar el brazo (o la rueda) a torcer. En cambio va a cambiar de actitud y tratar de reinventarse a sí mismo para pelearla de igual a igual con estos muchachitos que quieren comerse al mundo.

Sus viejos y queridos patrocinadores ya no pueden darle lo que necesita, por eso Rust-eze pasa a manos de un magnate (y fan de McQueen) que tiene a su disposición el centro de entrenamiento más copado y tecnológico que existe. Cruz Ramirez (Cristela Alonzo) es la joven motivadora que tiene a su cargo el nuevo entrenamiento del colorado, una autito entusiasta que alguna vez soñó en ser corredora.

“Cars 3” se destaca por sus temas más “maduros”, ligados a la vida útil de los deportistas y lo que hay más allá de la fama. Una historia que se balancea entre el vértigo de las pistas (ya no se puede creer esta reconstrucción visual) y la calma de las rutas norteamericanas. Está en el Rayo decidir sobre su propio destino, aunque primero debe encontrar las verdaderas motivaciones.

La figura (y el recuerdo) de Doc Hudson (Paul Newman), mentor de McQueen, juega un papel importantísimo en esta historia, pero “Cars 3” trae también una novedad que se viene dando en el cine en general y que Pixar esquiva desde hace rato: la presencia de grandes personajes femeninos. Sí, la compañía de la lamparita los tiene a montones, aunque siempre en un segundo plano. Acá, hay protagonismo y cierta visión “feminista”, tal vez no como mensaje directo, pero sí en actitudes igualitarias que deben ser reparadas.     

Lo mejor de “Cars 3” es que tiene una buena historia para contar, no una maravilla llena de luces y colores, algo más simple y humano (sí, a pesar de que hablamos de autitos) con lo que nos podemos identificar.

Brian Fee es el director debutante y hace un grandísimo trabajo balanceando todos esos elementos que necesita un blockbuster, aunque decide bajar un cambio (cuak) para contar un relato más simple, aunque no menos espectacular cuando se trata de las pistas; un despliegue visual que las envidia de ESPN, o cualquier otro estudio animado.  

Pixar no deja que nos olvidemos que estamos ante vehículos antropomórficos, pero todo a su alrededor, sobre todo los paisajes, es tan realista que al cerebro le cuesta hilar estas dos cosas.  


“Cars” sigue estando al fondo de la lista y alejadísima de lo mejor de Pixar, pero esta tercera entrega se redime, rescata lo que más nos gustó de la primera, muestra protagonistas que fueron madurando y evolucionando, y suma temas y personajes muy necesarios para nuestros días, y para que los nenes y las nenas puedan reconocerse de igual a igual, en la pantalla y más allá de ella.