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Analisis | Negocios riesgosos

ANÁLISIS: Snowfall S01E01: Pilot (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Drogas, frivolidad y violencia en Los Ángeles de la década del ochenta.

La década del ochenta se está transformando en un subgénero televisivo en sí mismo, dándonos a entender que treinta años atrás había historias más interesantes para contar que los acontecimientos de hoy en día. Claro que la mirada es mucho más actual, incluso en productos aparentemente ingenuos como “GLOW”, o la nostalgia fantástica que nos regala “Stranger Things”.

John Singleton (“Boyz n the Hood”) vuelve un poco a su raíces con “Snowfall”, un drama criminal que acaba de estrenar su primera temporada en la cadena FX, y ya se aseguró la segunda. Estamos en Los Ángeles, verano de 1983, en los comienzos de lo que se conoció como la primera “epidemia del crack”, un hecho que impactó notablemente en la cultura de la ciudad.

Adil El Arbi y Bilall Fallah, directores de este piloto, nos introducen en los diferentes escenarios y personajes que, tarde o temprano e inevitablemente, van a terminar chocando y confluyendo, ya sea desde sus vidas cotidianas o sus “negocios”.

Tenemos al joven Franklin Saint, muchachito afroamericano de 19 años que, a pesar de haber recibido una buena educación más allá de la influencia del barrio, prefiere traficar con drogas, mientras mantiene las apariencias trabajando en una pequeña tienda. Pero Frankie quiere crecer en los negocios, y de la mano de los adinerados de la ciudad ve la oportunidad de expandir su territorio, animándose a otras sustancias y a cantidades mucho más grandes, una apuesta que traerá grandes beneficios, pero otro tipo de problemas.

Por otro lado está Gustavo "El Oso" Zapata, un luchador mexicano que, bajo la influencia del cartel, debe realizar otros trabajos non santos. Lucia Villanueva, hija de un capo de la mafia de ese país; y Teddy McDonald, un operativo de la CIA que, tras la muerte de un agente (Logan Miller) que manejaba su propio negocio de drogas con el propósito de financiar insurgentes extranjeros, decide encubrir este hecho accidental y hacerse cargo de la operación con el permiso de sus superiores.

Sí, resulta tan enquilombado como parece a simple vista: demasiadas situaciones y personajes en apenas 58 minutos. “Snowfall” no tiene caras archi conocidas y todo resulta un tanto confuso desde el primer momento, pero va cobrando sentido cuando baja un cambio y se concentra en cada protagonista. Acá, lo importante son los excesos y las frivolidades, tan propios de la época, que ya vimos reflejados en otras series como “División Miami” (Miami Vice, 1984-1990), aunque como ya dijimos, la mirada de Singleton y compañía es más analítica y ¿reprochable? visto a 35 años de distancia.

Acá no hay muchos juicios de valor, es el “cada uno hace lo que puede con lo que tiene”, en apariencia sin joder a nadie, aunque tampoco se contemplan las verdaderas consecuencias de los actos. Los ochenta son esa década de narcisismo social y materialismo que tan bien se ven plasmados desde los personajes y una impecable puesta en escena que nos transporta cual máquina del tiempo.   

Una historia atrapante, sólo para aquellos interesados en estos temas; bien filmada y actuada, aunque con la exageración propia de la época. “Snowfall” no suma mucho -al menos desde este primer episodio- a un año televisivo que ya nos trajo series increíbles que pueden hacer mucho más con muy poco. Hay diferentes puntos de vista, hay estereotipos y arquetipos para elegir, pero se siente como que ya lo vimos antes, tanto en el cine como en la TV.